Un tema poco estudiado en Colombia

Trips, los diminutos enemigos de la exportación de flores

Colombia es el segundo exportador de flores del mundo. Nueva Zelanda es uno de sus mayores compradores. Al notar la amenaza de una plaga como la de estos insectos, un grupo de expertos de ese país impulsan junto con la Universidad Nacional un plan para limpiar nuestras flores.

El primer artículo escrito en Colombia sobre trips se remonta a 1992. / Fotos: Atlas of Living Australia

Hace dos años una compañera de básquetbol llegó con una propuesta a su oficina de Ciencias Agrarias en la Universidad Nacional: “Profe, hagamos una investigación sobre cómo los insectos perciben el color”. Y desde ese momento, Helena Brochero sólo pudo pensar en trips, unos individuos diminutos que se alimentan de células vegetales y a los que les encanta vivir entre los pétalos de flores coloridas. Un gusto que les ha dado la peor de las famas, como una de las plagas que más dañan plantas en el mundo.

Esa reputación no es en vano. Brochero recordaba que a finales de los noventa, los trips eran señalados como los culpables de acabar con los gladiolos, los claveles y las dalias de Canadá. La misma sentencia les impusieron en Estados Unidos, pero con rosas y crisantemos. Incluso, sabía que la historia en Colombia no era tan distinta.

Así que empezó a leer lo poco que se ha escrito sobre trips a nivel nacional. El primer estudio lo encontró en su campus. Una investigación de 1992 que apenas denunciaba el vacío científico del tema. En cuatro páginas, dos expertos habían reportado la invasión de trips en la sabana de Bogotá, donde se produce el 85 % de las flores del país, y las pérdidas que estaban generado para los invernaderos y sus productores.

Son unas de las plagas más dañinas de plantas a nivel mundial. Crédito:  Atlas of Living Australia

La razón es que sus huellas son muy evidentes. Como succionan las células, hacen que los tallos se tuerzan, que los pétalos luzcan arañados, que sus colores pierdan intensidad y que, al final, parezcan manchados. Para entonces, el mercado internacional ya estaba castigando tales características y, con el fin de evitarlo, los cultivadores habían optado por eliminarlos con insecticida.

El plan no fue tan efectivo, teniendo en cuenta que los trips habitan lugares protegidos dentro de las flores y que algunas de sus poblaciones ya se han vuelto resistentes a los químicos.

Era ilógico para Brochero: después de dos décadas, el segundo país exportador mundial de flores no conseguía aún controlar individuos que miden menos de 5 milímetros. ¿Cuál era la razón?

“No sabemos casi nada de ellos. Lo único que conocemos es que tienen la mandíbula izquierda torcida, que el grupo evolutivo que los sigue son los chinches, que también pueden comer hongos o ser depredadores de otros individuos, como ácaros, y que prefieren unos colores a otros”, señaló la doctora en ciencias biológicas.

Lo curioso es que su preferencia por el color fue registrada en Colombia en 1993 con pocos detalles. En ese momento se dijo que los trips preferían las trampas amarillas o las azules. Pero ¿qué es el amarillo y qué es el azul para un insecto?

Esa fue la pregunta que le hizo Brochero a Google. Introdujo la palabra tisanóptero, nombre del orden al que pertenece el insecto, y por suerte encontró el Laboratorio de Ecología y Comportamiento de Insectos de Nueva Zelanda, los mayores expertos en el tema. Ese instituto, casualmente, estaba ubicado a una cuadra de la Universidad de Lincoln, donde Brochero había estudiado su doctorado años atrás.

Les escribió, tuvieron un par de intercambios de datos y luego llegó a su casa la invitación del director del laboratorio, Michael Rostas. Estaban interesados en ayudarle a Colombia. Finalmente, “somos sus segundos exportadores de flores y estamos llevándoles un tipo de plaga que nunca han tenido: los trips panamensis, endémicos de Ecuador, Panamá y Colombia”, cuenta la experta.

De esa manera se creó el proyecto “Integración de estímulos de búsqueda del huésped primario para optimizar la captura de insectos”, una unión de expertos convocada por Nueva Zelanda y en la que participan países como Alemania, Estados Unidos, Suiza y Holanda, con el fin de salvar las flores de Colombia.

La idea es entender cómo funcionan las poblaciones de trips en el país y cómo atacarlas de manera biológica. Hay líderes en visión, para aclarar el asunto de los colores, así como expertos en comportamientos de insectos, en psicología del color y en química ecológica. Todos alrededor de un país en medio del trópico, en el que ninguno de estos expertos confió hasta ver el Nobel de Paz de su presidente y al que, aún escépticos, piensan visitar. Quieren investigar sus flores y dedicarles tiempo a unos insectos que la ciencia en Colombia ha dejado a un lado.

 

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