Una de las teorías que niega el cambio climático está siendo derrotada

De acuerdo con algunos científicos, las nubes tienen un efecto que agrava el calentamiento global. Otros argumentan que es mitigador. ¿A quién creerle?

Un nuevo estudio se suma a la evidencia de que las nubes tienen un efecto amplificador del calentamiento globalWikimedia Commons

En 2014, científicos de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda analizaron 10 años de mediciones globales de nubes a gran altura a partir de un instrumento a bordo de la nave espacial Terra de la NASA que se llama Espectrorradiómetro multi—ángulo de imagen.

En el estudio que publicaron en la revista Geophyisical Research Letters se revela una tendencia en la disminución de la altura de las nubes, de 30 a 40 metros. Según la investigación, una reducción en la altura de las nubes permitiría a la Tierra enfriarse más eficientemente hacia el espacio, ralentizando los efectos del calentamiento global, pues el principal gas de efecto invernado no es el dióxido de carbono, sino el vapor de agua de las nubes. El estudio indica que las nubes podrían haber reaccionado al aumento de temperaturas reduciendo su altura media, lo que tiene un efecto de enfriamiento.

De entre muchos de los argumentos que climatólogos escépticos como Richard Lindzen han esgrimido, el de las nubes es uno de los más polémicos, pues hasta el momento, las conclusiones de los científicos dicen que actúan tanto como amplificadores del calentamiento global, como reductores (por ser blancas y reflectivas de la luz)

De acuerdo con un artículo de The Guardian, qué efecto gane depende del tipo de nube, y cómo se formarán esas nubes en un mundo cada vez más caluroso. Eso es difícil de predecir, así que muchos “escépticos” han argumentado que las nubes actuarán como un termostato para controlar los efectos del calentamiento global.

Sin embargo, nuevas investigaciones sugieren que, en todo caso, las nubes amplifican el calentamiento global.

Un nuevo estudio publicado en Nature por los científicos de la Universidad de Stanford, Patrick Brown y Ken Caldeira, descubrió que, hasta ahora, los modelos climáticos globales que mejor simulan el desequilibrio energético global de la Tierra tienden a predecir el calentamiento global más futuro. Estos resultados sugieren que la sensibilidad climática, una medida de temperatura para saber cómo responde la temperatura de un sistema ante un cambio asociado a la duplicación del dióxido de carbono en la atmósfera), es de 3.7°C. Es mucho más alto que la estimación previa, que es de 3.1°C. 

Según Brown, el estudio se concentra en responder una de las preguntas clave de la ciencia climática: ¿cuánto calentamiento global podemos esperar en caso de un incremento en la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero? Según él, hay entre 30 y 40 modelos modelos globales climáticos y todos proyectan distintas cantidades de calentamiento global en escenarios de aumento de GEI, pues aún no hay consenso en cómo modelar los muchos aspectos del sistema climático: “Para ser más específicos, si asumiéramos que los seres humanos continuaremos aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero sustancialmente a lo largo del siglo XXI, los modelos climáticos nos dicen que podemos esperar entre 3.2 ° C y 5.9 ° C del calentamiento global por encima de los niveles preindustriales en 2100".

En otras palabras, los científicos demostraron en la investigación “Greater future global warming inferred from Earth’s recent energy Budget” que el presupuesto energético de la tierra con respecto al cambio climático es mayor que lo que indican las proyecciones meteorológicas actuales. Y ¿por qué? Porque encontraron que el mayor factor de diferencia entre los modelos correctos e incorrectos radica en qué tant bien interpretaron los datos de cambios en las nubes. 

Aunque es solo un estudio, otros ya han llegado a conclusiones similares antes.

De acuerdo con la investigación de The Guardian, un estudio del año 2010 publicado en el Journal of Climate encontró que los modelos climáticos que simulaban mejor los cambios en la cobertura de nubes sobre el océano Pacífico, apuntan al efecto amplificador de las nubes. Otro estudio del mismo año de Andrew Dessler concluyó a través del análisis de imágenes satelitales que el efecto de las nubes podría ser amplificador del cambio climático a corto plazo, aunque a largo plazo sería diferente.

En 2012, una investigación publicada en la revista Science del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica (NCAR) de Estados Unidos encontró algo similar al estudio de Nature: los modelos de simulación de cambio climático que más correctamente predijeron los cambios de temperatura de los últimos años fueron los que observaron los cambios en las nubes (entre otras variables) y también son los menos optimistas con respecto al aumento de gases de efecto invernadero (GEI).

"Los tibios"

Los escépticos, por otro lado, no son mayoría. Solo 5 de 69.406 autores de artículos sobre cambio climático revisados por pares negaron el fenómeno, según una investigación del geólogo y escritor James Powell. Sin embargo, hay quienes tienen el poder suficiente para multiplicarse, como Donald Trump, que acaba de retirar el cambio climático de la Lista de Amenazas a su país.   

De acuerdo con The Guardian, el problema con los argumentos de los que contrarían el cambio climático, que en 2014 firmaron un manifiesto pidiendo no ser llamados escépticos sino “lukewarmers’, algo así como “Los tibios”, es que usan modelos de cambio climático y datos para argumentar que el clima de la Tierra es relativamente insensible al aumento del efecto invernadero (pero solo usan los modelos climáticos que arrojan resultados bajos). También, según el diario inglés, continúan usando hipótesis ya desacreditadas, como la del “iris”, del famoso científico Richard Lindzen, que explicaba que a medida que la atmósfera se calienta, el área cubierta por nubes se contraerá como el iris de un ojo para permitir que más calor escape al espacio, disminuyendo así el calentamiento global.

Aunque no hay conclusiones definitivas, la evidencia apunta a que las nubes tienen un efecto de ampliación, o al menos no de mitigación.

 

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