150 años de ‘Alicia en el país de las maravillas’

El escritor argentino Alberto Manguel publica en el diario El País de España un análisis sobre el valor y el impacto de este clásico de la literatura.

Una de las versiones del clásico llevadas al cine.

“Hay obras que nos guían, nos iluminan, nos fortalecen, nos hacen más inteligentes, sin decirnos jamás cómo lo hacen ni por qué. Estas obras existen, en medio de nuestras infamias y fracasos, como una milagrosa prueba del poder de la inteligencia humana.

Entre ellas se destacan, resplandecientes, los libros de Alicia”. Esta es la conclusión que hace el escritor argentino Alberto Manguel en un análisis sobre los 150 años de ‘Alicia en el país de las maravillas’, texto que publica el diario El País de España.

Recuerda que la inspiración para la obra clásica data del 4 de julio de 1862, día en que “el reverendo Charles Lutwidge Dodgson, profesor de matemáticas en Oxford, anotó en su diario que, acompañado de su amigo, el señor Duckworth, había llevado a las tres niñas Liddell en una pequeña barca a tomar el té a orillas del Támesis cerca de Godstow. Las niñas —Lorina, Edith y Alicia— eran hijas del decano de Christ Church, y a las tres les encantaba escuchar las historias que el reverendo Dodgson les contaba, armando argumentos estrafalarios a partir de las interrupciones, comentarios y sugerencias de las niñas. Esa tarde, Dodgson decidió que la protagonista de la historia fuese Alicia, quien acababa de cumplir los diez años. A medida que iba desarrollándose el argumento, el asombro del señor Duckworth ante el maravilloso cuento fue tal, que le preguntó a su amigo si en verdad estaba improvisando. “Sí”, le respondió Dodgson, también él sorprendido, “lo estoy inventando paso a paso”.

En tales milagrosas circunstancias nace Alicia en el País de las Maravillas”. Manguel destaca cómo “a pedido de la niña, Dodgson volcó la historia al papel con el título de Las aventuras de Alicia bajo tierra acompañándola de sus dibujos. En 1865, la editorial Macmillan de Londres publicó el libro bajo el título con el cual es conocido,firmado por “Lewis Carroll” y con las ilustraciones del dibujante satírico John Tenniel.

Seis años más tarde, en la Navidad de 1871, apareció el segundo volumen de las aventuras de Alicia, A través del espejo”. Según él, “los dos libros forman parte de la pequeña biblioteca de obras esenciales de la humanidad y, como casi todas las otras —la Epopeya de Gilgamesh, la Odisea, laDivina Comedia, el Quijote, Moby Dick— son la crónica de un viaje”.

Y se pregunta: “En el caso de Alicia, ¿en qué selva oscura —como la del bosque sin nombres— halló Dodgson los seres que habitan sus mundos? ¿Qué voces secretas —como la del melancólico jején en A través del espejo— dictaron al reverendo Dodgson su extraordinaria pesadilla?”. Piensa que “del misterioso espíritu que soñó para Dodgson las aventuras de Alicia no sabemos nada, salvo que la obligó a lanzarse en un viaje espiritual en el que lo absurdo se une a lo trágico, como en todas nuestras vidas”.

En todo caso dejan huella: “Leídos de niño, los libros de Alicia reflejan el asombro y el miedo de la infancia; leídos en la adolescencia, la indignación ante la idiotez e hipocresía de los adultos. Luego vienen las Alicias mayores que se rebelan ante la injusticia (como cuando el Mensajero del Rey es condenado por un crimen que quizás no cometerá nunca), ante la codicia y el despotismo de los que gobiernan (como cuando la Reina afirma que “habrá mermelada ayer y mermelada mañana, pero nunca mermelada hoy”), ante el egoísmo de nuestros congéneres (como cuando el Sombrerero Loco se rehúsa a hacer lugar en la mesa para muchos comensales), ante la aparente insensatez del mundo”. (Lea la nota)

 

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