Arte y conocimiento: experiencia del tour Us and Them en el Barclays Center

El 11 de septiembre, a las ocho de la noche, las sillas del Barclays center estaban casi todas ocupadas. Todos esperaban, acompañados o en solitario, que Roger Waters saliera al escenario. La mayoría miraba ansiosa a la gran pantalla que había enfrente de ellos, o a la tarima debajo de la misma, esperando una señal de inicio de algo que sería inolvidable.

Imagen de Roger Waters, una de las legendas del rock.

Ocurre lo primero. En la gran pantalla se proyecta una escena de una mujer en una costa mirando hacia al mar, con una música que hace sentir sufrimiento, incomunicabilidad y aislamiento. Al verla, todo el mundo empieza a alzar voces, pidiendo a gritos la presentación de uno de los más grandes músicos del rock para olvidarse de la cotidianidad por un momento y penetrar en otra realidad. Pero aún los espectadores deberán esperar unos cuantos minutos. Llega por fin la tan esperada señal de inicio, tan aclamada: aparecen unas imágenes rojas, a lo que les sigue la potente canción de Breathe del álbum The Dark Side of the moon. En ese momento todos se entregan fervientemente a la contemplación estética de la misma y de las imágenes que la acompañan. Esta contemplación no desaparece sino que, a medida que avanza el concierto, se va haciendo más y más intensa.

A partir de ese momento, la gran gran mayoría empieza a intuir la existencia de un hilo fundamental que atraviesa cada una de las canciones de este concierto. Tal hilo es lo que permitirá que todas estén conectadas, creando un todo coherente y, al mismo, bello estéticamente. Este hilo comienza con la contemplación ya mencionada, pues es un rasgo que irá alcanzando un significado superior en tanto elemento de reunión de lo que está separado por la arbitrariedad de la costumbre. Todos están en el Barclays, independiente de las diferencias que hacen a lo individual irreconciliable, para disfrutar de la música tocada por Waters. Todos quieren sentir el placer de escuchar varias canciones que estremecen las fibras, gritarlas fuertemente y, al mismo tiempo, gozar viendo a a quien las ejecuta. Sí, todos quieren excitar el oido y la vista con esta presentación. Waters no los decepciona con su deseo, y les muestra que es un gran ejemplo de la ejecución de lo que debería hacer también el arte que consiste en unir a todos creando comunidad en la alegría.

Sin embargo, la comunión establecida en el Barclays alrededor de Waters, no se queda en el mero placer estético. Sí, algunos de los que están allí quieren permanecer e intensificar la satisfacción del oido y la vista. Unos se entregan a la bebida fervientemente; otros fuman marihuana ocultamente, temiendo que alguno de los miembros de seguridad logre verlos, con el fin de aumentar la posibilidad de sensaciones. Ambos grupos quieren entrar en otros estados de consciencia a través de la combinación de sustancias, música e imágenes. Pero no todos los espectadores están en esa juerga. Hay quienes intuyen que Waters no quiere quedarse ahí, sino que desea también que la música despierte la consciencia y la despliegue hacia algo que solo conoceremos completamente hasta haber terminado la presentación. Quiere que sí, gocemos de su música y de las formas que despliega ante nosotros, pero que al mismo tiempo penetremos en el ser, es decir, en el significado ontológico fundamental de todo eso que ha estructurado para nosotros.

Quienes son capaces de intuir este juego entre placer estético y conocimiento simultáneo, en el que Waters es un ejecutante excepcional, logran hacerlo muy pronto. Este tipo de espectador es capaz de entregarse al fervoroso placer estético que despierta ver los relojes proyectados haciendo tic-tac al mismo tiempo que suena la canción de Time; lo mismo le ocurre al escuchar Welcome to the machine, y al ver la maquina andando en un desierto; lo mismo ocurre al ver aquellas dos manos que intentan asirse, en las que media una distancia no muy larga, pero considerable, al tiempo que escucha la canción Wish you were here y luego las ven al final fragmentarse; lo mismo con la gran presentación de una fabrica emergiendo al son de la canción Dogs. Pero esto solo es placer estético, placer del ojo en la escenografía, placer del oido en los sonidos musicales o ambas si se quiere. ¿Donde esta el conocimiento unido a este placer? ¿Hacia donde se despliega la consciencia? El espectador empieza a acercarse al significado de cada uno de estos temas unidos a imágenes específicas, relacionándolos entre sí, en los que presiente una conexión fundamental que solo se irá haciendo clara con el avance de la presentación y que solo al final estará cargada de una significación superior al completarse como totalidad.

En Time el espectador es capaz de asir la idea de que la vida humana se desgasta en actividades en las que no se reconoce a sí misma; en Welcome to the machine su lucidez aumenta en grado sumo acerca del trabajo enajenado, en el cual la condición humana es rebajada a un simple engranaje de un todo mecanizado; con Wish you were here es capaz de asir la idea de la gran distancia que existe con el otro y, en el momento en que ambas manos se fragmentan, comprende y siente con dolor que quizás esa distancia sea irresoluble; en Dogs es consciente de las lógicas salvajes del capitalismo y sus consecuencias, a saber, la desconfianza y el aislamiento que despierta entre los individuos. Son a estos significado a los que se acerca este espectador,  a partir de una música que toca sus fibras y de unas escenas que son deleite para su visión. No obstante, estos significados aún les hace falta una hilo conductor que les dé una mayor cohesión como un todo.

