Acercamiento al 'príncipe de las tinieblas'

A finales de los años sesenta decidió probar suerte como cantante en una banda de blues rock, posteriormente llamada Black Sabbath, cuya estética oscura y particular sonido convirtieron en una de las más influyentes del rock.

Según la opinión de varios críticos, es preciso que el talento innato del artista esté tocado de alguna forma por la locura. Si partimos de la consigna de que la música rock es una expresión artística, entonces el veterano cantante Ozzy Osbourne no sólo ha rozado la demencia en más de una oportunidad; es parte de su naturaleza y le ha permitido tanto llegar al cielo como conocer el infierno.

John Michael Osbourne, mejor conocido como Ozzy y apodado por la prensa desde hace varias décadas como el loco, el príncipe de las tinieblas o el padrino del heavy metal, es la versión británica del sueño americano. Nació en 1948 en los humildes suburbios de la ciudad industrial de Birmingham; fue el cuarto de seis hijos de una pareja que paliaba la pobreza trabajando en fábricas en extensas jornadas laborales. Su juventud estuvo marcada por el amor a The Beatles y sus líos con la justicia por delitos menores. Ozzy parecía condenado a sucumbir en una urbe marcada por la vida difícil de la posguerra, sin embargo la música constituyó su vía de escape de un destino poco halagador, y la catapulta al éxito.

A finales de los años sesenta Ozzy Osbourne decidió probar suerte como cantante en una banda de blues rock, posteriormente llamada Black Sabbath, cuya estética oscura y particular sonido convirtieron en una de las más importantes e influyentes de la historia del rock. Al frente del grupo probó las mieles de la gloria, pero pronto las adicciones al alcohol y a las drogas lo indujeron a cometer errores por los que pagó un precio muy alto. En 1979, después de varias giras y de haber grabado ocho álbumes, fue expulsado de Black Sabbath por sus excesos. Su carrera aparentemente estaba terminada.

No obstante, Sharon Rachel Arden, hija del célebre promotor artístico Don Arden, apareció en la vida del vocalista como una especie de ángel. Conocedora de los secretos de la industria, revitalizó la carrera de Osbourne, por quien ya nadie apostaba un céntimo, con trabajos junto a un grupo de músicos brillantes con el que grabó en 1980 Blizzard of Ozz, su primer álbum como solista. Entonces despegó de nuevo. La relación también fue más allá de los negocios: Sharon no sólo se convirtió en su mánager, sino también en su esposa y la madre de sus tres hijos.

Las millonarias ventas de discos y los conciertos multitudinarios le permitieron a Ozzy erigirse como un ícono del heavy metal. Sin embargo, su vida artística y la personal continuaron marcadas por las extravagancias, las imprudencias y las adicciones. Como en un juego macabro, a cada gran logro artístico lo sobrevenía una tragedia: su amigo y guitarrista estrella, el joven Rhandy Rhoads, falleció en un accidente aéreo en 1982; fue acusado de crueldad animal cuando accidentalmente le cercenó la cabeza a un murciélago en uno de sus conciertos, y de promover el suicidio a raíz de una de sus canciones. Aunque la demanda por esto último no prosperó, su imagen se vio afectada considerablemente.

A mediados de los noventa, viendo el éxito de festivales musicales itinerantes en los Estados Unidos, como el Lollapalooza, Ozzy Osbourne (una vez más por consejo de su esposa) creó el Ozzfest. Este evento convoca a varios de los grupos más importantes del rock fuerte para recorrer Norteamérica y Europa en una sucesión de conciertos que agota boletería a la ciudad donde llega. Precisamente en el marco de aquel festival, en 1997, dejó de lado las rencillas con su antigua banda y se reincorporó a Black Sabbath, con la cual grabó un nuevo disco en estudio y con la que desarrolla actualmente una gira mundial.

Pero Ozzy Osbourne también ha incursionado en otros campos. En la pasada década, MTV lo invitó a mostrar su mansión en Los Ángeles, California, lo que derivó en el exitoso reality The Osbournes. En cuatro temporadas el programa mostró situaciones domésticas de la familia, en las que el artista no quedaba muy bien parado debido a sus problemas de dicción (sus intervenciones tenían que ir subtituladas) y su extraño comportamiento, a lo que se sumaba el carácter intempestivo de sus hijos. Para muchos, el show era una muestra de todo lo que una familia no debía ser.

Protagonista de singulares anécdotas, marcado por la prosperidad y la desdicha, pionero de un género tan significativo como el heavy metal, Ozzy se reinventa, se burla de sí mismo y agradece el milagro de seguir vivo. Además ha estado rodeado por estupendos músicos, la mayoría descubiertos por el agudo oído de Sharon, su invaluable apoyo. A los 64 años de edad, con más de cuarenta de trayectoria, ha vendido cerca de setenta millones de copias (incluyendo sus álbumes junto a Black Sabbath), y ninguna moda o tendencia musical parece afectarlo. Distintas generaciones alrededor del mundo han adoptado sus canciones como un absoluto referente de rebeldía, festejo e inmortalidad. El rock no sería lo mismo sin este “loco”, lo sabemos todos los amantes del rock, quienes contamos las horas para ver a su majestad, el príncipe de las tinieblas, liderando su banda primigenia mañana sábado en Bogotá.

 

 

* Periodista, www.autopistarock.com.

Black Sabbath, con Ozzy Osbourne. Invitado Megadeth. Sábado 19 de septiembre. Parque Metropolitano Simón Bolívar (Bogotá). Información y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.

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