El sonido de la incertidumbre

La celebrada banda de rock inglesa pisó por primera vez suelo latinoamericano para presentar su más reciente álbum, ‘In Rainbows'.

Hay 72 tubos de neón que cuelgan del cielo, que de repente, explotan en morados y verdes al ritmo frenético de un beat electrónico que se ahoga, que no se escucha por el grito que levantan al unísono las 35 mil personas que asisten a la apertura del Festival Quilmes Rock 2009 de Buenos Aires y que deliran ya por el calor de 30°.

En el escenario ha aparecido el quinteto británico Radiohead. Los dueños del disco O.K. Computer, que según la prestigiosa revista inglesa Q, es el segundo mejor de todos los tiempos después de Revolver, de los Beatles. Ha aparecido Thom Yorke con su voz en falsete que parece un lamento eterno, sacudiendo la cabeza como si la demencia hubiera tomado cuerpo. También están Phil Selway, en la batería; Colin Greenwood, en el bajo; Ed O'Brian, en la guitarra, y Jonny Greenwood, en los teclados, y parece increíble verlos tan de cerca.

Más de diez años estuvieron sus fans implorando para que incluyeran en sus giras a Latinoamérica, y por fin el sueño de ver la banda que logró más que Oasis y Blur juntos y que creó un estilo que han seguido grupos como Coldplay y The Verve se cumple.

México, Brasil, Chile y Buenos Aires están en su agenda, Colombia no, pero de imposibilidades poco saben los que aman su rock. Hay muchos que vienen siguiéndolos en su gira por Europa y Tokio, pero no importa cuántos conciertos se hayan presenciado de Radiohead, es sabido que nunca son iguales. De las más de 80 presentaciones que han hecho durante la promoción de su más reciente álbum, In Rainbows, nunca tocaron el mismo repertorio. En Brasil, hace tan sólo unos días, cerraron el show con la canción que los inmortalizó en todo el mundo, Creep, un extraño gesto considerando que hace años decidieron no volver a tocarla porque ya poco o nada tiene que ver con sus nuevos sonidos.

Hoy han empezado con un disparo, una sacudida, desenfreno provocado por los bombos que se sacuden sonando a drum'n'bass. 15 Steps, la canción con la que inauguran su nuevo trabajo, es también la elegida para abrir la noche de esta banda, que se creó entre los corredores universitarios de Abingdon School en Oxford, Inglaterra, bajo el nombre de On a Friday -el único día en el que podían ensayar-, pero que luego, con las demandas de EMI, la disquera con la que firmaron su primer álbum en 1993, Pablo Honey, cambiaron por el nombre de una canción que inmortalizó la banda ochentera Talking Heads.

Radiohead no se detiene, escupe música extraña, electrónica y de sonidos difíciles, densos para muchos. A veces esconden las guitarras y hacen cerrar los ojos y otras veces las aporrean hasta hacer que el público sacuda los cabellos hasta el enredo.

Airbag, There There, All I Need, Kid A, Karma Police suenan una tras otra, interrumpidas sólo por un tímido y enrevesado ¡Gracias!, único contacto que tiene el cantante del párpado apagado con el público. A continuación, suena la decepción hecha música y titulada Nude y el público canta: no te hagas grandes ideas, que no van a suceder, tú te pintas tu sonrisa y llenas tu agujeros, y entonces en el desgarre colectivo parece entenderse por fin eso que Yorke ha admitido tantas veces sobre este último álbum: "La naturaleza íntima de este disco es una suerte de respuesta personal a un extraño clima de miedo generalizado. Es nuestra manera de cerrar los postigos y dejar que el instinto de supervivencia nos guíe".

Han pasado dos horas y el espectáculo no se agota y cuando suena House of Cards el pulso corre tan rápido que el bajista Colin Greenwood está anonadado con tanto cariño, con tanta algarabía, para la que los públicos europeos no lo han entrenado.

Pero la electrónica avanzada con visos de melanco-pop tiene su momento de gloria al final del concierto. Las luces se han apagado y Tom Yorke y su banda cantan la canción con la que los conocieron, con la que los celebraron y los condenaron. Creep, su clásico más clásico, cierra el show como admitiendo que de nuevo los sonidos del pasado, tienen que ver con el Radiohead que está hoy tocando. La devoción de los que cantan es la mejor evidencia.

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