Apuestas por el arte

Debido a la dificultad para conseguir obras de arte clásicas, las casas de subastas Christie’s y Sotheby’s pidieron a Nahmad (acusado de lavar dinero a través de apuestas ilegales) que pusiera a la venta dos de sus obras más valoradas. ¿Es una jugada legítima?

‘Studie zu Improvisation’, de Wassily Kandinsky (1866 - 1944), era propiedad de la familia Nahmad. Fue vendida en US$21 millones el pasado 18 de junio. / Fotos: Christie’s Images Ltd.
‘Studie zu Improvisation’, de Wassily Kandinsky (1866 - 1944), era propiedad de la familia Nahmad. Fue vendida en US$21 millones el pasado 18 de junio. / Fotos: Christie’s Images Ltd.

Hillel Nahmad, llamado en su círculo Helly Nahmad, es un galerista neoyorquino que aparece cada tanto en prensa, acompañado de grandes estrellas, de Leonardo DiCaprio y Orlando Bloom. Su familia, proveniente de Alepo, Siria, ha forjado una fortuna cercana a los US$3.000 millones, según la revista Forbes, y desde los años cincuenta ha penetrado en el mercado del arte hasta poseer numerosas obras de Picasso, Dalí y Miró. Son reconocidos porque la mayoría de sus transacciones comerciales de arte las realizan a través de las grandes subastas de las casas Christie’s y Sotheby’s. Dueños de cerca de 3.000 pinturas, que guardan con celo en una zona franca de Ginebra, Suiza, los Nahmad ponen a la venta cada tanto algunas de esas preciadas obras, que son adquiridas por millones de dólares. La última venta de su catálogo, en la subasta del 18 de junio de Christie’s en Londres, fue el Paul Guillaume de Amedeo Modigliani: un comprador anónimo europeo la obtuvo por US$10 millones. En esa misma ocasión fue transada otra de sus obras, Studie zu Improvisation, del pintor Wassily Kandinsky, en US$21 millones.

Las pinturas de la familia Nahmad (que posee una galería en Nueva York y otra en Londres) ocuparon los dos primeros lugares de las ventas ese día. Para ellos, quizá, fue motivo de gozo. Podría pensarse que los resultados, entregados por la casa el mismo día en que finalizó la venta, fueron bajos: la subasta sumó US$100 millones. Si se la compara con la subasta de arte contemporáneo ocurrida el 16 de mayo, el resultado sí resulta menor: en ese entonces, Christie’s vendió US$638 millones.

En el mercado del arte es más sencillo conseguir obras contemporáneas que clásicas, de modo que eso podría explicar el descenso de las ventas. Pero Christie’s, como intermediaria, pedía más. La bloguera del New York Times Carol Vogel dijo que la casa de subastas, junto con Sotheby’s, “se ha basado en el inventario acumulado por los Nahmad (...) para que les suministren muchas de sus obras más caras”. De allí salieron las dos de la subasta: de una de las familias más ricas del mundo.

La transacción, en primer lugar, parecería normal: un distribuidor de arte privado utiliza la casa de subastas para vender sus obras a un comprador anónimo. Así funcionan las ventas en arte. Sin embargo, este caso tiene un detalle especial: dos meses atrás, los computadores y archivos de la Galería Nahmad en Manhattan fueron registrados por el FBI luego de que Helly Nahmad fuera acusado de conformar, junto con 34 personas más, una red de apuestas ilegales por internet con conexiones en Rusia, cuyos dineros pasaban a través de empresas en Chipre. La red estaría liderada desde Rusia por Alimzhan Tokhtakhounov, uno de los gángsteres más buscados en ese país.

La justicia de EE.UU. acusó a Nahmad de lavar US$100 millones y financiar la red. Nahmad, a través de su abogado, negó los cargos. Su padre, David, dijo que no sabía nada. Sin embargo, las autoridades dicen que Helly Nahmad transfirió cerca de US$1 millón a la cuenta de su padre en Suiza y que, cargos aparte, cometió estafa al vender un cuadro por más del doble de su valor original.

La investigación de The New York Times fue más allá. En una de las conversaciones interceptadas por las autoridades a Nahmad, éste le dice a una mujer de nombre Lisa: “Algunas veces los bancos necesitan una justificación para una transferencia, ¿no? Podemos decir que estás comprando una pintura, si necesitas una justificación. ¿Me entiendes? Y tú sólo dices, ah, sí, compré un dibujo de Picasso o algo así”. Nahmad ha dicho en varias entrevistas que su familia comenzó en el negocio del arte por la pasión que profesaba a los artistas: cuando se desplazaron a Milán, a mediados de los años 50, crearon una conexión robusta con galeristas y coleccionistas de la zona. Así, los tres hermanos Nahmad (Ezra, Giusseppe y David, padre de Helly ) fueron abriéndose camino en el mercado del arte. Ese emporio pasó a manos de Helly Nahmad, de 34 años, que compró entera la planta 51 del edificio Trump en la Quinta Avenida de Nueva York, que fue expulsado hace años de la escuela Dalton (reconocida institución de Manhattan), que pasea con su Rolls Royce por la ciudad. Nahmad entrará a juicio en el verano de 2014. La fiscalía pide 90 años de prisión. Su abogado, el mismo que tuvo Strauss-Khan, tratará de rebatir esa condena.

Más allá de las acusaciones legales contra Nahmad, tanto Christie’s como Sotheby’s quedaron en el centro del debate. ¿Hasta dónde es legítimo pedirle a un acusado que venda sus obras a través de esos intermediarios? ¿Hasta dónde llega el monopolio de obras de arte que posee la familia Nahmad? Tener un gran número de obras de Picasso, ¿no ayudaría a sostener los precios de éstas al precio que le plazca a su dueño? ¿Quién controla los precios de las obras de arte? Una situación similar se da con la familia israelí Mugrabi, que posee 800 obras de Warhol y uno de los retretes de Duchamp. En el documental La búrbuja del arte contemporáneo, del periodista inglés Ben Lewis, José Mugrabi aseguraba que no protegía los precios de sus obras: “(Warhol) es mi artista. Es algo que amo. Es mi pasión. ¿Qué quiere decir que si protejo los precios? No protejo a nadie. Yo sólo me protejo a mí mismo porque amo a este artista”.

Entre el amor al arte y las transacciones multimillonarias, los distribuidores de arte mueven el mercado en dos de los centros más reconocidos: Nueva York y Londres. En el medio están las galerías, que se proveen de esas transacciones esenciales. De hecho, cuenta El País de España, Nahmad continuaba vendiendo y haciendo tratos desde su oficina, aun después de tener que entregar sus pasaportes y de que su nombre fuera señalado. No interesa. Todo es por amor al arte.

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@acayaqui