Por: Columnista invitado
50 años de la llegada del ser humano a la Luna

¡Y el hombre caminó sobre la Luna!

Por: Raúl Joya Olarte*

El viaje a la Luna sirvió para informarle a millones de personas en el mundo que cosas extraordinarias se estaban realizando por otros individuos, que no eran dioses ni almas con dones especiales, como tampoco seres de otro planeta. En efecto, con este suceso, se confirmaba que astronautas viajaron hasta allá y caminaron sobre ese aparente “disco blanco” que en realidad es una esfera y tiene sombras denominadas mares por los antiguos... Se confirmó así la presencia del hombre en el único satélite natural de la Tierra llamado Luna.

En 1970 éramos casi cuatro mil millones de habitantes en el planeta. 600 millones de ellos pudieron seguir esta hazaña por televisión de pantalla en blanco y negro; otros tantos por radio o por la prensa escrita. No obstante, resulta increíble saber que, a pesar de estas cifras, para la mayor parte de la humanidad este hecho pasó inadvertido y, consecuentemente, propició y sentó las bases para que el mundo se transformara más rápido, gracias a los desarrollos tecnológicos en sistemas, computadoras, materiales, comunicaciones y más, todo lo cual nos permite tener y disfrutar lo que hoy tenemos y utilizamos como algo normal en nuestro diario vivir.

Pero para visualizar mejor esta aventura aeroespacial, basta exponer una alegoría. El deseo de trasladar un sofá de dos puestos, de un piso a otro, implica tener ayuda y un buen estado físico con algo de musculatura. Observar si este pasará fácilmente por la puerta, por los pasillos y levantarlo lo suficiente para no rayar el piso, será todo un desafío: así, estamos planeando y previendo el tiempo, el esfuerzo y la distancia para lograrlo. Un ejercicio similar de trasladar algo, pero involucrando más de 300.000 personas, significó el reto de ir a la Luna, con datos y estadísticas de mayores dimensiones: el peso a levantar era de 3.000 toneladas del cohete Saturno V; la distancia a recorrer de ida era de 385.000 kilómetros aproximadamente, esto es, 220 veces la distancia entre la ciudad de Leticia, capital del departamento del Amazonas, a Riohacha, capital del departamento de La Guajira y se debería lograr que al bajarse allá, es decir, al alunizar, se realizara una caminata y se instalaran unos equipos para experimentos y luego retornar con muestras de material lunar… Lógicamente, se debía traer de regreso y con vida a los tres astronautas a cargo de la misión.

Ciencia y lógica fueron la clave para el éxito de este viaje interplanetario, y hoy, podemos decir con orgullo que los seres humanos “caminamos” sobre la Luna, pues allá llegaron representándonos Neil Armstrong y Buzz Aldrin en la misión Apolo 11, el 20 de julio de 1969, sin desconocer a Michael Collins, quien no caminó con ellos por estar en órbita alrededor de la Luna, esperándolos en el módulo de mando.

Días después, en la Tierra, miles de científicos del lado de la antigua Unión Soviética, dieron crédito a esta proeza, al verse superados en esa carrera espacial, que hoy sabemos era liderada anteriormente por ellos, pues colocaron en órbita el primer satélite artificial y lanzaron al espacio al primer hombre y a la primera mujer, entre otros hitos que también debemos destacar.

Hoy, 50 años después, aún hay personas que dudan de dicha travesía y hay quienes manifiestan, incluso, que nuestro planeta “es plano” y que no se asemeja a una esfera. De una u otra manera, la investigación humana continúa, no parará y seguirá buscando y desarrollando más cosas para su beneficio.

El desafío del presente es no dejarse ‘distraer’ ante la falta de información y divulgación, en todos los niveles, del poder del conocimiento. Nuestra supervivencia debe estar por encima del dominio de aquellos que solo van tras intereses particulares. No en vano, países como China e Israel, han destinado enormes recursos económicos

a sus equipos de científicos para realizar expediciones robóticas a la Luna, ya sea para preparar un nuevo alunizaje en un futuro cercano o para hacer experimentos que beneficien sus propios avances tecnológicos.

Por lo pronto, este enorme trabajo explorador seguirá siendo el mejor y más grande ejemplo de lo que la ciencia y la lógica pueden hacer en manos de un equipo humano que se apoya en su conocimiento e inteligencia para transformar este nuestro mundo. El asunto es seguir preguntándonos y cuestionándonos acerca de nuestra existencia y cómo mantener intactos nuestros valores fundamentales, más allá de razas, política o religiones.

*Ingeniero - Director Observatorio Astronómico, Universidad Sergio Arboleda.

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