“Hacer política con P mayúscula”

Nicolás Berggruen y Nathan Gardels conversaron sobre la necesidad de hallar puntos de convergencia para una mejor forma de gobierno.

Berggruen y Gardels la semana pasada, durante la presentación de su libro,  ‘Gobernanza inteligente para el Siglo XXI’.
Berggruen y Gardels la semana pasada, durante la presentación de su libro, ‘Gobernanza inteligente para el Siglo XXI’.

Todo se inicia con un ejemplo de la cultura pop: quien consume Coca-Cola Light lo hace porque quiere tomar el dulce sin preocuparse por las calorías. De una manera parecida es como Nicolás Berggruen y Nathan Gardels consideran que funciona lo que ellos denominan “democracias consumistas”: gobiernos con políticas a corto plazo, donde el gasto es mayor que el ahorro y la producción y donde se gobierna con bajos índices de responsabilidad.

La escena tuvo lugar en días pasados, durante la presentación del libro Gobernanza inteligente para el siglo XXI, del sello editorial Taurus, en el Gun Club. Realizando un análisis comparado de cómo funcionan las democracias en Occidente y los mandarinatos chinos —donde el alto crecimiento económico y las políticas sólidas a largo plazo contrastan con la restricción a la libertad de opinión y la participación ciudadana—, los autores indagan por un sincretismo de modelos que pueda conducir a una “gobernanza inteligente”, aquella donde el gobierno posibilita la activa participación ciudadana y sabe delegar la autoridad a instituciones legítimas con capacidad de integración.

La gobernanza, desde luego, ha sido un tema de amplio calado en las teorías de gobierno, la ciencia política y el derecho desde inicios de los años noventa. “Se trata de la habilidad de un sistema para corregirse a sí mismo en busca de equilibrio, con capacidad de retroalimentación para ser sostenible”, explicó Gardels. Cuando se ejecuta bien, se generan resultados para el bien común. Cuando no, se mina la economía, se destruye la confianza y crece la desigualdad.

Durante el conversatorio, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, resaltó la importancia del Estado —se trate de democracia o mandarinato— en el sistema político. “No importa qué tan grande o pequeño sea el gato, siempre y cuando cace ratones... es un tema de eficacia, un Estado estratégico que sea capaz de resolver los problemas y alcanzar índices de gobernabilidad”.

Es precisamente en este punto donde el equilibrio entre política y tecnocracia resulta fundamental: “Hace 20 años los tecnócratas que gobernaron América Latina pensaron que la pobreza era un asunto de estadísticas, así que se olvidaron de las reformas políticas. Aunque la tecnocracia brinda soluciones, tiene sus limitaciones, necesita el acompañamiento de la política”.

El desafío de las redes sociales

De lunes a domingo, la “urna de cristal” del gobierno Santos nos recuerda los principios del buen gobierno: eficacia, transparencia y rendición de cuentas. Se trata de conceptos que atañen a la gobernanza y que no cesan de redefinirse a partir de la ubicuidad y el uso masivo de las redes sociales. “¿Cómo se transforman los modos de gobernanza con la presencia abrasiva de las redes sociales?”, preguntaba Darío Arizmendi a los autores, a partir de uno de los apartes desarrollados en el libro. Y las respuestas no pudieron ser más variopintas. En las democracias liberales consumistas, se trata de una mayor apertura de las agendas y la participación ciudadana; en China, donde existen fuertes restricciones a la libertad de expresión, se trata de una oportunidad sin precedentes para realizar veeduría ciudadana y criticar los excesos del Gobierno. El caso señalado por Gardels fue el sitio de microblogging Sina Weibo: “Al día, 6,5 millones de chinos protestan contra la contaminación ambiental, la corrupción estatal...”, factores que inciden en la gobernanza y movilizan al Gobierno a rendir cuentas y considerar sus posiciones.

Colombia no está aislado de este escenario; algo parecido ocurrió meses atrás con la reforma a la justicia. La participación y el desconcierto ciudadano en las redes sociales puso en jaque el “engendro” que le costó a Juan Carlos Esguerra su dimisión del cargo de ministro de Justicia. “¿Cuánto le debemos a las redes sociales en la caída de la reforma a la justicia?”, preguntaba León Valencia en su cuenta en Twitter.

Berggruen y Gardels tienen claro que su objetivo no es oponer sino rescatar prácticas de gobernanza de Oriente y Occidente para afrontar los retos de la globalización. Se trata, como ellos dicen, de un “ejercicio de imaginación política”, que piense una forma híbrida de gobernanza retomando lo mejor de ambos modelos, a partir del consenso y en sus puntos de convergencia.

Ya se sabe lo complejo que puede resultar el deseo de consenso. Si no que lo diga la actualidad política del país con la Unidad Nacional y su aplanadora legislativa en el Congreso. Pero bien se trate de controvertir o acordar, este libro, a medio camino entre estudio académico y análisis de think tank, es una buena oportunidad para pensar en gobierno y dejarse seducir por la política, así sea desde el otro lado de la letra.