Alberto Abello: la tercera renuncia a la dirección de la Luis Ángel Arango

Desde la renuncia de Alberto Abello a la dirección de la Biblioteca Luis Ángel Arango, los interrogantes alrededor de la intermitencia en este cargo, las implicaciones de estos cambios para la BLAA y la gestión de los recursos culturales del Banco de la República se imponen.

Con Alberto Abello, ya son tres los profesionales que en menos de cinco años han renunciado a la dirección de la biblioteca Luis Ángel Arango.Pilar Mejía - Revista Semana

Alberto Abello fue seleccionado como director de la Biblioteca Luis Ángel Arango hace 19 meses. Pasó por un proceso de selección riguroso que también tuvieron que enfrentar seis candidatos más. Se hicieron pruebas técnicas. Los entrevistaron varias veces y evaluaron sus hojas de vida. La de Abello daba cuenta de los 34 años al servicio de la cultura, su gestión y la academia. Su experiencia en programas asociados al fomento de la lectura, sus publicaciones, el apoyo a la Casa Museo García Márquez y al Museo el Caribe, llevaron a la junta directiva del Banco de la República a nombrarlo para dirigir la biblioteca más grande del país.

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Lo que llama la atención es que, al año y siete meses de desempeñarse como director, Abello presentó su renuncia al cargo. Le envió un correo a la subgerente de cultura del banco diciéndole que “había llegado la hora de su retiro”. Trabajó hasta el 21 de noviembre. En un texto que compartió explicando las razones de su renuncia, escribió: “Mis amigos preguntan sobre mi retiro de la dirección de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Quiero informarles que fueron motivos personales los que me llevaron a solicitarlo… Así, estuve vinculado hasta el pasado 21 de noviembre. Agradezco al banco, por supuesto, la oportunidad de aprender y aportar a esa magnífica red de bibliotecas durante 19 meses. Los directivos tienen un informe de mi gestión. Digo motivos personales por las reflexiones íntimas que me llevaron a tomar la decisión. La filósofa y profesora de la Universidad de Barcelona Carmen Pardo, me enseñó con su obra ‘En el silencio de la cultura’ que ‘ser amante de las artes [y de la cultura en general, digo yo] no impide ser un empleado dispuesto a hacer funcionar un sistema que ejerce violencia sobre todos y cada uno de los engranajes’. En eso estaba inmerso y me preguntaba si la gestión cultural misma podría ser un factor de generación de malestar entre quienes la realizan. Mi trayectoria en el campo de la cultura, por el contrario, me ha puesto del lado de los que creen que la cultura puede contribuir al bien estar de quienes habitan y laboran en el entramado social y dejan huellas civilizatorias. Venía de hablarle a mis alumnos en las universidades de esa savia [como lo es la cultura] del llamado desarrollo en su versión de proceso en busca de la transformación humana y las libertades culturales. Había aprendido a trabajar en espacios colaborativos, de tolerancia intelectual, y en instituciones al servicio de la gente y del país y no de quienes las ponen a su servicio. Cada vez fueron más fuertes las incompatibilidades con quienes de una u otra forma están dispuestos ‘a hacer funcionar un sistema que ejerce violencia sobre todos y cada uno de los engranajes’”.

Con la renuncia de Abello ya son tres las personas que en menos de cuatro años y después de muy poco tiempo en la dirección, dimiten.

Las preguntas son muchas: ¿sistema que ejerce violencia sobre todos y cada uno de los engranajes? ¿Quiénes son los que, según él, han puesto la cultura al servicio de sus propios intereses? ¿Qué tipo de incompatibilidades lo llevaron a tomar la decisión de renunciar? El Espectador habló con Alberto Abello, quien respondió que las razones de su decisión quedaron expuestas en el texto ya citado.

Las reacciones fueron llegando conforme se supo la noticia. El escritor Alonso Sánchez Baute se refirió al hecho en una columna llamada “Cultura impuesta” publicada en El Heraldo, en la que se preguntó por los motivos reales de que, en menos de cinco años, la biblioteca se esté preparando para recibir a su quinto director: “Se sabía que había llegado a la BLAA un investigador y gestor cultural del Caribe con larga trayectoria, caracterizado por su seriedad y eficiencia. ¿Será que viene otro director andino para gestionar una red de bibliotecas que cubre buena parte del territorio nacional y no solo la de Bogotá? O entonces, ¿por qué le corrieron la silla a Abello si era tan buen muchacho? ¿Acaso porque los medios estaban resaltando su trabajo? Eso de las nuevas colecciones adquiridas y donadas, los hallazgos en sus colecciones, la mayor apertura para la investigación, la participación de públicos más diversos. Son todas buenas noticias que al parecer a algunos les causan escozor”, escribió Sánchez Baute, quien también le dedicó algunas líneas a preguntarse si en el banco se estaban imponiendo las decisiones culturales y sobre quiénes eran los que realmente decidían los enfoques de la cultura.

