Ángel Boligán, pescador de historias pintadas que busca elegancia de formas

Para Ángel Boligán, el cubano-mexicano considerado entre los mejores caricaturistas de América Latina, el oficio de dibujar se parece al de los pescadores submarinos que siempre tienen la posibilidad de apostar por la perla preciosa asentada en el fondo del mar.

Cortesía Twitter de Ángel Boligan.

"La musa es una cabrona; la mía es como una mula terca, pero creo en la filosofía de los buzos. Ellos descartan los peces chicos en colores de la superficie, las ideas fáciles en mi caso, para ir por la perla, el dibujo que otros no tienen", aseguró en entrevista a Efe el artista de 52 años.

Se trata de un creador con exposiciones en medio mundo y decenas de premios internacionales, que llegó a México en 1992 y este año celebró sus bodas de plata en el país que lo acogió y lo distinguió con los premios nacionales de periodismo de 2009 y 2014.

Nacido en San Antonio de Los Baños, el pueblo de las afueras de La Habana por donde llegó al mundo el trovador Silvio Rodríguez, de niño Boligán soñaba tocar guitarra y llenar los teatros como su vecino, pero a la tercera semana de su clase de música le aconsejaron tomar otro camino porque carecía de talento.

"Yo soy de una familia campesina; en casa no teníamos idea de lo que era el arte. De niño me gustaba pintar mis papalotes y a los 14 años encontré lo mío cuando en San Antonio hicieron una bienal de caricaturistas. Vi a aquellos hombres pintando a la gente y decidí que el resto de mi vida solo quería hacer eso", dijo.

Boligán estudió Artes Plásticas en Cuba y eso le permite ver la caricatura desde un punto de vista más artístico que de contenido; apuesta por la elegancia en las formas, aunque reconoce la importancia de dar un buen mensaje.

"El buen dibujo se logra con un equilibrio entre contenido y forma. No creo que la rapidez sea importante hoy en día; es preferible descubrir el otro ángulo", estimó el autor de seis libros, entre ellos "Las mentiras del amor", recién salido a las librerías.

Es un artista chapado a la antigua que dibuja con plumilla en una cartulina del tamaño del escáner, aunque la modernidad lo obligó a adaptarse y usa el fotoshop y los programas modernos para sus colaboraciones con diarios y revistas.

"La tablet solo la uso cuando viajo para poder dibujar en los aviones. Puedo trabajar en cualquier lugar y a la hora que sea, pero prefiero las noches", refirió.

Boligán recibió en 2016 el premio "La Catrina" de la Feria del Libro de Guadalajara y hace unas semanas se convirtió en el tercer extranjero de la historia en ganar el "Premio Vaca 2017" que entrega el prestigioso Salón de la Caricatura de Saint Just Le Martel, a unos 15 kilómetros de la ciudad francesa de Limoges.

Explicó que el premio que consiste en una vaca real que es llevada al Salón y entregada al ganador. El animal se queda en Francia y es entregada una réplica más pequeña en porcelana.

"El año pasado me invitaron a presentar la principal exposición del Salón, con 100 dibujos, y este me dieron el premio. Fui centro de bromas porque hay leyendas alrededor de los cubanos y las vacas que no podemos consumir en la isla", contó.

"Yo me sumé a las bromas y convencí a los amigos que la iba a traer (la vaca) en primera clase para que tuviera más espacio en el avión y luego la iba a poner en el patio", aseguró.

Saint Just Le Martel es un pueblo ganadero y un campesino le compró la vaca de 1.100 kilos, pero para el artista lo valioso fue el reconocimiento de uno de los santuarios de la caricatura en Europa.

Hace como 30 años a Boligán lo mandaron a la guerra de Angola, pero la caricatura lo salvó de involucrarse en las filas porque en un festival en la ciudad búlgara de Gabrovo, a unos 200 kilómetros de Sofía, le dieron un premio y mejor lo enviaron a ese país.

"Los búlgaros creen que me salvaron la vida porque en Angola me podían haber matado; quizá sea verdad", dijo.
Ahora, lleno de vida, compara su oficio con el pozole mexicano, lleno de condimentos, y defiende la idea de poner a su sopa una porción de poesía. Reconoce que siempre hay tentaciones para caer en el facilismo, pero confía en tener la fórmula infalible para huir de la mediocridad: su filosofía de pescador de historias pintadas.

"Hay que bajar a lo profundo en silencio y no hacerle caso ni siquiera a los peces medianos. Allá abajo hay una perla y es la que tienes que sacar", aseguró. 

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