Dicha conexión entre Time, Welcome to the machineWish you were were y Dogs es clara una vez que el espectador, habiendo encontrado el significado de cada una remitiéndose a otra, toma esos significados y haya una síntesis que los reúne. Lo que llegan a transmitirle, apropiadas como totalidad, son las consecuencias de un mundo basado en el utilitarismo salvaje capitalista. La idea de libre competencia crea condiciones en las cuales los individuos se enfrentan a toda costa (Dogs), engañándose, utilizándose como herramientas unos a otros, para alcanzar sus propios fines. No hay espacio en condiciones así para la confianza, pues quien confía tiene el riesgo de ser traicionado y perder en este sistema (Wish you were here). Es por eso que, en dado caso de que exista un vencedor, además de utilizar ardides que lo hacen un cerdo en contra de quienes quieren quitarle su trono (Dogs), debe mantenerse como tal explotando otros individuos para sí. Algunos de éstos, están luchando entre sí para vender su fuerza de trabajo a un cerdo dueño de los medios de producción, a cambio de la vida que se desgastará en tareas en que no se reconoce a sí misma (Time y Welcome to the machine); otros son sometidos utilizando la fuerza por estos cerdos. Finalmente, los explotados toman consciencia de su situación, y se alzan en una guerra despiadada contra sus explotadores. En esta guerra salen afectados quienes no tienen una acción directa. El miedo a perder la vida en manos del otro se hace cada vez más intenso. No hay espacio para las relaciones de confianza. El espectador es consciente de que habita en un mundo en el que reina el miedo, el aislamiento, la desconfianza, el pánico y el dominio del más fuerte.

Este es el hilo conductor que este espectador es capaz de asir en los temas mencionados una vez tomados en conjunto. Pero pronto, al avanzar más y más, se da cuenta que este hilo atraviesa todas las canciones que componen la totalidad de la presentación y que se va complementado gracias a las mismas. Finalmente, la totalidad de la estructura que quiere presentar Waters empieza a completarse con las canciones Vera y Bring the boys back home. Ambos temas, luego de que la anteriores lo hayan hecho consciente de que el mundo esta estructurado de tal forma que las relaciones basadas en la confianza no son posibles, pretenden hacerle intuir al espectador la gran necesidad de restablecer los lazos entre los seres humanos para superar ese estado de naturaleza despiadado, dando lugar a unas condiciones en las todos los individuos puedan vivir y sus voluntades sean realizables. Pero esa intuición se le presenta al espectador como un anhelo inalcanzable. La melancolía del primer tema, en la que un hombre habla de la promesa de reencuentro que hizo con una mujer llamada Vera, pero que nunca se cumplió y se pregunta qué ha sido de ella, y la del segundo, en la que se anhela que regresen unos jóvenes de la guerra, reflejan ese deseo de crear una comunidad en la que todos puedan convivir y realizarse, pero que aún se ve imposible de lograr.

Sin embargo, Waters no completa esta estructura llamada Us and Them Tour, en la que se aúna placer estético con conocimiento, de forma tan pesimista. Luego de los dos temas mencionados, introduce el que completará toda la obra y permitirá acceder al espectador al conocimiento de la totalidad de la misma a través del placer estético de la música unida a las imágenes. Aparece ante él el tema Comfortably numb del álbum The wall. Esta canción, con las imágenes que la unen, le transmite en primera instancia un sentimiento de aislamiento provocado por la desconfianza hacia los otros, generada por las condiciones salvajes que otros defienden para sus propios beneficios. Las manos que aparecían en el tema Wish you were here se presenta de nuevo ante él, aún alejadas una de la otra. Pero luego asistimos a algo nuevo, al final de la canción. Inicia el solo que cierra el tema, y el espectador lo siente en sus fibras. Ve cómo las manos que están separadas empiezan a acercarse, al mismo tiempo que escucha el estruendoso solo de guitarra. Siente una emoción exuberante mientras observa que las manos se acercan más y más. Logran unirse, y rompe en gritos de placer, de fuerza y de sentimiento de unidad con sus iguales. Se ha roto la lucha descarnada de los hombres, se han roto las condiciones que dan lugar a la hostilidad de unos contra otros, dando lugar al sentimiento de pertenecer a unidad en la que este espectador se reconoce y siente que se realiza plenamente en ella.

En resumen, ¿cómo logra representarse este todo coherente el espectador? ¿Cómo podría condensar sintéticamente esa estructura que lleva como titulo Us and Them tour que Waters ha creado para aquellos que fueron a ver su show en Brooklyn, en un día de luto por el atentado del 11 de septiembre? El espectador sabe que es cierto que el mundo presente es el del miedo, la exclusión y la desconfianza a causa de la lógica de la competitiva descarnada del capitalismo. No puede negar que incluso él también tiene esos sentimientos hacia sus iguales y que le cuesta trabajo dar la hora en la calle cuando se le pregunta. Sabe también que él se preocupa de sí mismo y los suyos, y que competirá por hacerse con algo de dinero así tenga que vivir con la consciencia de que se lo ha quitado a otro que también lo necesita. Sabe que también puede sufrir las consecuencias de las guerras causadas por sus gobernantes, quienes solo piensan en su beneficio personal. Es consciente de todo esto a partir del placer de toda la maquinaria artística que Waters despliega ante él. Pero también es consciente de la imperativa restauración de los lazos con sus iguales, y de que esa restauración late como un anhelo dentro de él. Con todos esto, sale de la presentación, embriagado fervientemente de iniciar la construcción de esta unidad en la cotidianidad fragmentada. La grandeza de Waters en el escenario está, comprende, en ser capaz de hacerlo sentir a él y a sus iguales la necesidad de un mundo humano en el que se recupere el espacio común en donde reine la realización individual de todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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