Investigación en salud

Un proyecto de $1.700 millones de la Mincienciatón se suspendió

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Durante la convocatoria que hizo MinCiencias se aprobó un proyecto para investigar los efectos de la hidroxicloroquina para Covid-19 pero ya se sabe que el fármaco no sirve y además puede resultar peligroso.

El 25 de marzo MinCiencias anunció la apertura de una convocatoria relámpago para investigadores que tuvieran ideas relacionadas con la pandemia causada por el virus SARS-CoV-2. Mientras los colombianos recibían la orden de una cuarentena general y se refugiaban en sus casas asustados, muchos investigadores trasnochaban para cumplir con los requisitos y contribuir de alguna manera a cerrarle caminos al coronavirus. Otros prefirieron ignorar el llamado. El plazo para participar para ellos era una locura: 72 horas.

El 6 de abril MinCiencias reveló el listado de los 25 proyectos elegidos entre los que se repartió una bolsa de $26 mil millones. Las propuestas iban desde nanobiosensores para detectar el virus hasta un sistema de monitoreo remoto para pacientes con COVID-19. La convocatoria en tiempo récord fue aplaudida por unos y criticada por otros. Un reportaje de La Liga contra el Silencio recopiló las fricciones que desató en la comunidad académica.

Otros problemas esperaban en el camino. Uno de los proyectos elegidos, al que se le asignaron $1.700 millones tuvo que detenerse y se convirtió en un enredo jurídico. El proyecto titulado “efectividad del uso de elementos de protección personal más hidroxicloroquina para la prevención de la transmisión de SARS-CoV-2 a trabajadores de la salud” fue presentado por la médica infectóloga Sandra Valderrama, de la Universidad Javeriana, en compañía de investigadores de otros centros educativos y hospitalarios.

El uso de hidroxicloroquina como tratamiento para el COVID-19 se convirtió en una mala novela casi desde el inicio de la pandemia. Primero por cuenta de un médico francés, Didier Raoult, que aseguraba que el viejo medicamento era una potente arma contra el virus. Un mensaje que magnificaron, sin ninguna evidencia científica seria, mandatarios como Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Dos semanas después de que MinCiencias revelara los ganadores de la convocatoria, el 21 de abril el Invima aprobó su uso pero con varias advertencias y restricciones: “La información presentada y la información disponible en publicaciones científicas de alto prestigio nacional e internacional en relación con la eficacia y seguridad de estos medicamentos no permiten establecer, ciertamente, el real balance beneficio/riesgo en pacientes hospitalizados por COVID-19. Inclusive, preocupan datos sobre seguridad cardiaca, electrolítica y metabólica en pacientes”. (Lea: Colombia aprueba la hidroxicloroquina para COVID-19, pero llena de dudas).

Poco a poco fueron apareciendo las pruebas que demostraban que el alboroto mundial desatado por Raoult carecía de verdadero sustento científico. El pasado 22 de mayo en la revista médica The Lancet un grupo de investigadores consideraron “ineficaces y hasta contraproducentes” el uso de la cloroquina y la hidroxicloroquina para combatir el COVID-19. La conclusión llegó después de evaluar 96.032 pacientes de 671 hospitales en seis continentes, que recibieron tratamiento con cloroquina e hidroxicloroquina a las 48 horas del diagnostico de COVID-19. Días más tarde la Organización Mundial de la Salud anunció que suspendía otro experimento bajo la sombrilla del programa “Solidaridad” con el que se pretendía evaluar la utilidad de la hidroxicloroquina. (Lea: OMS suspende temporalmente los ensayos clínicos de hidroxicloroquina por seguridad).

