¿Y si el próximo Einstein viene de África?

Para el Instituto Africano para las Ciencias Matemáticas, quizás el científico no habría ocupado el mismo lugar en la historia si no hubiese nacido en Europa. Por eso está desarrollando una iniciativa basada en oportunidades educativas para demostrar que el sucesor del genio puede estar en cualquier continente.

Neil Turok, director del AIMS, se doctoró como físico teórico en la Universidad de Cambridge. / Wikipedia

Albert Einstein es probablemente el físico más célebre de la historia. Su pelo desordenado y su expresión aparentemente despistada componen lo que para muchos es la imagen del genio científico, inmortalizado en innumerables fotografías, novelas, películas y programas de televisión, elevándolo a la estatura de ícono de la cultura popular, junto a personajes como Marilyn Monroe y el Che Guevara. Pero ¿de dónde sale un genio de la talla de Einstein?

La estatura de Einstein como científico es inconmensurable. Sus trabajos son considerados piedras angulares en múltiples ramas de la física, desde la mecánica cuántica hasta la cosmología. Su teoría general de la relatividad, confirmada con la detección directa de ondas gravitacionales en el experimento LIGO, es la herramienta fundamental para entender el tiempo y el espacio y estudiar el universo como un todo.

Igualmente inconmensurables son los mitos sobre su ingenio y su rebeldía. Parece más fácil pensar que el genio de Einstein apareció de la nada que imaginar que es el resultado de la combinación de una gran tenacidad, una inmensa creatividad y una profunda curiosidad puestas en un entorno receptivo a su trabajo. Einstein era el hombre indicado en el momento indicado. ¿Habría podido explotar todo su potencial si hubiese nacido en África, Asia o Sudamérica? Si no es así, ¿de cuántos Einsteins nos estamos perdiendo hoy en día? ¿Qué tan distinto sería el mundo si pudiésemos promover el talento sin importar del lugar de donde proviene? Esas son algunas de las preguntas que han motivado a Neil Turok, actual director del Instituto Perimeter de Astrofísica Teórica y fundador del Instituto Africano para las Ciencias Matemáticas (AIMS, por sus siglas en inglés).

Turok nació en Sudáfrica. Durante gran parte de su infancia sus padres estuvieron en prisión por su participación en el movimiento contra el apartheid, el sistema legislativo de segregación racial que dominó en ese país entre 1948 y 1994. Cuando fueron liberados, la familia dejó el país y vivieron como refugiados en Kenia y Tanzania, jóvenes países que para ese entonces acababan de declarar su independencia. Turok se mudó a Londres para ir a la universidad, se doctoró como físico teórico en la U. de Cambridge y hoy en día es uno de los cosmólogos más respetados en el mundo. Su especialidad es estudiar las condiciones del universo cerca al Big Bang, desarrollando modelos —algunos en colaboración con el célebre Stephen Hawking— que están fundamentados en las observaciones pero que en gran medida contradicen la teoría de la inflación cósmica, hasta ahora la más aceptada para explicar la estructura del universo a gran escala. Su otra pasión es África.

En 2003, cuando trabajaba en la cátedra de física matemática de la Universidad de Cambridge, Turok concretó el primer paso para alcanzar su sueño de ayudar al continente en que nació a través de su pasión por las matemáticas y la ciencia. Ese año se estableció la colaboración de seis universidades (Cambridge, Cape Town, Oxford, Paris Sud XI, Stellenbosch y Western Cape) que permitió la creación del AIMS, un instituto panafricano dedicado a la formación de estudiantes en física y matemáticas. El objetivo: impulsar las habilidades de los estudiantes más talentosos del continente más pobre y menos desarrollado del planeta.

