150 años de la Universidad Nacional de Colombia

En la celebración del sesquicentenario de la Universidad Nacional de Colombia es imprescindible recordar su legado. Por sus aulas habitaron Jorge Eliécer Gaitán, Gabriel García Márquez, Virginia Gutiérrez, Jaime Garzón, Marta Traba, Camilo Torres R., Jaime Pardo Leal, entre otros.

Universidad Nacional. / Archivo.

Inicialmente fue llamada Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia a través de la ley 66. Ocurrió el 22 de septiembre de 1867. “El objetivo principal de su creación era contar con una institución mediante la cual el Estado organizara y desarrollara las políticas de educación superior del país. Tarea que sigue vigente”, profirió el actual rector Ignacio Mantilla.

Era 29 de octubre de 1924. El auditorio de la facultad de Derecho, ubicado para ese entonces en el Colegio Mayor del Rosario, estaba colmado de curiosos y fascinados por la oratoria del estudiante Jorge Eliécer Gaitán. Optó por un examen de grado público. Sus implacables jurados fueron el monseñor Alejandro Bermúdez y Dionisio Arango Vélez, pariente del expresidente Andrés Pastrana. Gaitán deambuló alrededor de su lugar asignado mientras declamaba “Las ideas socialistas de Colombia”. Ese mismo día, se convirtió en abogado de la Universidad Nacional...

Notas de Jorge Eliecer Gaitán

 

Con el paso del tiempo, el recinto universitario siguió llenando sus aulas. En 1947 coincidieron Gabriel García Márquez y Camilo Torres al ser compañeros de carrera. Trabaron una gran amistad, pero la locura de escritor, por un lado, y la convicción sacerdotal los hizo retirarse de la carrera.

Gabo, al recordar su época como estudiante de derecho, dijo: “Yo me iba a mi pensión lúgubre de la calle de Florián, con mis amigos costeños, con mis libros prestados y mis tumultuosos bailes de los sábados. En realidad, nunca se me ocurrió preguntarme qué hacía Gonzalo Mallarino en las muchas horas en que no estábamos en la Universidad, dónde carajo estaba mientras yo daba la vuelta completa a la ciudad, leyendo versos y versos y versos en los tranvías”. El delirio de escritor le llevó a inasistir a clase y perder once materias, entre ellas, estadística y demografía con 2,5.

Notas Gabriel García Márquez

Ese fue el tiempo de la rectoría de Gerardo Molina (1944 - 1948). Una de las personas más admiradas por Eduardo Umaña Luna. Este último insistía en que, “la Universidad Nacional de Colombia sigue siendo la casa de uno. Tiene una identidad filosófica, social e intelectual. Ese es uno de los distintivos que no puede perder nunca o sino deja der ser Universdad Nacional de Colombia. [Por eso, se debe] Leer diariamente, buscar los autores. Del principio elemental de que todo conocimiento origina un no conocimiento. Ser siempre estudiante, nunca maestro. Ser siempre alumno, nunca profesor. Ser siempre orientador, nunca impositor”.

Su hijo Eduardo Umaña Mendoza fue también defensor de derechos humanos. Sus casos más representativos estuvieron vinculados con los desaparecidos del Palacio de Justicia y las víctimas del genocidio de la Unión Patriótica. Estaba convencido del compromiso del Derecho para hacer frente a las injusticias. Eduardo Umaña Mendoza fue asesinado en su casa, ubicada en el barrio Nicolás de Federman, el 18 de abril de 1998. El ritual del velorio tuvo lugar en el auditorio central de la Universidad Nacional, León De Greiff. Dicen que el dolor se propagó por cada rincón de la Universidad. Los estudiantes desocuparon las facultades para congregarse alrededor del ataúd.

Su hijo Camilo Umaña escribió: "En esos años de intenso ejercicio del derecho, mi padre entendió que la defensa de los derechos humanos no era sólo legal sino jurídica, no sólo jurídica sino política, no sólo política sino social, no sólo social sino íntima, de movilización de conciencias. Mi padre entendió que la soledad ronda a quienes luchan por la justicia, pero que el amor por lo que se hace es un valor que acompaña".

 

No fue la única muerte. Fue cuando la violencia de sectores de extrema derecha institucionales y del paramilitarismo invocó el terror. Entre sus víctimas estuvieron algunos docentes, estudiantes y egresados de la Universidad Nacional de Colombia. El 11 de octubre de 1987 acabaron con la vida del abogado Jaime Pardo Leal. El fundador de ASONAL - Judicial y primer candidato presidencial de la extinta Unión Patriótica (UP) repetía: “De qué vale la vida si cuando se tiene parece muerta. La vida es para sentirla, para vibrar, para combatir. Eso es lo que justifica nuestro paso por la tierra”.

