La apuesta por el Premio Nobel de Literatura

De acuerdo con la casa británica de apuestas Ladbroke, Haruki Murakami recibiría mañana el galardón, tan prestigioso como criticado por la forma en que elige a sus ganadores.

El escritor japonés Haruki Murakami, Peter Nádas, autor húngaro y William Trevor, escritor irlandés.
El escritor japonés Haruki Murakami, Peter Nádas, autor húngaro y William Trevor, escritor irlandés.

Haruki Murakami sigue en el primer lugar de la carrera por el Premio Nobel de Literatura, al menos en lo que se refiere a las apuestas, particularmente las que se hacen a través de Ladbrokes, una empresa británica dedicada a tasar el futuro desde 1886.

El autor japonés cuenta con una probabilidad de 2/1 (al menos hasta el cierre de esta edición), lo que implica que la mayoría del dinero se está apilando de su lado del río. En la lista siguen el escritor húngaro Peter Nádas (su probabilidad es de 5/2) y el autor irlandés William Trevor (7/1).

Más abajo en la lista se encuentran Mo Yan (8/1), Alice Munro (8/1) y Bob Dylan (10/1), quien aparece una y otra vez como uno de los opcionados a llevarse el premio literario más codiciado del planeta.

Claro, lo que sucede en Ladbrokes son sólo apuestas, pensamiento definido por el deseo, así sea el deseo literario. Aunque cabe recordar que el año pasado, poco antes del anuncio del ganador, el peso de los apostadores estuvo del lado de Tomas Tranströmer, poeta sueco que recibió el Nobel de 2011.

El repentino cambio en el sentir de los apostadores del año pasado es testimonio del dinamismo y la incertidumbre misma del negocio. Apenas hace un par de semanas, el holandés Cees Nooteboom estaba entre los primeros cinco lugares y el estadounidense Philip Roth (ganador este año del Príncipe de Asturias de las letras) no había salido del top 10. Hoy han caído a los puestos 7 y 16, respectivamente. Murakami ya era el número uno en ese entonces.

Nadie sugeriría con alguna sensatez que las apuestas terminan por decidir quién se queda con el Nobel de Literatura (tal cosa podría ser un delito, tal vez incluso para el sistema penal sueco). ¿Qué cuenta entonces para los jurados?

La Academia se compone de más de 20 miembros, en su gran mayoría académicos suecos y casi todos bordeando los 60 años. Tan pocas personas para comprender el amplio espectro de la literatura universal y destacar lo mejor de ella. Claro, el trabajo depende en parte de expertos de todo el planeta, quienes hacen una especie de preselección con miras a ampliar el horizonte de los jurados finales.

Más allá de que estos expertos mundiales han resultado ser conocidos de las personas a quienes nominan, según algunos reportes, lo que esta red de colaboración trata de sortear es un problema sin solución que está en el corazón mismo de todo premio, más de uno que se precia de ser global e imprescindible: la producción literaria, incluso la de calidad, es demasiada para quedar en manos de poco más de 20 seres humanos.

De acuerdo con la Academia, en febrero, la institución recibe más de 200 sugerencias de todo el mundo; para abril ya existe una lista de 20 nominados y en mayo se aprueba un grupo de cinco autores. Nadie puede ganar un Nobel sin haber estado en este último listado al menos por dos años.

El Nobel de Literatura resulta particularmente complejo porque su mayor mérito depende del uso de una herramienta como el lenguaje, diverso, lleno de sutilezas a veces profundamente enraizadas en un contexto cultural muy distante de la fría Suecia, lugar de nacimiento de la mayoría de los jurados. Claro, hay traducciones, incluso al sueco. Pero, ¿qué tanto de la riqueza literaria se queda en el camino que pudo haber destacado a un poeta nigeriano por encima de un novelista europeo, anglosajón incluso? La Academia se precia de dominar 13 idiomas.

Las demás disciplinas pueden apegarse, en mayor o menor medida, a los hechos. Una investigación médica, un avance en física, un descubrimiento en química, un modelo para comprender la economía, todos son méritos comprobables que, en teoría al menos, pueden pelear en franca lid contra el trabajo de otros para ser reconocidos. También pueden mediar la política y los intereses de los humanos, pero la discusión al menos se hace con base en la ciencia, en los datos. Lo del Nobel de Paz es otro tema y, bueno, por eso uno de sus ganadores es el presidente de un país capaz de sostener dos guerras al mismo tiempo.

Al respecto del Nobel de Literatura, Tim Parks, novelista y ensayista británico escribió: “Una decisión de estas nos recuerda la esencial tontería del premio y de nuestra propia ridiculez al tomarlo en serio”.