Adictos al arte

Más allá de una certeza inversionista, a estos coleccionistas les interesa apoyar a los artistas, crecer con ellos y seguir su trayectoria.

En su persistente labor, los guía además de la pasión por el arte, una compulsión, una obsesión incurable. Aunque en Colombia el coleccionismo es una práctica de pocos y relativamente nueva, Alejandro Castaño, Solita Mishaan y Sergio Ferreira conviven con el arte y contagian a unos cuantos del gusto por éste con el entusiasmo con el que hablan de sus colecciones. Ellos nos abrieron las puertas de sus casas.

Según Solita Mishaan, hay diferentes tipos de coleccionistas, los que lo hacen por estatus, los que lo hacen por inversión y los apasionados. Ella afirma enfáticamente que pertenece a estos últimos. Desde antes de cruzar la puerta del apartamento que esta venezolana nacionalizada colombiana tiene en Bogotá, la presencia del coleccionista de arte está latente. Una obra de Miller Lagos y otra de Leyla Cárdenas se aprecian apenas se abre el ascensor. Ya lo que hay adentro es una prueba de su admiración profunda por el mundo del arte y una apuesta por apoyar los trabajos de los artistas jóvenes colombianos. En su centro de mesa, sólo por dar un ejemplo, están las obras de Barbarita Cardozo y de Nicolás París; en el estudio se despliega la obra de Mateo López, y hay cuadros de Carlos Rojas por todas partes, porque si bien le gusta apoyar y crecer al lado de los artistas emergentes, también le gusta volcar su mirada hacia atrás y redescubrir artistas mayores a los que no se les ha dado el valor artístico que merecen.

Su pasión por el arte fue inculcada y aprendida. Sus padres tienen una tradición en el coleccionismo y Mishaan de pequeña siempre fue expuesta a galerías, museos, pero lo más importante fue haber aprendido la contemplación del arte. Apenas se casó, comenzó la fiebre por coleccionar y quizá la primera obra que le tocó el alma fue una de Guillermo Kuitca, un pintor que adora, como persona y como artista. Desde ahí ya han pasado 26 años y su importante colección tiene una línea clara: sólo arte latinoamericano con especial atención al arte colombiano contemporáneo. “Me gusta mucho lo conceptual, la geometría latina y las obras de corte político que evidencian la manera de vivir de Latinoamérica”, confiesa. A la hora de adquirir una pieza primero le tiene que gustar y después analiza si el artista es serio.

Mishaan advierte que el coleccionista no puede dedicarse solamente a amasar cuadros y obras, sino que debe comprometerse socialmente. “Tengo una labor social. Mi misión es divulgar el arte latinoamericano por el mundo entero, demostrar que es tan bueno como cualquier otro y ayudar a los artistas jóvenes”. Por eso, desde su posición en el comité latino de la Tate Gallery y del Moma, desde el comité de honor de Artbo, desde el comité de adquisiciones del Museo de Arte de Miami, su misión es posicionar y visibilizar el arte que se produce en este continente.

El vicio de coleccionar

Todo comenzó a finales de los ochenta. Una caminata desprevenida y una parada en una galería de Los Ángelque se encontraba en liquidación fueron el comienzo de su relación con el arte. Esas dos primeras obras que adquirió, una de Sydney Helfman y otra de Alexander Calder, son las que guarda con especial estima. Desde entonces, Sergio Ferreira está enviciado con el arte. “A veces la colección se vuelve una compulsión”, confiesa. Este empresario asegura que al principio compraba lo que le gustaba, de hecho lo sigue haciendo, sólo que el ojo se ha vuelto más educado y ahora piensa dos veces antes de adquirir una pieza. A pesar de que le gusta tomar riesgos y ayudar a los artistas jóvenes, es importante saber si el artista ha tenido una trayectoria importante y vislumbrar su proyección. Los gustos cambian con el tiempo y, si bien ha pasado por épocas figurativas o abstractas, ahora su mirada está puesta sobre el arte contemporáneo latinoamericano, lo que no significa que no explore Europa o EE.UU. También influye el hecho de que su esposa, Ángela Sanclemente, habita dentro de los mismos espacios donde se despliega el arte que ha acumulado en las últimas décadas. Su apartamento es de esos para recorrer y apreciar a través de las estanterías y paredes, donde siempre hay una grata sorpresa. Y si ella compra más con el corazón que con la razón, él es más analítico, pero sin dejar de adquirir eso que lo hace vibrar.

Ferreira no es coleccionista por inversión sino por gusto. Si la obra se valoriza va a satisfacer más al ego que al bolsillo. “Creo que la idea no es comprar para salir de la obra sino comprar porque me gusta”.

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