Antonio Muñoz Molina en sus palabras

Una breve recolección de frases y puntos de vista del autor de libros como ‘Sefarad’.

El escritor Antonio Muñoz Molina durante la rueda de prensa que ofreció en la Casa de América de Madrid, después de conocer que ganó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. / EFE
El escritor Antonio Muñoz Molina durante la rueda de prensa que ofreció en la Casa de América de Madrid, después de conocer que ganó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. / EFE

Antonio Muñoz Molina milita en la palabra. Es escritor y militante de la palabra. Y puede que ambas cosas no sucedan al tiempo. Cuando las dos habitan la misma persona lo que sucede es que hay un trabajador diario de un oficio que requiere silencio y soledad. Después viene la industria editorial y sus compromisos y demás elementos de una economía de mercado. Pero primero fue lo primero: alguien que se sienta, piensa y escribe.

Un escritor que, a sus 57 años de edad, critica descarnadamente su propio país. Un hombre que ejerce el pensamiento para producir una suerte de análisis acerca de qué sucede en el mundo actual a través de la ficción o el ensayo. Y algunos lo han llamado traidor y otros lo han aclamado como mesías. Ninguna de las dos. Muñoz Molina practica una forma de la disidencia en un mundo que se entrega fácilmente al sectarismo y las divisiones.
En parte de su obra se refleja España, claro, pero el conjunto de su trabajo abarca la condición humana como materia prima; otra cosa que tampoco sucede siempre que se trata de escritores.

Con el anuncio del Premio Príncipe de Asturias de las letras aún fresco vale la pena escuchar lo que tiene para decir este hombre. Una breve colección de sus palabras, pronunciadas en conferencias, discursos y entrevistas:
“Es importante no dejarse llevar ni por el esencialismo ni por el pesimismo incondicional, que son hábitos mentales muy frecuentes en nuestro país”.
“La buena escritura sucede en la soledad y el silencio y, aunque en ella se distinga claramente una voz, nunca será una voz que hable a gritos o dé órdenes”.

“…hay que tener mucho cuidado con el populismo, esa enfermedad a la que parecen tan proclives las sociedades hispánicas. Te descuidas y tienes a un salvador de la patria arengando a la multitud desde un balcón, y presentándose como el enviado de la Providencia, sea ésta de derechas o de izquierdas”.

“Como el olvido es tan fácil, hay que elegir qué recordamos, y hay que asegurarse que se recuerda la verdad y no una mentira consoladora”.
“La literatura, como el flamenco y el jazz, se pierde en esos grandes espacios más adecuados para las estrellas de la música pop y los políticos populistas. Por eso siempre he pensado que hay dos tipos de escritores: los que parecen dirigirse siempre a un gran auditorio y los que hablan en voz baja; los que claman en un micrófono para asegurarse de que sus voces llegan a las últimas filas de un gran teatro y los que le hablan a cada lector como si fuera la única presencia en una habitación no mucho más grande que el estudio en el que el acto de escribir o el de leer suelen tener lugar”.

“Los expertos en brujería han actuado y actúan en todo el mundo, y en los sitios más prestigiosos. Alan Greenspan, el que fue presidente de la Reserva Federal, era tratado, más que como un economista, como un brujo omnisciente, una especie de papá infalible y enigmático. Y vuelvo a insistir: no hay fracaso irreversible, no hay fracaso total. Nos hace falta ponernos de acuerdo, cambiar cosas fundamentales en el sistema político, dotarnos de una administración profesional, austera y eficiente, por ejemplo en campos tan decisivos y tan abandonados como el de la justicia. Pero hacer las cosas bien a veces es incluso menos trabajoso que hacerlas mal”.

“La irresponsabilidad de las élites las pagan los pueblos enteros, y eso tiene que ver también con la idea de que la historia es, digamos, inevitable. La Guerra Civil ocurre porque era ine-vitable, nos dicen. Pues no, la Guerra Civil se produce por varias razones. Durante mucho tiempo, la élite política se dedicó a exacerbar al máximo el enfrentamiento y la violencia. Ahora se quiere idealizar aquella época. ‘Ahora no hay parlamentarios’, se llegó a decir; los de la República, esos sí que eran unos verdaderos parlamentarios. Y se olvida el hecho de que se ponía una caja a la entrada del Congreso para que esos parlamentarios depositaran sus armas de fuego”.

“En países como el nuestro a los profesionales de la política nunca les falla el olfato demagógico. El desprecio por el conocimiento y por la imaginación creativa puede ser dañino para la economía, pero no perjudica al dirigente que lo pone en práctica: incluso, bien manejado, le puede deparar algunos réditos populistas”.

“El escritor, o al menos el que a mí más me emociona, es el que no cuadra, la mujer loca en el ático, el solitario, el patito feo; también la oveja negra, el hijo pródigo, incluso el chivo expiatorio; el que dice, con una cabezonería contenida pero inamovible, como el Bartleby de Melville, o como la muy real Rosa Parks, ‘preferiría no hacerlo’ Al mismo tiempo aislado y peligrosamente visible, raras veces propenso al espíritu de grupo y a la celebración colectiva, un escritor acaba representando a veces a aquellos que no se integran, los que quedan al margen, los que desfilan con el paso cambiado, los que no van al templo o van al templo menos conveniente, los que se quedan en la cama en las fiestas nacionales, los que se niegan a actuar de acuerdo con las reglas de su fe, de su sexo, de su origen, de su patria o de su raza”.

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