Los trazos de la melancolía

Catalina Jaramillo y Angélica Zorrilla presentan sus obras en Galería Sextante.

Angélica Zorrilla presenta ‘Albur: visiones del adentro y el afuera’.
Angélica Zorrilla presenta ‘Albur: visiones del adentro y el afuera’.

El concepto de casa, de hogar, de ese lugar asentado donde se albergan los recuerdos, la infancia y el paso de los días, es el que ha inspirado los dibujos de Catalina Jaramillo. Algunas personas se aferran a ese lugar propio como si fuera una extensión de la personalidad y otras más desapegadas cambian de casa según las estaciones.

Un desplazamiento y una mudanza no planeada fueron un proceso traumático para Jaramillo y los detonadores de Espacio impropio, una serie de dibujos que evoca el imaginario infantil y las tareas domésticas.

Jaramillo volvió a su casa de infancia. Abandonada y en ruinas, hizo una especie de excavación arqueológica y recogió pedazos y pequeños vestigios con los que por medio de dibujos hizo la reconstrucción de los objetos que recordaba de sus tiempos de niña. Una muñeca, un jarrón de dulces, una mascota, unas tazas de té son, entre otros, los objetos rescatados de la memoria.

Ahí, en esos dibujos de trazos delicados en lápiz, gouache o acuarelas, están plasmados los vínculos y la carga emocional infantil. Papeles de colgadura llenos de objetos de colección también hacen parte de la muestra cuya intención es conservar para la posteridad la esencia del hogar.

Por otra parte, en la otra sala, una melancolía más oscura de tormento interior se cuela en los dibujos exhaustivos de Angélica Zorrilla, los cuales reunió bajo el nombre de Albur, ese término tan enraizado en la cultura mexicana que significa un juego de doble sentido. Sus dibujos, en grafito y lápiz, son al mismo tiempo paisajes naturales y anatómicos que generan espacios internos y externos. Según Zorrilla, son como “un viaje de ermitaño que se desplaza desde sí mismo y no hacia afuera”.

El árbol bronquial es al mismo tiempo una imagen de la laguna de Walden, paisaje nostálgico inspirado en el libro escrito por Henry David Thoreau. El corte del corazón es a la vez un mar y un cielo iluminado por la luna titulado Corazón de cielo abierto. Una imagen de las arterias de la vagina se parece a la montaña japonesa Fuji.

El detonante fue una pequeña frase de Thoreau que dice que para conocer el mundo no hay que mirar sino adentro: “Con que el lisiado me contara con qué hombría se gira sobre su silla, mira a la ventana sur, y luego al norte, y al final mira el fuego, resultaría tan bueno como un viaje por el continente o las praderas, porque yo mido la distancia hacia el interior y no hacia el exterior. En el perímetro de las costillas de un hombre hay espacio suficiente para cualquier biografía”.

La melancolía siempre ha estado como tema en su trabajo artístico. Uno de los retos de esta muestra fue volcar la mirada hacia afuera, al cielo, a las montañas y sus accidentes, porque siempre había estado acostumbrada a mirar hacia adentro. Sus dibujos no son fotogramas ni documentos del paisaje, son una especie de alucinaciones personales sobre las diferentes partes del cuerpo que, con la intención de crear ambigüedad, tienen esa doble lectura con el terreno natural.

Galería Sextante. Cra. 14 Nº 75-29. Tel. 249 4755.

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