Aprender en la nube: la educación del futuro

“¿Será que hemos llegado a una época en la que saber es obsoleto?”. La pregunta la formula Sugata Mitra, un académico indio que desde hace un par de décadas ha realizado una serie de experimentos que, desde su visión, demuestran que el sistema educativo no está quebrado, tan sólo es inútil.

Sugata Mitra comenzó a ser conocido internacionalmente hace más de una década por sus experimentos “el hueco en la pared”./ Flickr: campuspartybrasil
Sugata Mitra comenzó a ser conocido internacionalmente hace más de una década por sus experimentos “el hueco en la pared”./ Flickr: campuspartybrasil

Mitra parte de la premisa de que la educación, como es concebida hoy en día, nació en tiempos del dominio colonial inglés con el fin de producir gente para el enorme aparato burocrático que a su vez soportaba el Imperio.

Pero el Imperio ya no existe y las necesidades que creó se quedaron en el pasado.

Una hipótesis radical, casi incendiaria: un niño, en cualquier idioma, puede desarrollar las mismas habilidades de una secretaria promedio si experimenta con un computador tan sólo nueve meses.

Un ejemplo surrealista. En una aldea remota de India, en donde el inglés es un idioma casi desconocido, un grupo de niños comienza a experimentar con un computador (cuya información no sólo está en inglés, sino habla acerca de biotecnología y ADN). Después de cuatro meses, los menores, que no habían visto un aparato de estos antes, lograron entender que la replicación errónea de las moléculas de ADN conlleva a la enfermedad.

El nombre de Sugata Mitra comenzó a ser conocido internacionalmente hace más de una década, cuando empezó a realizar una serie de experimentos conocidos como “el hueco en la pared”: darles un computador a niños que no sabían inglés ni habían visto una máquina de estas.

Literalmente, el hueco en la pared. Hace 14 años, Mitra trabaja como desarrollador de software y docente. Su instituto colindaba con un sector deprimido de Nueva Delhi y en una de las paredes Mitra hizo un hueco y puso un computador, como si se tratara de una repisa. Los niños llegaron a preguntar qué era. Él dijo que no sabía. ¿Podemos tocarlo?, preguntaron. Sólo si quieren, respondió el académico. Después de ocho horas con el computador, los niños ya estaban navegando.

Los resultados le sugirieron a Mitra que la educación es un proceso que debe suceder con la mediación de un profesor, sí, pero sin la interferencia de éste. “En vez de enseñarles qué es una tangente, es mejor preguntarles cómo harían para averiguar si un meteorito puede aniquilar la Tierra y sugerirles que la tangente puede ayudarlos”, explica el académico.

La ecuación de esta forma de aprendizaje es tecnología + buenas preguntas + motivación.

La idea de Mitra es construir un laboratorio educativo en la nube. ¿Qué significa esto? Una especie de hangar en donde todo, desde las luces hasta los contenidos, llegan por internet. El propósito es que, haciendo las preguntas correctas, los niños, dice Mitra, averiguarán colectivamente las respuestas: aprenderán entre todos lo que se necesita para solucionar el problema.

Una de las consecuencias de atreverse a pensar en esta posibilidad es que, tal vez, esta podría ser una forma de nivelar el acceso a la educación: no es necesario ir a las mejores escuelas con los mejores profesores, tal vez lo que se necesita es una conexión de banda ancha y una buena motivación; el resto se va construyendo entre grupos de estudiantes. “Es una forma de igualar el campo de juego”, dice Mitra.

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