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Alberto Manguel: "el lector necesita creer en sus juicios y en su deseo de libertad"

El crítico literario argentino, exdirector de la Biblioteca Nacional de Argentina, habló para El Espectador sobre el presente de la industria editorial y sobre el estado de la literatura desde el lado de los escritores y desde el lado de los lectores.

Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional de Argentina. EFE

¿Qué tanto afecta a la literatura el hecho de que en varios países del mundo las grandes editoriales estén implementando algoritmos para la creación de nuevas obras? 

 En Francia también pasa eso. Yo pienso que no tiene nada que ver con la literatura. Eso solo tiene que ver con el comercio. Ahora, cuando decimos grandes editoriales hablamos de grupos que producen mucho y venden más que las otras. No queremos decir editoriales de literatura prestigiosa, ni de buena literatura. Entonces son supermercados y un supermercado para vender más serial va a poder encontrar un algoritmo que le dé una fórmula para que la caja sea de tal color y tal peso. De esa manera, se pueden producir libros. Los libros son objetos más o menos rectangulares, con cierto grosor, que tienen manchas de tinta y eso se puede producir en una fábrica o siguiente un procedimiento electrónico. Eso no tiene nada que ver con la literatura. Nada. Si por casualidad alguna de esas máquinas produce alguna frase memorable no será memorable porque la quiso la máquina o el escritor. Será memorable porque un lector la entiende y la juzga así. Borges ya en la Biblioteca de Babel se burla de eso porque la Biblioteca de Babel es donde están todos los libros que pueden haber sido producidos por una máquina, porque es la combinación de las letras del alfabeto al infinito. Y también tienen que estar Don Quijote, Madame Bovary, porque son combinaciones de letras. Eso no significa que la biblioteca sea un templo de la literatura, que contenga a la literatura. Los editores que se han convertido, de nuevo, porque lo eran en el principio, en comerciantes, van a ir hacia esos métodos de producción. Hay editores que son gerentes de supermercado y hay editores que aman la literatura, que cuidan de sus autores, que tienen un gusto literario y gracias a ellos la literatura sobrevivirá.

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¿Cómo crítico y lector cuál es su comentario frente a las opiniones que dicen que la literatura actual es homogénea? Es decir, ¿cree que lo que se escribe en el presente no tiene la misma riqueza, si puede denominarse así, que las narrativas de siglos pasados?

El impulso literario nace de la voluntad de jugar con palabras, de hacer con palabras algo que va a ser memorable. Desde siempre. Cuando se ve que un escritor ha producido una obra que gusta al público, otros escritores van a decir que quieren hacer lo mismo. Por ejemplo, en Grecia, cuando nacen las primeras novelas, empiezan a contar la historia de una pareja de muchachos que se encuentran y se enamoran, y las circunstancias los separan, pasan varias aventuras y terminan encontrándose o no, se convierte eso en un género literario específico donde todas se parecen. Obviamente con la tecnología que había en ese momento no se podían producir masivamente. Es el mismo impulso que hay hoy. Ahora, en el siglo XXI, estamos sufriendo los efectos de la tecnología electrónica que permite encontrar fórmulas como la de algunos editores nefastos, y también la idea de que todo puede aprehenderse por medio de técnicas. Entonces se construyen las escuelas de escritura creativa. Ese es un oficio excelente para los escritores que nos enseñan su forma de ganarse la vida, y nefasto para la literatura porque crea formas. También la culpa es de la industria anglosajona de la edición que, a mediados del siglo XX, empieza a desarrollar la editorial como un lugar en el que se cuecen los textos. Hasta ese momento la literatura universal funcionaba sin editores. Claro, cada escritor tiene su amigo, su compañero que le comenta el texto, pero es otra cosa. No hay un sastre profesional que le recorta el texto a la medida de lo que supone ese profesional y que tiene que ver con lo que el público quiere. No puede existir hoy en el mundo editorial. No se permitiría la publicación de un Ulises de Joyce, un Don Quijote. El hecho de que haya escuelas de escritura, y por supuesto algunos de los que lo diseñan tienen la inteligencia de darse cuenta que lo único que se puede enseñar es a leer, ofrecer textos y que usted vaya y lo entienda, pero los que se ponen a decir: "miren, no se puede empezar una narración con la primera persona" son absurdos. Imagínese a Proust enseñándole a Joyce a escribir. Estamos condenados a nuestra época y toda época trae estos problemas. Estos son los nuestros y la literatura va a sobrevivir a pesar de esa montaña de basura que se produce todos los días. Sufren los verdaderos libreros, los verdaderos editores, los verdaderos lectores. Pero siempre el escritor auténtico va a encontrar un camino milagrosamente y va a encontrar su lector.

¿Y qué opina entonces de los lectores? 

Fíjese la cantidad de lectores que tiene Paulo Coelho. También debemos concentrarnos en los lectores que con la mano en el corazón dicen: "este texto es para mí. Este texto me me importa". No importa que no sea un best seller, no importa que no lo conozca nadie. Agradezco que haya sido escrito, que haya sido publicado y le voy a hablar a mis amigos de este texto para que lo lean. Y así se producen, a veces, esos efectos que tiene el lector. 

¿Es nocivo hablar de formas en la literatura?

Yo le tengo una enorme desconfianza a las etiquetas. En cuanto me dicen que esto es una ficción, esto es una no-ficción, mi impulso es buscarle la vuelta para que no lo sea. Nosotros no podemos leer sin etiquetas, es una realidad. Y los escritores sabios trabajan con ese conocimiento. Yo creo que el lector necesita confiar en sus juicios, en su deseo de libertad y ver lo más libremente posible, que no le importe si el escritor ha asesinado a su abuelo, que no le importe si el escritor es rico o pobre, que no le importe que sea hombre o mujer. A partir de allí podremos leer libremente. 

¿Y qué opina usted de la idea del canon de la literatura? 

El canon empieza en la Biblioteca de Alejandría en el siglo III como un intento de ayudar al lector porque había un millón de textos.Entonces usted iba y pedía una obra de filosofía griega y le preguntaban por cuál. El librero comenzó a hacer lo que llamó pinakes, es decir, catálogos en los lados, seleccionados, y son el canon. No se puede leer sin canon. Usted no puede decir que voy a leer cualquier cosa. Va a estar guiado de alguna manera por las etiquetas en una librería, la reputación de los grandes datos, pero esos canones cambian. El canon que fue establecido a partir del boom de la literatura latinoamericana cambia. Tenemos que incorporar otros nombres. Nos olvidamos también de otras personas. 

¿Y cuál es la influencia de los premios en la literatura? 

Si uno escribe para un premio es como interesarse menos en la literatura que ante el resultado económico que es una cosa importante. El valor del premio es que ayuda económicamente al escritor, y eso me parece excelente, pero no tenemos que atribuir al premio el equivalente de un valor para nosotros como lectores. El premio Nobel se le ha dado a muy malos escritores, y también a escritores excelentes que han sido reconocidos gracias a ese premio, pero tenemos que saber que ni Kafka, ni Borges recibieron el Nobel. Así que tenemos que ver las cosas en perspectiva.

 

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Andrés Osorio Guillott

Cultura

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