Las memorias de Alfonso Lopez

Este miércoles se lanza en Bogotá el primer tomo de las memorias del expresidente Alfonso López. Elespectador.com le entrega apartes de uno de sus capítulos. <p>&nbsp;</p>

Desde finales de la década de 1970 Alfonso López Michelsen luego de su Presidencia inició a escribir sus Memorias, alcanzó a escribir 1.000 páginas de las cuales las primeras 450 se publican en el primer tomo y en octubre la segunda parte. El propio Presidente explica que sus memorias son justamente lo que nunca se publicó en ningún periódico Colombiano ni en ninguna biografía, ni libro de historia.

El libro inicia con la historia de su bisabuelo Ambrosio López "un agitador de barriada con alardes de socialista" que publico un libro titulado El Desengaño que el autor no duda en calificar de panfletario y chabacano. Ese bisabuelo había sido protegido del General Santander "que lo llamaba cariñosamente Lopecito y quien lo nombró Perfecto del cantón del departamento del Meta" quien fue un precursor de las ideas sindicalistas y de los artesanos, tan famosos en el siglo XIX y en la Constitución de 1886, pero que hoy ya hemos olvidado.

Pero el personaje a quien el autor le dedica páginas enteras es a D. Pedro A. López padre de Alfonso López Pumarejo quien llegó a ser el hombre más rico de Colombia y quien al retirarse del Banco López lo dejó en manos de sus hijos para que no lo administraron como el lo hacía, tanto que el propio López Pumarejo se retiró de la sociedad Pedro A. López y Compañía, en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, para dedicarse a sus propios negocios, mientras que sus hermanos continuaron con el Banco que, años después, entró en quiebra arrastrado por la Crisis Financiera que conllevó la Guerra Mundial. Pedro Aquilino López procedió a asociarse con Carlos Michelsen y así surge el nuevo clan de los futuros López Michelsen.

La figura central de estas memorias es la relación padre e hijo entre López Pumarejo padre y López Michelsen hijo. Una relación donde el padre era muy exigente y estricto con su hijo y esta relación es el eje central de esta autobiografía. Describe a su padre López Pumarejo como un hombre que, sin ser puritano, "poseía la coquetería en el vestir, como heredero de su abuelo y bisabuelo, sastres, y que su fama de mujeriego fue un tanto menos cierta que las historias que se le atribuían".

Sorprende que el Presidente López Michelsen no se detiene en contar las afugias económicas que vivía la familia López Pumarejo durante décadas, agobiados por una iliquidez que lo ayudaba a acudir a préstamos entre familia y amigos para sostener a sus hijos, por tanto, la fama de oligarca de los López era más bien sin fundamento de Patrimonio Económico. Entretiene conocer que los López Michelsen hijos eran, como dice el autor, "oligarcas" de fin de semana y vacaciones cuando las pasaban en fincas de familiares adinerados, pero luego regresaban a su casa arrendada y a experimentar vivencias repetitivas de apuros económicos: "Oligarcas de fin de semana y clase media con limitaciones económicas entre semana", esta crudeza del Presidente López Michelsen en estas sus memorias es tal vez uno de los grandes meritos en este libro.

Generalmente nuestros prohombres suelen ocultar sus propias debilidades y se nos presentan siempre como de mejor familia con pasados de cuna y fortunas heredadas y escasas veces, como en este, caso nada menos que un Presidente hijo de Presidente revela el velo de las apariencias y describe sus propias carencias. Como la historia de la casa López Pumarejo que nunca tuvieron un automóvil y debían transportarse en bus y buscar amigos o amigas que los llevaran a los clubes y que el primer automóvil que tuvieron en casa fue cuando su padre López Pumarejo fue elegido Presidente de la República y tenía carro oficial. Tanto, que al salir de la Presidencia los amigos de López Pumarejo contribuyeron para que se comprasen su primer automóvil propio, pues le daba vergüenza que el ex Presidente fuese a andar en bus.

