“Con el Rey León lloré como un boludo”

Jorge Lanata es uno de los periodistas más  importantes  de Argentina. Fundador del diario ‘Página/12’, conduce actualmente un programa de entrevistas. Aceptó cambiar de tema y hablar con <strong>El Espectador</strong> sobre cine. 

Fue hace 49 años, en una ciudad llamada Mar del Plata, distante cuatro horas en bus de Buenos Aires, que nació Jorge Lanata. Sin embargo, sus mejores recuerdos no los talló allí, pues su familia se mudó a Sarandí cuando él era apenas un niño. En Sarandí se hizo hombre, y allí se volvió el tipo alto,  cigarrillo en la boca y sombrero de investigador privado que Argentina conoció por su voz grave y su carácter irreverente. 

El resto es ya una leyenda. Creó el periódico Página/12 en el 87 con el que ganaría prestigio por la manera creativa y profunda de registrar las noticias. Luego dirigiría las revistas Página/30, Veintiuno, Veintidós y Veintitrés y haría programas de televisión que lo catapultarían como un personaje de humor incisivo. Ahora, con tanta fama a cuestas, le queda imposible ir al cine, una afición que se gestó desde la infancia y de la que conversó con El Espectador.

¿Cómo fue esa primera ida al cine?

Creo que fui con mis padres cuando inauguraban el sensorround, ese sonido envolvente que ahora es normal pero que en ese momento no lo era, a verme algún western. Hace 30 años ir al cine era una salida especial, yo vivía en un barrio perimetral de Buenos Aires e ir al centro significaba un paseo, donde había que vestirse bien y estar acorde con la visita.

¿Sigue siendo un plan especial ir al cine?

Ahora voy poco al cine, sería buenísimo hacerlo de vuelta, lo que hago es ver películas en mi casa, pero es porque en Argentina soy una persona muy conocida y si voy me la paso saludando gente, me siento y está todo el mundo mirándome, es una experiencia un poco molesta. Con los años dejé de ir o voy a veces a funciones privadas. Aparte no me gusta ir con alguien y me molesta toda esa cosa de comer allí. Si estás viendo una película, estás viendo una película.

¿Cómo elige un filme?

Vi mucho cine en la adolescencia, Fellini, Bergman, todos esos ciclos  y  no encontré nada en los últimos años que fuera superior. Ese buen cine de los 70 y 80, después tuvo copias en los 90 pero son como copias decoloradas. Ahora veo muchas películas tontas, de acción, y las disfruto más cuando significan desengancharme totalmente. A veces las elijo al azar o porque alguien que conozco y en cuyo criterio más o menos confío, me comenta. Igual, me he llevado millones de decepciones.

¿Qué le hace falta al cine actual?

El cine necesita siempre grandes historias, como en la época de gloria. El modelo típico es Casablanca. Una cinta tiene que ser creíble, no importa que sea ficción. Yo siempre doy el ejemplo de Jimmy y el durazno gigante de Tim Burton, una historia de un chico que arriba de un durazno viaja desde Londres hasta Nueva York. A vos te cuentan eso y decís que es imposible, que es una estupidez. Sin embargo, cuando lo ves, como está bien presentado, te lo creés. Eso es lo básico.

¿Y los Óscar?

Yo los comparo con los Martín Fierro, unos premios que se dan en la Argentina. Son muy populares, están medio desprestigiados y cuestionados, por qué ganó este o no. Yo gané once Martin Fierro y lo que pasa con ellos es que, más allá de que estén cuestionados o no, es el único premio verdaderamente popular. Al otro día que lo ganaste, la gente por la calle te felicita, se vuelve todo un partido River-Boca donde hay hinchada de un lado e hinchada del otro. Yo creo que con los Oscar pasa lo mismo pero no se convierte en una referencia a la hora de ver una película. Como tampoco significa nada la crítica, porque aparte soy periodista y la conozco. La mayoría de los críticos merecen la pena de muerte. Cuando empezamos en Página 12 teníamos una frase que decía: “Los críticos son como los eunucos: saben lo que hay que hacer pero no pueden hacerlo”.

¿Cuáles son las diferencias que encuentra entre el cine norteamericano y el europeo?

