50 años de su publicación en 1967

Así les cambió la vida “Cien años de soledad”

Escritores cercanos a García Márquez y lectores juiciosos de la novela opinan sobre el impacto que les causó en su momento.

“El día en que Gabo y yo nos quedamos sin comer”

“Desde el café Tirol en la calle de Hamburgo, en la ciudad de México, que Gabo y yo frecuentábamos, además de otros escritores, en los años sesenta del siglo pasado, me tocó asistir al desarrollo de Cien años de soledad. Amigos comunes me mantenían informado de las lecturas privadas que hacía él de ella y de sus devociones literarias de esa época, como de las novelas de William Faulkner y Juan Rulfo (de quien se cumplieron este 16 de mayo cien años de su nacimiento). Yo había escrito ya Mirándola dormir y había ganado el Premio Xavier Villaurrutia en 1964. También era por entonces jefe de Redacción de la revista Diálogos. Ramón Xirau, director de la revista, solía invitar a comer cada semana a un escritor al restaurante La Mansión o al Hoyo 19, situados en la interminable Avenida de los Insurgentes. Un jueves, el invitado fue Gabo, quien en su haber tenía ya ‘Los funerales de la Mamá Grande’ y ‘El coronel no tiene quien le escriba’, pero eran difíciles de conseguir en las librerías del DF. El caso es que cuando llegué al restaurante, hacia las 2 p.m., Gabo ya estaba esperándonos, pero Xirau no estaba. Pasó un rato y los dos nos quedamos parados a la entrada aguardando la llegada del director. Pero Xirau, media hora después, no daba muestras de vida. Así que delante de Gabo le hablé por teléfono a su casa. La sirvienta me dijo que Xirau se había ido a comer con su suegra. Por lo cual, le pedí el número de teléfono y cuando le hablé me contestó que, como yo ya sabía, su esposa era una mujer autoritaria y había tenido que acceder a ir a comer con su mamá. Me dijo que lo invitara yo a comer. Le contesté que yo no tenía dinero, pues precisamente él me iba a traer mi sueldo mensual, mil pesos, que yo usaba para pagar la renta de mi departamento en Río Elba. Xirau me dijo que entonces le pidiera a Gabo que pagara la comida y que luego él le daría el dinero de la cuenta. Le contesté que Gabo tampoco tenía dinero. Entonces Xirau me dijo que le dijera que yo no había podido localizarlo. Le dije que eso era imposible, porque Gabo estaba parado delante de mí y estaba oyendo la conversación, y no podía mentirle. ‘Así que qué vaina’, me dijo Gabo. ‘Pues nada –le dije–, que tenemos que irnos a comer cada uno a su casa’. ‘El problema –me dijo– es que Mercedes se fue a comer con una amiga sabiendo que yo comería con ustedes’. ‘Lo mismo me pasa a mí –le conté–, mi esposa Betty se fue a comer con Érika, a quien conoces, de manera que no hay comida en casa’. ‘Al menos vámonos juntos en el camión’, me dijo. ‘En Insurgentes, yo me bajo’. ‘Hey –le dije–, ¿cómo va tu novela?’. ‘Me va a costar cien años escribirla, así que espero vivir para contarlo’, contestó. ‘¿Te la publicará la editorial Mortiz?’, le pregunté. ‘Creo que el director no está interesado’, replicó. ‘Se arrepentirá, porque el libro será como una llamarada en las letras hispanoamericanas’. ‘“Eso espero’”.

Homero Aridjis, poeta mexicano.

“El día en que todo empezó”

“Sucedió en Buenos Aires, a finales del otoño de 1967… Francisco Porrúa, el mítico director literario de la editorial Sudamericana, me contagió el entusiasmo por el manuscrito de una novela que le había llegado desde México, dividida en espaciados y precarios paquetes, y sobres los cuales pesaban los estigmas de los rechazos fulminantes”.

Tomás Eloy Martínez, escritor argentino.

“La magia al servicio de la verdad”

“A pesar de su colosal y duradera popularidad, el estilo de ‘Cien años de Soledad’, el realismo mágico, ha dado paso a otros tipos de narración, en parte debido a la enorme magnitud del logro alcanzado por García Márquez. Ningún escritor ha sido tan ampliamente leído ni tan profundamente amado desde Dickens, como Gabriel García Márquez”.

