Vencer la tiranía del olvido

Tras cinco años de ganar el premio Alfaguara de novela con ‘Delirio', Laura Restrepo regresa con una novela sobre el régimen militar argentino en donde se vale de sus personajes para reconstruir una faceta diluida de su propia vida <p>&nbsp;</p>

Si nadie supiera que Laura Restrepo militó entre 1978 y 1982 en el partido trotskista argentino que luchaba contra la dictadura, si nadie supiera que se emparentó durante sus épocas de profesora en la Universidad Nacional con la izquierda y que terminó en España como evangelizadora de la revolución, si nadie supiera nada de Laura Restrepo y aún así un lector se adentrara en las páginas de su más reciente libro Demasiados héroes -que estará mañana en librerías-, descubriría sin mayor esfuerzo que esta novela sale de sus entrañas, decanta sus recuerdos y la confiesa, le da palabras a su época más callada y se basa sobre todo en ella sólo por una razón: por la forma como Lorenza, la protagonista del libro, le habla a Mateo, su hijo. Tal cercanía, ese amor-odio verosímil que se profesan, la tensión con la que discuten mientras recorren Argentina, no puede ser más que el resultado de la fuerza de una voz real, la de una madre real que se recuerda y se narra ante un hijo real, depurada eso sí por la poesía.

Cinco años pasaron desde que la escritora colombiana ganó el Premio Alfaguara de Novela con Delirio (2004). Cinco años se tomó esta escritora, que empezó con la pluma a los 36 y que ahora ya casi completa 60, en asimilar críticas rimbombantes como la que recibió de Terrence Rafferty, del New York Times Book Review: "Todo en Delirio fluye como afluentes a un río. Y donde ese poderoso caudal nos debe llevar, creo, es a esa gran masa de literatura apasionada y obsesionada con la historia que es (o fue) la ficción latinoamericana".

Sin embargo, lo que en estos años de hojas calladas se asomaba en su cabeza se había delatado por sus visitas a Argentina. Noticias publicadas en diarios gauchos arrojaban indicios de que Laura Restrepo, más que presentar su libro Isla de la Pasión por la tierra austral, andaba en busca de reencontrarse con un pasado. "¿Qué hace esta señora elegante de castellano suave dando vueltas hace un mes por la Argentina? ¿Qué hace la escritora colombiana Laura Restrepo metida dos horas en la Asamblea Popular de San Telmo, de charla con Raúl Castells? ‘Busca material para su próximo libro', susurran algunos a su alrededor", publicó Patricia Kolesnikov, en Clarín, el 6 de agosto de 2005.

El silencio por fin se deshace, y casi replicando ese efecto del que muchos fueron víctimas con Delirio, de no poder separarse de su atmósfera y de la experiencia de su narrativa, Laura Restrepo, en la piel de Lorenza, regresa al Buenos Aires actual en busca de un padre ausente, de un amante desaparecido y descarna de paso los años de la dictadura argentina en los tiempo de Videla. "Llevaba puesta una falda de algodón ligero con el que se le debían transparentar un poco las piernas... al subirse a un colectivo escuchó el insulto, agudo, vibrante... ¡Vestite, puta, o andate a un cabaré a mostrar las gambas! Ahí supo que la dictadura no solamente la ejercían los militares, sino también una parte de la población sobre la otra, y que no era política sino también moral, como un agua podrida que iba impregnándolo todo, hasta los pliegues más íntimos de la vida", escribe Laura en una de las 260 páginas del libro.

Aunque es Mateo, el joven, el hijo, lejano a la política y escéptico de cualquier militancia que no sea la del Playstation, la voz que aterriza idealismos y cuestiona delirios políticos. "Pero ella insistía, dejaba la tolerancia para la política... ¿acaso no entendía que tolerar tenía que ver con no ponerse histérica porque Mateo le tuviera asco a un tubérculo verde o a un queso podrido?", escribe Laura. Saber que en Córdoba nació su único hijo, Pedro, que él tiene como padre un argentino con el que militó y con el que ella compartió los pulsos acelerados de un amor que se construye en la clandestinidad explica por qué la autora ha confesado con tanto ahínco el esfuerzo que le costó escribir este libro. Esta novela se ubica en los tiempos anteriores a su trabajo como periodista en la revista Semana, a su trabajo como comisionada en los procesos de paz entre Belisario Betancur y el M-19, anterior a tiempos que conjuró en su libro Historia de un entusiasmo. Al igual que Lorenza en la novela, Laura Restrepo en Demasiados héroes se da cuenta de que ya "no están para escuchar cuentos de héroes".

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