La historia de la hidroxicloroquina dio un giro pues el estudio en mención fue criticado por diversos grupos y los autores se retractaron el 4 de junio. Pero para esa fecha otro trabajo dirigido por David R. Boulware, en el que se reclutaron 821 pacientes, concluyó que “después de una exposición de alto riesgo o riesgo moderado a Covid-19, la hidroxicloroquina no previno una enfermedad compatible con Covid-19 o una infección confirmada cuando se usó como profilaxis posterior a la exposición dentro de los 4 días posteriores a la exposición”. (Lea: Estudios sobre la hidroxicloroquina algo dicen de como funciona la ciencia)

La infectóloga Sandra Valderrama, directora de la investigación que ganó la convocatoria de MinCiencias, dice que tuvieron que hacer un alto en el camino ante esos hallazgos. “Esto se presentó al comité de investigación y ética de la universidad y decidimos detener el proyecto”. MinCiencias ya había desembolsado el dinero que según la investigadora no ha sido usado.

“Hace dos meses no teníamos toda la información de ahora. Con la información de que la hidroxiclooroquina parecía no ser efectiva y adicionalmente tener riesgo empezamos a buscar otras alternativas para cambiar esa intervención”, explica Valderrama, “hace más de un mes lo comuniqué. MinCiencias estuvo de acuerdo. El proyecto lo volvimos a escribir. Tiene la aprobación de la universidad y del comité científico de MinCiencias. Estoy haciendo la solicitud para hacer modificación del contrato usando un medicamento diferente”.

¿Por qué se decidió apostar por un ensayo clínico sobre hidroxicloroquina cuando en el mundo ya estaban avanzando proyectos grandes? “Había grupos grandes trabajando en tratamiento no en prevención”, responde Valderrama, “son cosas diferentes”. También argumenta que aunque existan otros trabajos al final de cuentas en medicina lo importante es sumar evidencia para tener conclusiones más confiables. “Los resultados de muchos trabajos se pueden unir y metanalizar lo que genera mejor evidencia que los proyectos por separado”, dice.

No sólo el grupo de investigación de Valderrama se ha visto envuelto en este dilema. Para el 1 de junio de 2020, en la página ClinicalTrials.gov donde se inscriben buena parte de los experimentos que están llevándose a cabo en el mundo, aparecían registrados 203 ensayos extraordinarios de Covid-19 con hidroxicloroquina, 60 de los cuales se centraron en la profilaxis.

En un editorial publicado en la revista The New England Journal of Medicine en el que se hace un recuento de los hallazgos sobre hidroxicloroquina el autor, Myron S. Cohen se pregunta: “¿Si la profilaxis postexposición con hidroxicloroquina no previene la infección sintomática por SARS-CoV-2 deberían continuar sin cambios otros ensayos de profilaxis postexposición con hidroxicloroquina? ¿Es necesario informar a los participantes de estos ensayos sobre estos resultados? ¿Los resultados de estos ensayos con respecto a la profilaxis posterior a la exposición afectan los ensayos de profilaxis previa a la exposición con hidroxicloroquina, algunos de los cuales son muy grandes?”.

Después de varias semanas de trámites y rediseñar todo el proyecto, Valderrama y su grupo han decidido apostar por otro medicamento en reemplazo de la hidroxicloroquina. Se trata de tenofovir emtricitabine, un fármaco usado en paciente con VIH por sus efectos antirretrovirales.

“En el mundo, y en particular en España, ha llamado la atención que personas que viven con VIH no hacen cuadros tan severos de Covid-19. La impresión de ellos es que se infectan menos. En una muestra de personas con VIH se observó que quienes toman este medicamento tuvieron menos probabilidad de infectarse con coronavirus que los que toman otros antivirales. Eso nos hace pensar que es una opción que tiene sustento básico como alternativa para ofrecer a los trabajadores como profilaxis”.

*Este artículo fue modificado para aclarar que el estudio sobre hidroxicloroquina publicado el 22 de mayo en The Lancet fue retirado por sus autores debido a fallas en la metodología, como lo hizo notar Oscar Lizarazo, profesor de la U. Nacional. Añadimos la referencia al trabajo que siguió a ese y concluyó que este fármaco no resultaba eficaz en la prevención del Covid-19.

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