Alejandro Morellón: La realidad nos golpea a los escritores cuando nos supera

Para ganar el IV Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, el escritor madrileño Alejandro Morellón Mariano se sumergió en una fantasía muy tiznada de realidad, una realidad que confiesa que "muchas veces da un golpazo" en la cara a los escritores y los supera ampliamente.

Cortesía agencia EFE

"No puedo abrir un periódico sin encontrar una noticia que me deja del revés. Hace poco leí una que decía: 'un chino mata a mordiscos a un perro' y pensé que se habían equivocado, pero no", ejemplifica Morellón Mariano en una entrevista con Efe.

De esa realidad tan turbadora confiesa que recoge buena parte de su inspiración literaria, la misma que plasmó en su libro de relatos "El estado natural de las cosas" (editorial Caballo de Troya) que le granjeó el premio más importante de cuento en lengua española.

"Me inspira sobre todo el cine, los sueños que tengo, los libros que leo, la cotidianeidad y las noticias del periódico", señala el autor nacido en 1985 que con el premio espera dar el paso definitivo para adentrarse en la literatura.

De momento y gracias a los 100.000 dólares del premio que otorgan el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, podrá permitirse "salir de la precariedad" y dejar su trabajo de librero en la tradicional Cuesta de Moyano de Madrid para dedicar su tiempo por completo a escribir.

Probablemente seguirá abriendo -virtual y tradicionalmente- los periódicos cada mañana en busca de sus noticias como una que le pareció "tan relatable y trágica" que todavía no se ha atrevido a sentarse a escribir, la de un hombre que "para vengarse de su mujer se había tirado de un sexto piso con su bebé en brazos".

"Esa imagen del señor cogiendo al bebé y tirándose al vacío delante de la madre me parece terrorífica, esa violencia es tan relatable; hay tantas dimensiones en ese señor que se tira: se suicida, asesina y al mismo tiempo hace violencia de género", explica Morellón Mariano.

Sin embargo, el escritor asegura que en su labor creativa y "en la mayoría de los casos hay primero una imagen primigenia que luego deviene en relato".

"Es decir que no me siento a escribir pensando voy a hacer un relato sobre la precariedad laboral, viene antes un rollo más subconsciente, una imagen en una especie de nebulosa y luego ya sí vuelco toda esa realidad de forma automática", detalla.
Por eso, comienza a sembrar una idea que va desarrollando y cuando llega la hora de cosecharla se da cuenta de que está hablando de temas como el aborto, el arte contemporáneo o Dios.

"No son como canciones protestas o relatos anunciando algo real, es una idea que se va deslavazando", sostiene.

De un modo similar trabaja con los personajes que pueblan su única novela -"Y he aquí un caballo blanco", finalista del Premio Nadal, y su dos libros de cuentos, "La noche en que caemos" (Premio Fundación Monteleón) y "El estado natural de las cosas".

Sin embargo apuesta por construirlos de forma "muy abstracta", por lo que opta por no describirlos "ni ubicarlos en una gran ciudad o un continente conocido".

"Pocas veces me he entretenido en darle un volumen estético al personaje, me interesa que el lector ponga facciones al personaje, si digo que 'hay una mujer que va al banco y mata a todos los cajeros' me da igual que sea rubia, guapa, fea", apostilla el autor con un hablar pausado y convencido.

De esa manera hace buena su teoría de que un libro se construye "a dos cerebros", el del escritor que descompone una imagen en palabras y el del lector que lo recompone en su imaginación con las sugerencias que le deja el autor.
Así, "cada lector podrá dotar al personaje de unas facciones que considere" agrega antes de advertir que "obviamente si hay una razón para describir al personaje" lo hace.

"Pero por lo general las descripciones de personajes o lugares se me hacen muy impuestas por el encorsetamiento del 'best seller', sus lectores quieren saber si el personaje es rubio moreno, alto o bajo. Creo que en muchos caos se está haciendo un uso indebido de la descripción", dice.

Su futuro, sustentado e impulsado por el premio, lo ve sin la presión de ser el ganador del Gabriel García Márquez de cuento de 2017, porque los galardones de sus obras previas le "han dado cierta perspectiva" de que tiene presión, pero sobre todo "una cierta responsabilidad para con la gente" que lo ha premiado.

"La mejor forma de devolverle al premio todo lo que me ha dado y me va a dar, ese tiempo que me ha comprado para la literatura, es escribir algo muy bueno después. No es presión pero sí un aspecto motivacional que me interesa, te da un empujón, un alguien que dice: 'estoy vigilando tus pasos'", concluye.