¿Por qué ya no hay tantos récords olímpicos?

Las competencias en Río de Janeiro llevarían a creer que el cuerpo humano llegó a sus límites físicos. Sin embargo, científicos podrían encontrar nuevas maneras de hacer atletas más rápidos.

El jamaiquino  Usain Bolt no rompió su propio récord mundial de 9,58 segundos en los 100 metros planos. / EFE
El jamaiquino Usain Bolt no rompió su propio récord mundial de 9,58 segundos en los 100 metros planos. / EFE

Durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el jamaiquino Usain Bolt trató de batir su propio récord mundial de 9,58 segundos en los 100 metros planos. Lastimosamente no lo hizo y de haberlo logrado cerraría el libro de los récords para siempre, según dijeron algunos científicos.

Aunque la fuerza y los rasgos físicos de lo competidores han mejorado, los récords olímpicos parece que se hubieran estancado. Ese supuesto llevó a investigadores a preguntarse si tal vez nos estamos acercando a nuestro límite fisiológico colectivo. Es decir, a que los logros deportivos chocaron contra un límite biológico.

Desde lo fisiológico hay cierta cantidad de calcio que puede hacer que una célula muscular se contraiga y de la misma forma sólo hay cierto oxígeno disponible que nuestros glóbulos rojos pueden usar. Con esto en mente, en 2008 el corredor y biólogo de la Universidad de Stanford Marcos Denny publicó un estudio que buscaba observar si hay límites absolutos en la velocidad a la que pueden correr los animales.

Denny analizó los registros de tres deportes de carrera con alta documentación: atletismo de pista y campo, carreras de caballos en EE.UU. y carreras de perros en Inglaterra. El investigador concluyó que efectivamente existe una pared para el tiempo que le toma a una especie en particular cubrir cierta distancia. Sus datos muestran que las carreras de caballos y perros, así como algunas pruebas de atletismo, pueden estar en ese límite. “Definitivamente estamos en un estancamiento”, dijo Denny para la revista Scientific American. “Basta con mirar los datos de las carreras de caballos, lo que creo que muestra un paralelismo con lo que ocurre en los seres humanos. Los tiempos ganadores de la Triple Corona no han mejorado desde los 70 y eso es a pesar de todos los millones de dólares que se invierten en la cría de caballos más rápidos”.

Para él, el hecho de que se críen especies para que sean cada vez más rápidas trae inconvenientes colaterales como músculos más débiles. De ahí que asegure que hemos llegado a la reserva genética en animales y que los humanos seamos los próximos en alcanzarla.

De modo que para Deny, Bolt llegó hasta sus límites físicos y ya no podrá superar su marca de 9,58 tras ver que mermó sus pasos en los últimos metros y ya será muy viejo en edad para las próximas competencias. No obstante, el jamaiquino puede consolarse al saber que para Peter Weyand, profesor de fisiología de la Southern Methodist University y uno de los principales expertos en biología del rendimiento, los seres humanos aún no han alcanzado su tope deportivo.

Para Weyand, hay dos formas para mejorar: aumentando la cantidad de sangre que se bombea por fuera del corazón o incrementando la concentración de oxígeno en la sangre, que es el caso del dopaje. “Creo que la gente va a encontrar maneras de mejorar el suministro de oxígeno a través del cuerpo y exprimir un mayor rendimiento. La única pregunta es si estos enfoques se considerarán legales”. remató para la revista Scientific American.

La respuesta parecería estar en las mitocondrias, que son como las “centrales eléctricas” de nuestras células y generan energía a partir de oxígeno. Se calcula que en una persona promedio sus mitocondrias representan el 2 %, en un atleta de alto rendimiento 4 % y en un colibrí llegan hasta el 40 %. Para el experto, sabiendo las tecnologías disponibles, la profesionalización del deporte y el dinero que está de por medio entre atletas, se seguirán batiendo récords.