Escritura Indígena

Antiguo recién llegado

Miguel Ángel López (Vito Apüshana) nació en 1965 en Carraipia, población cercana a Maicao, La Guajira, Colombia. Poeta, profesor de la Universidad de la Guajira. Ha hecho de la palabra el honor de ser contada.

Primero fue el pájaro Utta el encargado de traer y llevar la palabra. No era una misión menor porque la palabra es el centro de la organización social wayuu y el principio de su cosmogonía, es la que porta la herencia de los mayores para que la identidad no se pierda, es el recurso de los clanes para solucionar los problemas, es el consejo ancestral para hacer el bien. La palabra es como una anciana sentada a la puerta de los días y va contando a las generaciones venideras lo que ha vivido. La palabra marca, enseña y reafirma su pertenencia al territorio, la palabra es ser, estar y hacer wayuus.

Utta dio organización a los clanes y dejó la palabra en el centro como principio inalterable, por eso quien incumple a la palabra, incumple a su principio como wayuu. Cuenta la historia que cuando Utta llegaba decía: “—Ah aquí me han mandado con este mensaje. —¡Ah! Si te han mandado debes hacerlo bien, la palabra debe ser llevada de una manera recta, en una sola dirección, no debes ocasionar otro problema, porque la palabra siempre debe ser bien llevada, por eso esperamos que lo hagas bien, ya que te han mandado hacia nosotros por ser un hombre serio y correcto. —Ah, así lo haré —decía Utta”. Desde entonces han sido varios los encargados de llevar a Pütchi, que significa a la vez voz y palabra. Todos ellos, los que la portan, son de alguna forma pütchipü, o palabreros, seres esenciales del pueblo wayuu que se encargan de mediar los conflictos. Su tarea es agotar la palabra antes de agotar la vida.

Pütchikalü Anachonwaa, o lo poético

El día que a Vito Apüshana le preguntaron por la poesía, contestó: “La poesía es un componente estructurante y hacedor de lo cotidiano, común y fatigante, presencial e inatrapable, sombra insinuante. Luz de los bordes, aire minúsculo entre las hierbas, aura envolvente en las siestas; la palabra, al nombrarla, anuncia su estela, pregona su cercanía o su reciente partida; pero no le está dada atrapar su esencia. Sin embargo, ello es suficiente”.

Vito Apüshana es un poeta wayuu que ha habitado de cerca el mundo arijuna, como se nombra en wayuunaiki lo no indígena, y desde su saber ha creado un puente entre esos dos mundos que en una edad temprana se le asomaron a los ojos en Carraipia, municipio de La Guajira de donde es oriundo. A los 11 años, un conflicto entre clanes hizo que sus padres lo enviaran a Medellín huyendo de la guerra. Allá pasó nueve años en los que continuó el colegio y estuvo a punto de ingresar a la universidad. Desechó la idea porque recordó el conocimiento que tenían sus abuelas en La Guajira y eligió seguir la senda de sus ancestros allá mismo en el territorio, porque al final su proyecto estaba en esa primera imagen del clan Apüshana, o los protegidos por el zamuro o gallinazo. Así lo describió en Raíces:

“Caminando hacia la ranchería materna, escuchamos una voz de lejanos lugares que sólo entiende el corazón sereno, y recibimos una mirada que únicamente veremos en el sueño, y sentimos una presencia de infinitos ancestros que nos impide abandonar la piedra y el polvo de este sendero nuestro”. Para Vito Apüshana y otros escritores indígenas del wayuunaiki, hay dos principios claros que enfocan en su literatura: primero, son descendientes del primer palabrero pájaro, Utta, habitando la palabra desde distintas órbitas hasta hacerla poesía. Segundo, la oralidad de la palabra es testimonio de vida y resistencia del pueblo wayuu. Aunque hagan escritura, nada reemplaza el verbo hablado. Es ahí donde el escritor se hace puente entre el origen sagrado y el mundo arijuna.

Es Vito Apüshana una suerte de palabrero entre nosotros, los que desconocemos la trascendencia de su pueblo, y entre ellos, los antiguos habitantes del territorio, quienes se mantienen fuertes en el valor de la palabra y la dignidad de su resistencia. “Yo, en cambio, escribo nuestras voces para aquellos que no nos conocen, para visitantes que buscan nuestro respeto. Contrabandeo sueños con arijunas cercanos”. Acercarse a la literatura de Apüshana es darnos la oportunidad de encontrar los distintos caminos que tienen la vida y la muerte, sentir cerca a quienes habitan estos territorios desde el origen de la existencia. Leer a Apüshana es afirmar la vida y abrazar la palabra indígena como promesa cercana del Abya Yala, o sea, América misma. “Crecemos, como árboles, en el interior de la huella de nuestros antepasados. Vivimos, como arañas, en el tejido del rincón materno. Amamos siempre a orillas de la sed. Soñamos allá, entre Kashii y Ka’i (el Luna y el Sol), en los predios de los espíritus. Morimos como si siguiéramos vivos”.

 

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