Unidades de aislamiento epidemiológico, otra duda sobre la Mincienciatón

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Un grupo de arquitectos de la U. de la Salle recibió del Ministerio de Ciencias $1.000 millones para crear una solución de aislamiento para pacientes con COVID-19. Ahora que sabemos mejor cómo se maneja la enfermedad, no está claro realmente para qué pueden servir.

La Mincienciatón fue la respuesta del recién creado Ministerio de Ciencias a la pandemia de SARS-CoV-2. En marzo del año pasado, en cuestión de pocos días y mientras crecía la angustia por lo que el virus podría provocar en el país, los funcionarios bajo la batuta de la ministra Mabel Torres se organizaron para lanzar una convocatoria a contrarreloj con el objetivo de identificar ideas y estrategias para afrontar la inminente crisis de salud pública. Los grupos contaron con 72 horas para enviar sus propuestas.

El Ministerio recibió más de 700 postulaciones, de las cuales eligieron 32 formuladas en conjunto por 75 grupos de investigación. La bolsa de dinero destinada para financiarlas ascendió a $26.000 millones. Las críticas tampoco tardaron mucho en aparecer: poco tiempo, opacidad al no conocerse quiénes eran los evaluadores, duplicidad de esfuerzos con otras iniciativas, dispersión de objetivos, así como dejar por fuera algunas prioridades de salud pública.

La ministra Mabel Torres describió la Mincienciatón como “la ciencia al servicio del país. Con esta iniciativa disruptiva logramos demostrar que las capacidades y el talento están en las regiones, y que el poder de la colaboración e innovación puede aportar una solución para la situación social”.

El paso de las semanas y meses ha ido dejando lecciones sobre los problemas del diseño de la Mincienciatón y los criterios con los que se seleccionaron los proyectos. En agosto, El Espectador contó el lío administrativo y jurídico en el que terminó metido el grupo de investigadores que prometió evaluar la utilidad de la hidroxicloroquina. Para el momento en que recibieron los $1.700 millones de respaldo del Minciencias ya estaba bastante claro, por aportes de grupos que se movieron mucho más rápido en el mundo, que ese fármaco no era útil para prevenir el COVID-19. A los investigadores no les quedó otra opción que salir a buscar otro medicamento para su ensayo clínico.

Hace un par de semanas, otro de los proyectos financiados por la Mincienciatón volvió a exhibir las debilidades de los criterios que definieron esa convocatoria. Se trata de las “unidades de aislamiento epidemiológico portátiles”. Un proyecto presentado por un grupo de la U. de la Salle que recibió cerca de $1.000 millones.

La ministra de Ciencia Mabel Torres, en compañía de otros funcionarios, viajó a Villavicencio para presentar estas cabinas modulares e inflables fabricadas con láminas transparentes de PVC y telas vinílicas. Las unidades producen 16 recambios de aire por hora y cuentan con adecuaciones para introducir sistemas eléctricos o mangueras. Los medios nacionales y regionales presentaron la noticia con pomposidad. El alcalde de Villavicencio, Harman Felipe, trinó con orgullo: “Somos la primera ciudad en el país con unidades de aislamiento epidemiológico portátiles para tratamiento de COVID-19”, mientras desde la cuenta oficial del Minciencias se anunciaba el logro: “Cada una de las 20 unidades de aislamiento epidemiológico portátiles, desarrolladas por la U. de la Salle y financiadas por nuestra estrategia Mincienciatón, tiene capacidad para atender a 16 pacientes con COVID-19”.

El problema, que no mencionó el alcalde, es que es difícil pensar en este momento en que estas unidades sean una solución para atender pacientes con COVID-19. Los protocolos de atención para estos pacientes no hablan de unidades de aislamiento. Mencionan, en cambio, la importancia de que el personal de salud utilice el equipo de protección personal (guantes, protección para los ojos, tapabocas y productos para higiene de las manos), controles de ingeniería en los centros de salud con la finalidad de disminuir la diseminación del virus y buena ventilación.

Silvana Zapata, epidemióloga y quien ha trabajado en modelos de adaptación de espacios y transporte para reducir el riesgo de COVID-19, cree que los domos de aislamiento perdieron su utilidad cuando se confirmó que la enfermedad se transmite por aerosoles y cobró más importancia garantizar la mayor ventilación posible. “Ahora se debe garantizar una ventilación cruzada, continua y distribuida”, explica.

En vista de que por ahora no se les ha encontrado utilidad a las unidades de aislamiento en el manejo de pacientes con COVID-19, se lanzó la idea de usarlos como centro de vacunación. Pero también surgen preguntas frente a este uso, pues el país se prepara para una vacunación masiva y el diseño de las unidades está circunscrito para pocos pacientes. Además, la recomendación universal es favorecer sitios mucho más ventilados. En varias partes del mundo se están haciendo vacunaciones en carros, tiendas de campaña, simplemente adecuando centros de salud y hasta iglesias como ocurrió en Inglaterra.

Álex Torres, director del grupo que diseñó las unidades, tiene un punto a favor de su esfuerzo y el de sus colegas: “Mi grupo de investigación tuvo la oportunidad de seguir avanzando gracias a la Mincienciatón. Eran ideas en letargo, sin financiamiento y quizá nunca lo hubieran tenido”. Por otra parte, dice que “uno de los grandes problemas del desarrollo de ciencia es la financiación. Tener recursos para experimentar, equivocarse y volver a probar. Si los recursos destinados a la atención de la pandemia podían ayudar a generar innovación en todos los niveles era un espacio que había que aprovechar, porque los retos eran grandes y los tiempos cortos. Me pareció una decisión interesante del nuevo Ministerio”.

Torres dice que como investigador, “si me doy cuenta de que las cosas están cambiando tengo que reflexionar cómo mi investigación se puede adaptar y resolver más problemas de los que se presentaron al principio. Por eso estamos abriendo el espectro de las aplicaciones que tendrían en el futuro estas unidades en lugares apartados”.

Ayer comenzó el proceso de vacunación en Villavicencio. Por ahora los vacunados, personal de salud de la ciudad, recibieron sus dosis en salas del Hospital Departamental, mientras se descubre un buen uso para las unidades de aislamiento que recibió la ciudad. Dicho de otra manera: ahora tienen una solución, pero tienen que buscar el problema.

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