Adiós a La madriguera del conejo

Una de las librerías más representativas de Bogotá cierra sus puertas tras seis años de trabajo. El lugar que quedaba en en la carrera 11 con calle 85, era uno de los principales centros culturales de la capital.

La librería abrió sus puertas en 2011. / Archivo

Edgar Blanco, uno de los principales libreros de La madrigiuera del conejo le confirmó a  Arcadia que la librería cierra sus puertas. "No nos dio como negocio. Hace seis años nos pusimos ciertas metas, pensamos en ciertas proyecciones, como con cualquier negocio. La expectativa era que después del tercer año la librería debía vender muy bien para llegar a un punto de equilibrio, y no se logró. Hicimos de todo, probamos de todo, pero no lo conseguimos", explicó. 

La madriguera abrió sus puertas el 6 de julio de 2011 en  la carrera 11 con calle 85. El sitio, ubicado en una de las partes más convulsas de Bogotá, se convirtió rápidamente en un centro literario donde además de vender todo tipo de libros, se hacían presentaciones de autores, de nuevas obras y servía como escenario para la discusión entorno a temas académicos y literarios. 

Según Blanco, uno de los principales motivos que los llevó al cierre es las preferencias de las nuevas generaciones en torno a la lectura: cada vez más se lee a través de aparatos digitales. " Estamos a la carrera, no hay tiempo para nada, ni siquiera para ir a una librería. A la gente le gusta leer y tener su biblioteca, pero estas vidas a contrarreloj que tenemos ahora hacen que sea muy difícil", contó en Arcadia. 

Su lucha, como la de los demás creadores de este espacio para los lectores, es que las librerías independientes no desaparezcan pero, al parecer, cada vez es más difícil mantener un sitio así. El nacimiento de tantas editoriales independientes –en Colombia y en el mundo– se debe, principalmente, a la crisis del sector. “La recesión económica de Europa hizo que casas como Alfaguara y Planeta redujeran su plan editorial y optaran por los proyectos más seguros en términos financieros”, explica David Roa, fundador de la librería La madriguera del conejo. Esto llevó a que quedaran vacíos en la oferta, pues nadie estaba dispuesto a publicar poesía, cuento, ensayo, novela gráfica, traducciones o nuevos escritores colombianos. Y, sin embargo, esos vacíos no fueron suficientes para crear la demanda necesaria. 

 

 

 

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