Tabacaleras y petroleras compartieron científicos y publicistas

Desde la década de los cincuenta, ambas industrias han contratado los mismos investigadores para soportar sus argumentos.

La relación entre tabacaleras y petroleras empezó desde antes de 1950. / AP
La relación entre tabacaleras y petroleras empezó desde antes de 1950. / AP

El 8 de diciembre de 2015, mientras se llevaba a cabo la cumbre climática de París, la capital francesa amaneció inundada de carteles con los rostros de siete personas. Al mejor estilo de los anuncios que aparecían en las películas de vaqueros, llevaban un letrero rojo con las palabras “Se busca”. Quienes los habían pegado eran miembros de la ONG Avaaz. Quienes aparecían en las fotos eran lobistas de industrias petroleras y carboníferas que estaban en París para tratar de incidir en las decisiones finales.

Las acciones que han tomado algunas de esas compañías para hacer frente a realidades como el cambio climático ya han sido contadas en varias ocasiones. En octubre del año pasado, por ejemplo, el Partido Demócrata de EE. UU. le pidió al Departamento de Justicia que abriera una investigación contra la petrolera Exxon Mobil por negar la existencia del cambio climático durante décadas, pese a que contaba con información que demostraba lo contrario. Su comportamiento lo compararon con el de las tabacaleras, que por años negaron los efectos dañinos del tabaco, pese a saber sus consecuencias.

Pero ahora se sabe que esa comparación fue mucho más cierta de lo que algunos suponían. De acuerdo con los hallazgos del Centro Internacional de Ley Medioambiental (CIEL), con sede en Washington, esas dos industrias compartieron por décadas científicos y publicistas para darles sustento a sus argumentos.

Tras analizar documentos públicos de la Universidad de California, esta ONG encontró ejemplos contundentes: desde 1956, ambas contrataron a Hill & Knowlton Inc., una poderosa firma de publicidad neoyorquina. En 1962, General Motors Corp. y Standard Oil le pagaron al profesor de matemáticas Theodor Sterling para que hiciera estudios sobre la gasolina con plomo. Treinta años después, Sterling se volvió popular por sus investigaciones para la industria tabacalera. Philip Morris le pagó mas de US$200.000 en los años noventa.

Otro ejemplo que citan es la financiación que recibió por parte de las petroleras el Centro de Investigación de Stanford, hoy SRI International y separado de esa universidad. En 1946 analizó los gases tóxicos con fondos de ambas industrias. En las décadas de los sesenta y setenta cambió de tema (al cambio climático), pero no de fuente de financiación. Las tabacaleras, por su parte, le pidieron ayuda para crear kits de análisis para medir el humo.

“Una y otra vez encontramos que tanto las empresas de relaciones públicas como los investigadores trabajaron primero para las petroleras y luego para las tabacaleras”, dijo Carroll Muffett, presidente de CIEL, en un comunicado citado por el portal Scientific American. “Era como un pedigrí que las empresas tabacaleras reconocían y buscaban”.