El 13 de agosto de 1999 es asesinado muy cerca de la Universidad Nacional de Colombia el humorista y estudiante de derecho Jaime Garzón. En una de sus charlas en la semana de inducción de la facultad le decía a los estudiantes de primer semestre: “La mayor responsabilidad que tienen ustedes respecto a la Nacional es no contribuir a destruirla. ¿Cómo yo contribuyo a arreglar la Universidad? Cualificando el nivel académico de la facultad. Es decir, estudiando. Porque si ustedes no deciden ser, alguien decide por ustedes. Por lo pronto y a nombre de la Universidad y yo como estudiante de vigésimo noveno semestre les doy la bienvenida. Espero que sean pilos, que no sean mediocres y que fundamentalmente hagamos de la universidad el espacio abierto que inicialmente fue por los filósofos, la universalidad del conocimiento”.

Dicen que cuando era estudiante Jaime Garzón entró un burrito a uno de los salones de la facultad para jugarle una broma al profesor Sotavento, docente de la asignatura Sucesiones. El asunto es que el profesor llegó al salón, encontró solamente al burrito en el aula, cerró la puerta y dictó la clase. Al finalizar, salió del aula, Garzón entró con sus demás compañeros, vieron al burrito y una leyenda en el tablero que decía: Próxima clase parcial de lo visto hoy. Cualquier duda, preguntar a su compañero”. En ese momento, miraron al único asistente de esa clase: el burrito rebuzno tímidamente.

Un mes después del asesinato de Jaime Garzón, el 15 de septiembre, el profesor Jesús Antonio Bejarano, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y ex consejero de paz en los gobiernos de Virgilio Barco y Gaviria, bajaba las escaleras del edificio de Posgrados de Economía (Cerca de la calle 26), mientras pensaba en la bandera de la paz, la urgencia de una reforma agraria y la compresión integral de los problemas del país por parte de los economistas. Faltó el último escalón, caminó algunos pasos. Un último instante: dos hombres dispararon sobre su rostro.

Hace poco un profesor de economía pública, Andrés Felipe Mora, recordaba que el pensamiento crítico de la Universidad Nacional consistía en que “a partir del diálogo de saberes se pueda construir un saber orientado a un proyecto de transformación justa de la sociedad”. Allí está el significado de esta universidad y la conciencia de la mayoría de sus docentes y egresados. También, por ellos, por quienes ofrendaron sus vidas, se dice que la Nacional es patrimonio de todos los colombianos. Actualmente, el claustro sigue concentrando sus esfuerzos por la paz del país.

Por supuesto, hay días felices en la Universidad. El ritual es el mismo cada semestre, la edificaciones son vestidas de blanco y los estudiantes salen de los salones, se reúnen para pintar, hacer grafitis y murales. Otros tantos prenden un cigarro, beben tinto y juegan con las palabras, el fútbol y en el refugio de la imaginación, levantan la copa de algún campeonato, como el torneo Antonio Gramsci, nacido del ingenio del profesor Miguel Ángel Herrera, docente de ciencia Política. En muchos lugares, los rostros del Che Guevara y Camilo Torres Restrepo son testigos de todos los segundos acumulados, las charlas en los sofás, las caricias del amor estudiantil.

A veces los recuerdos traen los sobrevivientes de la muerte. Aparecen docentes e investigadores como el matemático Yu Takeuchi, la antropóloga Virginia Gutiérrez, el sociólogo Orlando Fals Borda, los médicos José Félix Patiño y Salomón Hakim, el geógrafo Ernesto Guhl, los arquitectos Guillermo Bermúdez y Fernando Martínez. También el poeta y escritor León de Greiff, el compositor y violinista Guillermo Uribe, la escritora, investigadora y crítica de arte Marta Traba.

“Hay que ratificar que la Universidad Nacional de Colombia es el patrimonio de todos los colombianos y que tanto su presente como su proyección se constituyen en un fundamental aporte para la construcción de la nación y su consolidación en el contexto internacional” termina de decir Ignacio Mantilla, mientras inicia la celebración del sesquicentenario del alma mater. Una semana universitaria que va hasta el 23 de septiembre de 2017. La entrada es libre y está dirigida a todos los ciudadanos.

Para ver la programación cultural de la semana universitaria: http://circular.unal.edu.co

Si desea más información sobre el sesquicentenario de la Universidad Nacional de Colombia, visite: http://sesquicentenario.unal.edu.co/

 

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