África es el segundo continente más grande y el segundo en población total, pero, a pesar de sus innumerables recursos, la pobreza, el analfabetismo, la desnutrición, la falta de agua potable y de sistemas sanitarios aún afecta a una gran porción de sus habitantes. Según las estadísticas de la Unesco, la población de África aumenta mucho más rápido que su capacidad económica. Menos del 1% de las patentes y los artículos científicos provienen de investigadores basados en ese continente, pero es sin lugar a dudas uno de los lugares del mundo en donde el futuro está enmarcado por inmensos desafíos.

Para Neil Turok y los gestores del AIMS, el mayor de los recursos de África no son sus minas o sus bosques, sino sus habitantes y las ideas que estos puedan aportar para el desarrollo de sus países. Para ellos, los enormes retos que enfrenta África deben ser correspondidos por un esfuerzo por promover el talento y la creatividad de sus habitantes al más alto nivel. Desde la inauguración de su campus principal en Muizenberg (Sudáfrica), el AIMS ha producido 960 graduados provenientes de 42 naciones africanas que trabajan hoy en la academia o en la industria, estudiando problemas tan diversos como la distribución del fluido eléctrico en Zambia, el desarrollo de robots para reducir los riesgos de la minería en Sudáfrica o el análisis de los patrones de transmisión de la malaria en Tanzania, por mencionar unos ejemplos.

Gracias al apoyo de numerosos gobiernos e industrias, el AIMS opera centros en Senegal, Ghana, Camerún y Tanzania, no solamente fomentando el talento de los estudiantes sino también capacitando a los profesores locales en ciencias y matemáticas y promoviendo estas áreas del conocimiento entre la población.

Para 2020, el AIMS espera abrir 15 centros en todo el continente y desarrollar la iniciativa Próximo Einstein. Bajo la premisa de que el próximo talento en física o matemática puede venir de cualquier lugar si las oportunidades de educación están disponibles, el AIMS ofrece un programa para estudiantes del continente con la intención de reducir el inmenso abismo en educación en ciencias que los separa de Europa y Norteamérica.

Dentro de esta iniciativa, cada año entre 50 y 60 estudiantes (graduados de pregrado en matemáticas, física, ingeniería o cualquier otra área con formación en matemáticas) son admitidos en los centros de AIMS luego de un competitivo proceso de selección (aproximadamente uno de cada cinco aplicantes es admitido). Al menos una tercera parte de ellos son mujeres. Allí se someten a un intenso programa de diez meses en el que se entrenan en habilidades que van desde computación e idiomas hasta análisis estadístico y métodos matemáticos. Los gastos del programa, su desplazamiento hacia los centros, la alimentación y la estadía son cubiertos por el AIMS. Además de lavar su propia ropa, su única responsabilidad durante el programa son sus estudios.

Entre los profesores se encuentran voluntarios que incluyen ganadores del Nobel y científicos de altísimo nivel. Más allá de las clases se espera que los estudiantes del AIMS formen redes y canales de comunicación duraderos a través de la convivencia y las actividades en un entorno de aprendizaje disponible las 24 horas. Muchos de ellos esperan continuar sus carreras en ciencia como estudiantes de doctorado en grupos de investigación alrededor del mundo, pero muchos otros se convertirán en líderes y empresarios, ejemplos y polos de difusión de la importancia de la ciencia para el desarrollo en sus países.

Sin lugar a dudas, los enormes problemas de África y del mundo no se van a solucionar a corto plazo. Pero para Neil Turok y las personas que apoyan iniciativas como el AIMS, la ciencia es la herramienta más poderosa paracomenzar a enfrentarlos.

La ciencia conjuga las habilidades matemáticas y la capacidad de analizar observaciones que son fundamentales no solamente para resolver problemas de física o biología sino también para entender el mundo moderno. Tener más ciudadanos que desarrollen esas habilidades significa tener mejores herramientas para enfrentar el futuro. Buscar el próximo Einstein no es pensar solamente en el genio que descifre la naturaleza del espacio-tiempo, también significa fomentar el potencial de todas las personas que pueden liderar la respuesta a los desafíos que plantea el mundo.

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