Schiaparelli, el intento europeo por llegar a Marte

Desde los años sesenta se han enviado 45 misiones al Planeta Rojo. Sólo los norteamericanos han tenido éxito con cinco de sus naves.

AFP.

Hace 150 años, el italiano Giovanni Schiaparelli se asomaba a la superficie de Marte a través de un rudimentario telescopio. Trabajaba como ingeniero e historiador de la ciencia en este planeta, pero su tiempo libre se le iba estudiando estrellas, catalogando y nombrando formaciones geológicas del Planeta Rojo. Uno de sus trabajos más conocidos fue la descripción de una red de “canales” marcianos por los que creyó que podía correr agua.

Sus observaciones alimentaron la imaginación popular. Se especulaba que esos “canales” hacían parte de una red artificial de cursos de agua construidos por una civilización inteligente. Un completo sistema de riego diseñado por ingenieros marcianos. Aunque sobre la superficie marciana se ha comprobado que existen ciertas formaciones geológicas lineales, la mayoría de las observadas por Schiaparelli y sus colegas eran en realidad efectos ópticos producidos por imperfecciones en los lentes telescópicos de la época.

La ciencia quiso hacer algo de justicia a favor del laborioso Schiaparelli, que dedicó tantas horas de su vida a una ilusión óptica. Así que la Agencia Espacial Europea bautizó con su apellido el módulo que ayer intentó tocar la superficie marciana. Se suponía que antes de las 10 a.m. se sabría si la misión fue exitosa pero, primero un silencio de la señal, y luego otros inconvenientes, retrasaron la confirmación. Al cierre de esta edición aún no estaba claro qué había sucedido tras la difícil maniobra de aterrizaje.

No era una tarea fácil. El módulo, que viajó durante siete meses desde la Tierra hasta acercarse a la órbita de Marte, se encontraba a una altitud de 122,5 km y viajaba a una velocidad de 21.000 km/h. Cerca de las 8:00 a.m. inició su aproximación a la superficie marciana. Un escudo térmico lo protegía de los intensos flujos de calor provocados por la desaceleración aerodinámica.

De acuerdo al plan, a los 11 kilómetros de altitud, debía desplegar el paracaídas de 12 metros de diámetro para reducir su velocidad hasta los 1.650 km/h. Aún una velocidad vertiginosa, capaz de destruirlo. Un radioaltímetro y el sensor de velocidad Doppler le permitían calcular su posición con respecto al suelo. A 2 metros de la superficie se activaría un sistema de propulsión líquida para frenar a 7 km/h. Una velocidad tolerable para el golpe contra el suelo.

Desde principios de los años sesenta del siglo pasado se han enviado 45 misiones al Planeta Rojo. Hasta hoy, sólo los norteamericanos han logrado aterrizajes exitosos con cinco de sus naves. Así que la llegada del módulo Schiaparelli es una gran apuesta para los ingenieros aeroespaciales europeos y rusos.

Schiaparelli hace parte de ExoMars 2016, una misión conjunta de la Agencia Espacial Europea y la agencia espacial rusa Roscosmos, que comprende además el Satélite para el estudio de Gases Traza (TGO). El programa incluye una segunda misión en la que se tiene previsto enviar un vehículo de exploración que será lanzado en 2018.

Con ExoMars, los europeos y rusos buscarán signos de vida presente o pasada en Marte, investigarán variaciones del agua y el ambiente geoquímico. También pretenden estudiar los gases traza de la atmósfera de Marte y su procedencia.

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