López Pumarejo en medio de sus dificultades económicas luchó al máximo y lo logró en darle a sus hijos Pedro y Alfonso la mejor educación que se podía tener en los inicios del siglo XX: enviarlos a estudiar secundaria en Bruselas, París y finalmente en Londres con la ayuda de acudientes y matriculándolos como alumnos internos en colegios Europeos. Para el Presidente López Michelsen el mayor logro de su vida en lo personal fue el sorprendente triunfo intelectual cuando obtuvo el máximo premio en Francia al concursar entre todos los alumnos de los colegios privados de París y se tomó la gigantesca labor de presentar la prueba no en castellano, sino en griego y latín lenguas que nadie hablaba. "El Liceo Pascal con el alumno Alfonso López Michelsen nacido en Santa Fe de Bogotá, quedó a la cabeza entre los colegios privados de París ".

La primera juventud de López Michelsen transcurre en los años 1920 en París en las tertulias en le barrio Latino, en ese históricos cafés como La Coupole y La Rotonde en Montparnase, donde tertuliaban Hemingway y Joyce que dieron lugar al surgimiento de la famosa librería Shakespeare and Company el segundo hogar de Joyce donde se leyó la primera versión de su Ulises.

De París a Londres donde su padre afianza una amistad inolvidable con el economista Jhon Maynard Keynes que sería luego la máxima autoridad para superar la Crisis Económica Mundial de los años treinta en los Estados Unidos.

Lopez Michelsen regresa en 1932, ya bachiller a la edad de 19 años, a Colombia luego de su periplo en Europa en una travesía en barco que duraba semanas enteras y llega con limitaciones en el manejo del idioma castellano. Y desembarca en Barranquilla donde convive con Mario Santodomingo y Beatriz Pumarejo, allí ve crecer la Cervecería Barranquilla que luego se fusiona con el Consorcio de Cervecería Bavaria S. A., la mayor industria colombiana de la época. Luego se embarca en un barco de vapor por el río Magdalena y vuelve, con cierto temor, a integrarse a la sociedad bogotana, incómodo, desadaptado y sin amigos.

Dos años después su padre es elegido Presidente entre 1934 y 1938 y el joven Alfonso irrumpe así a vivir sus primeras experiencias a sus escasos 20 años con un padre como Presidente de Colombia.


Una vivencia sorprendente que marcó a López Michelsen fue su noviazgo con su primera novia Lucía y sus citas a escondidas en el Country Club teniendo como escenario los solitarios campos de golf donde se veían, lejos de las miradas indiscretas, los apasionados novios cuando era estudiante de Derecho de la Universidad del Rosario. Un nefasto día, Lucía en forma intempestiva le devuelve unas flores que le ha enviado su novio Alfonso y le expresa que no lo quiere ver más pues ya tiene un nuevo amor. Su padre López Pumarejo, lo seriamente afectado por este revés sentimental, lo envía de vacaciones a Santiago de Chile y luego lo hace quedar para que continúe sus estudios de Derecho en Santiago a fin de poner distancia entre Lucía y él.

Es histórica la epistolar carta de su padre López Pumarejo, escrita el 17 de enero de 1936 y de 12 páginas, donde le narra la vida de la familia López y la suya propia en plena Presidencia de la República, en la misiva recrimina con afecto paterno a su hijo Alfonso y lo conmina a superar las desavenencias afectivas de su amor fallido con Lucía que tanto afectó a Lopez Michelsen. Esta carta es una pieza literaria e histórica con el trasfondo de lo que fue la relación padre-hijo.

Este primer tomo concluye con el regreso del autor a Bogotá. Una vez aquí, Lucía lo vuelve a buscar, pero él decide que el amor de su vida es aquella niña con quien jugaba con un trencito cuando él tenía 12 años de edad, en 1925, y que su padre desde esa época la había escogido para que fuese la mujer de su hijo: Cecilia Caballero Blanco y se casa con ella en la Iglesia de Bojacá a la edad de 25 años el 23 de octubre de 1938.

 

Temas relacionados

 

últimas noticias

Jorge Luis Borges: entre la poesía y la ceguera

Una arquitectura de interés público

Homenaje al amistoso lector