También se pronunció el exdirector de la biblioteca Alexis de Greiff, uno de los profesionales ya mencionados, quien renunció al cargo en 2015. De Greiff es físico de la Universidad de los Andes y llegó a la biblioteca en reemplazo de Margarita Garrido, quien se sostuvo en la dirección durante seis años. “Como exdirector de la BLAA puedo decir que no solo ha sido inestable el cargo (en 10 años ha habido más que en los 50 anteriores); alguien diga qué ha cambiado en la BLAA desde la salida de Jorge Orlando Melo; ¿seremos los siguientes directores todos tan incompetentes? Poco se ha podido hacer, reconozco con frustración y tristeza. Vale la pena notar que han pasado 4 directores de la BlAA. También dos gerentes generales. También el Gerente al que le reporta la Subgerente Cultural. Solo una persona se ha mantenido en su cargo en estos años. Pero parece que es inamovible. El misterio es por qué... pero más importante: qué dice la Junta del Banco sobre esta evidencia de falta de liderazgo y claridad en lo que quiere el área cultural. Yo invitaría al Gerente General a que hable con ex directores de BLAA, de Museos del Banco y quienes hoy en día trabajan con la Subgerente Cultural del Banco la República. Y también invitaría a la Dra. Ángela Pérez (la subgerente de marras) a que haga un balance de sus más de 10 años de ‘gestión’”, dijo en su cuenta de Facebook.

De Greiff también dijo, en diálogo para El Espectador, que no se referiría a la renuncia de Abello, pero que sí consideraba que la discusión respecto a las intermitencias en este cargo y, sobre todo, la utilización de los recursos para el ala cultural del Banco de la República era una urgencia. “La red de bibliotecas con la que cuenta el Banco de la República no la tiene ningún otro país de Latinoamérica. Se necesita una política a largo plazo que retome el liderazgo que tenía esta institución, una que integre todas las áreas (biblioteca, arte, música, historia), y que reme en la misma dirección de la junta directiva y las direcciones de las bibliotecas, museos y programas musicales”.

Un argumento similar al que De Greiff expuso en Facebook pudo leerse en un texto publicado en el portal Las Dos Orillas, en el que Iván Gallo habló de que una de las causas de la salida de Abello es un supuesto malestar generado por Ángela Pérez, subgerente del área cultural del Banco de la República.

Este diario intentó comunicarse con Ángela Pérez, pero personal del banco respondió que estaba fuera del país y no daría declaraciones. También se buscó a Sofia Restrepo, jefe de divulgación de la subgerencia cultural, quien señaló que la política interna de la institución es no pronunciarse sobre su “recurso humano”.

La respuesta de Abello y la opinión de De Greiff, dos de los tres profesionales que han preferido alejarse de la dirección del banco en tiempo récord, develan que el malestar al que se refirieron Sánchez Baute o Gallo no son opiniones aisladas y que la forma en la que se está gestionando la cultura desde el interior de Banco de la República no ha sido la más cómoda para las últimas tres personas que han ocupado el cargo. Los dos se refirieron a intereses distintos a los culturales y a un difícil clima laboral en el que se pudiese dirigir a causa de las imposiciones de un sistema que, según ellos, se mueve en torno a procesos que distan mucho de las urgencias del sector que reúne a la literatura, el arte, la historia o la música.

¿Cuáles son las prioridades del Banco de la República en materia de cultura?

El desequilibrio en la dirección de la Biblioetca Luis Ángel Arango tiene implicaciones en el desarrollo de cada uno de los proyectos que se pretendan llevar a cabo. Además de la atención a las artes, sus herramientas y divulgación, la estabilidad que ha caracterizado a la institución también es primordial en la administración de los recursos. El Banco de la República y sus recintos culturales son los máximos referentes a nivel nacional en el sector, y la discusión ahora se inclina hacia lo que la junta directiva planee con respecto a la gestión de esos recursos, que son joyas para Colombia.

Respecto a la gestión de Alberto Abello, las reacciones han sido de sorpresa y desilusión. Su gestión se destacó, sobre todo, por la celebración de los 60 años de la Luis Ángel Arango, en la que el país se reencontró con una biblioteca viva. Las donaciones de Mercedes Barcha, los 3.000 libros de la colección privada de García Márquez, la confianza y simpatía que se logró con los investigadores y con el barrio La Candelaria, y los procesos llevados a cabo a nivel interno con la atención al público y la selección minuciosa del personal a cargo de cada detalle del funcionamiento interno. Jaime Arocha, columnista de este diario, trabajó con él durante su periodo como director y afirmó que la noticia de su renuncia le cayó como un baldado de agua fría: “Reafirmé la maravilla de persona que había conocido. Siempre mantuvo su identidad caribeña, su apertura, amabilidad y calidez. Además de la magnífica relación que estableció entre la biblioteca y su vecindario”.

 

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