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Amar no era eso (Opinión)

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No. Amor no era eso. Tampoco lo demás. Pero no se trata de definir qué es el amor, sino de qué estamos hechos, que no es ni bueno, ni malo, ni mucho peor que eso.

Estamos hechos, por ejemplo, de contradicciones, de memorias, de milagros poco religiosos, de órganos simétricos y también de un corazón completamente asimétrico. Por eso el libro de cuentos Todo son historias de amor (Tragaluz Editores, 2020), de la autora portuguesa Dulce Maria Cardoso, no trata de explorar la palabra amor, sino de hablar de nuestros abismos tan humanos, tan monstruosamente humanos. 

En ese abismarse que es “caer enamorado” es común que nos ofrezcamos al ridículo y a los imposibles. Solo un amante cree que puede amar a un ángel, que puede apostarlo o, lo que es peor, que el ángel puede amarle de vuelta, como en el cuento “Este azul que nos rodea”. ¿Por qué caemos? Acaso por mera distracción o ignorancia: “ser feliz es estar distraído” o, como diría otro de los personajes, “fui tan feliz como los ignorantes son felices en esta vida”. 

En las historias de amor, Cardoso habla de las máscaras que usamos para distinguirnos del resto. Pensaríamos de estas máscaras que son un engaño, pero además son lo que somos capaces de recordar: “la memoria también sirve para hacer que haya sucedido lo que no sucedió”. Y siguen siendo, sin embargo, un engaño: “las mentiras no servirían para nada si no nos hicieran sentir mejor”. 

Dulce Maria escribe como Dulce Maria, así, sin tilde en Maria. Y siendo ella misma habla como una perra, Jinja, así, Jinja con jota. Es una propuesta novedosa de narrador omnipresente, como omnipresentes son los perros callejeros, y a la vez íntimo. Una forma de hablar de una ciudad, en este caso Lisboa, desde quien ha muerto. 

Lo monstruoso es lo que permite que cada voz en cada relato sea tan distinta. Se trata de gente ordinaria que hace algo extraordinario: en “Olmos” una mujer lee el futuro en las hojas de estos árboles; y en “Humal” un jorobado tiene el canto más bello, pero solo canta cuando sufre, así como muchos solo crean belleza en el dolor, hasta que se acostumbra a ese sufrimiento. En este libro, las ilustraciones de Alefes Silva hacen su propia lectura: los personajes se presentan con deformidades diferentes, como los amores diferentes que se nos presentan. Aun así, cada figura tiene su estética, su delicadeza, pues en la monstruosidad también hay belleza. 

Cardoso muestra que un cuento no necesariamente desarrolla un acontecimiento intenso, sino que también puede filosofar sobre el ‘yo’ o contar historias “para ahuyentar el miedo”. No sabremos cómo será el final de esas historias, o de la nuestra, pero que ojalá nos tome con “los labios entreabiertos suspendidos en la palabra ama”. 

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