El cine norteamericano tiene una tradición muy fuerte en entretenimiento y el europeo en introspección. Es la misma diferencia que en la literatura es el monólogo -Faulkner o Cortázar- y el diálogo, en el sentido de relato de acción. Los americanos son los mejores para hacer eso, los tipos son muy clásicos. Las innovaciones formales han venido más del cine europeo que del americano. En todo son así. Encuentran una forma y la explotan, no les importa buscar otra, si funciona allá van y eso en el cine lo hacen. Los europeos tienen una tendencia al cine de autor mucho más fuerte. Ahora, no necesariamente uno es mejor que otro. De hecho, los clásicos, de Casablanca en adelante, han sido americanos.

Muchas obras literarias han sido llevadas al cine...

Son dos experiencias muy distintas, uno es una experiencia íntima y la película es mucho más expansiva, te podes meter en la historia pero te pasa de golpe. Nunca lees un libro en una hora sino a lo largo de semanas y se va mezclando con tu vida. La película no, es como una experiencia más short, el impacto emocional es muy distinto. El libro tiene que ver con la memoria, es más melancólico. Por ejemplo El beso de la mujer araña fue un gran libro y la hizo película Héctor Babenco. Estaba bastante bien pero no tenía nada que ver con el libro y por eso me parece que no hay que compararlas.

¿Por qué no ha incursionado en el cine?

Pienso que todavía no me ha llegado la idea de una buena historia de ficción. Me encantaría hacer cine cuando tenga algo para contar. Alguna vez iban a hacer películas con mis libros y siempre me repuse lo siguiente: si la hacen, de inmediato propongo no verla nunca. Lo adapte quien lo adapte, aún cuando sea un tipo genial, mucho mejor que yo, nunca va a hacer la película que yo haría, así que prefiero darle la libertad, que haga lo que quiera. Si yo intervengo en el libro dirijo la película.

Entonces sus libros serán llevados al cine sólo por usted…

O hechos por otros pero yo no iré a verlos, ni intentaré condicionar a la persona que lo haga. Le firmo los derechos y le digo: arréglate, hacé lo que quieras. Si llega a ganar algún premio, lo felicito, le mandaré algún telegrama, flores, bombones, todo lo que quiera pero nunca la veré.

¿Cree que el cine sirve como catarsis de ciertos períodos históricos?

Sí, claro, el cine tiene la función de mejorar la vida. No tiene un objetivo específico porque es arte, si llegáramos a clasificar el arte, ya no lo sería. El cine argentino se ha encargado en los últimos años de rescatar historias. De ahí hay distintos directores que han hecho cosas buenas como Campanella, del que me gustó más El hijo de la novia que El Secreto de sus ojos, o el uruguayo Adrían Caetano. Se enganchan en contar historias, en resaltar lo que se cuenta, que sea buena, no importa cuál.

¿Qué historia animada lo marcó?

Las películas infantiles son terribles. Bambi empieza con la muerte de la mamá. Cuando vi El Rey León lloré como un boludo y la parte cuando Mufasa aparece en el cielo y le habla a Simba es bellísima. Otras que me gustaron fueron Toy Story y Buscando a Nemo.

¿Cómo le pareció el último personaje del cine que entrevistó?

Hace un mes estuve con Oliver Stone. Un tipo interesante, pero la película de los presidentes latinoamericanos Al sur de la frontera, malísima.  Él critica cuál es la visión que los americanos tienen de América Latina -tiene razón porque los americanos tienen una visión muy ignorante - pero realiza todo lo contrario. Hace una visión totalmente idílica, donde Chávez es una maravilla. Termina cometiendo el mismo pecado pero inverso.

¿Cuál es su percepción del cine colombiano?

No sé nada de cine colombiano. No vi nada. Soy un desastre, perdón. Soy un absoluto ignorante. Lo siento. Soy bruto y me siento bruto porque uno tiene que conocer algo del cine colombiano.

¿Es de los que se queda viendo todos los créditos o se para inmediatamente se acaba la película?

Bueno, debo decir que si una película no me atrapa los primeros cinco minutos no la sigo viendo, para qué, prefiero apagar. Si logro verlas completas, en las argentinas me quedo viendo los créditos porque a la mayoría los conozco y quiero ver si encuentro algún conocido en ellos. En las americanas no me importa.

lmachado@elespectador.com 

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