Salman Rushdie, escritor británico

“Determinante”

“El encuentro con ‘Cien años de soledad’, allá por mis dieciséis años, fue uno de los momentos determinantes de mi vida de lector. Aquella fue la primera vez que una novela me produjo en la adolescencia lo mismo que me producían las grandes lecturas de la infancia: esa obliteración del mundo, ese secuestro total de mi atención y mis sentidos. Luego, por supuesto, se ha convertido en otra cosa: un lugar de lecciones sin cuento (pero hay que saber encontrarlas); un lugar al que vuelvo para alimentar la vocación en momentos de desencanto, para recordar por qué tuve algún día la idea de ser novelista. Hoy me dan envidia los afortunados que todavía no la han leído, porque la cabeza no me alcanza para imaginar ese descubrimiento. Aunque ‘Cien años’ es parte de lo que somos con tanta intensidad, que es imposible llegar al libro con total inocencia. Eso es una lástima, pero también un testimonio de la presencia viva que tiene entre nosotros”.

Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano.

“Las puertas del mundo”

“Jorge Isaacs nos abrió las puertas de la literatura para América Latina en el siglo XIX y Gabriel García Márquez las del mundo para el siglo XX. Ambas novelas exponen nuestro aislamiento y provincialismo que desemboca en el incesto. Sin duda, García Márquez con sus metáforas y lenguaje nos ayudó a comprendernos mejor y esperemos que en el siglo XXI no estemos condenados a otros cien años de soledad y que tengamos una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Azriel Bibliowicz, escritor colombiano.

Una nación de lectores

“Ha habido muchas interpretaciones sobre el éxito de ‘Cien años de soledad’, yo creo que el elemento principal que ha generado la lectura masiva en innumerables países y diversísimas comunidades, que generó esa comunidad de 500 millones de lectores de los que hablaba García Márquez, que crearía uno de los veinte países más poblados del mundo en sus propias palabras, radica en que la novela instaura el mito, el pensamiento mágico y formas no racionales de conocer en el centro de las necesidades humanas. Dicho de otra manera, en el siglo XX, una época marcada por el positivismo científico y la racionalidad, ‘Cien años de soledad’ nos devuelve la esperanza en un ser humano complejo que desde sus múltiples facetas lógicas e ilógicas puede reconstruirse. Esto mismo hace que la novela siga siendo actual porque seguimos en una era en que la razón y la lógica quisieran sobreponerse a otros tipos de conocimiento, y ‘Cien años de soledad’ es una salida inteligente y fascinante a esa imposición. Digo inteligente porque García Márquez pertenece al pequeño grupo de escritores y escritoras que más que recrear el mundo, o quizás dar cuenta de alguno de sus misterios, como lo hacen muchos escritores, lo que hace es inventar una nueva manera de contar el mundo. Es uno de esos autores que fundan, a través de las palabras, una vez más el mundo en que vivimos. Abre una conversación que puede extenderse en el tiempo. Como las conversaciones que Don Quijote inició y siguen sin concluir, así mismo las imágenes, el universo literario, el lenguaje de ‘Cien años de soledad’ no parece que vaya a cesar de producir diálogos y múltiples interpretaciones. Esta obra es un campo semántico, no como una patente inutilizable, no, más bien como un territorio que muchos tendrán que seguir descubriendo y habitando para entender el siglo XX”.

Alejandra Jaramillo, escritora colombiana.

“Realidad hecha ficción”

“Como esa memoria viva que conocía todos los acontecimientos sucedidos y por suceder en Macondo, gracias a esa esencial condición de reportero y cronista que reconoce los hechos y prefiere narrarlos como si se tratara de una ficción, el autor conocía las dimensiones de nuestra historia nacional. Si bien, como en más de una ocasión confesó, el punto de partida para sus relatos y ficciones estuvo en los cuentos narrados por sus abuelos, en las historias familiares y en sus propias vivencias, es clara su conciencia del país, tanto en lo político como en lo social y cultural. Como Úrsula, hizo de la memoria un principio, y como José Arcadio, escribió para salvar de la peste del olvido los pormenores de nuestra realidad”.

Luz Mary Giraldo, poeta colombiana.

“Contra la desmemoria”

“Mucho después de leer ‘Cien años de soledad’, vine a entender que el pasaje sobre la masacre de las bananeras encapsula la esencia de los derechos humanos. ‘Aquí no ha habido muertos’, dice una mujer anónima mientras le alcanza un café a José Arcadio Buendía, el único sobreviviente de la matanza del día anterior. ‘Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo’. Los derechos humanos son un esfuerzo contra la desmemoria y la posverdad. Defenderlos es afirmar que sí ha pasado algo y procurar que no vuelva a suceder: los ultrajes del conflicto armado de ayer, los asesinatos de líderes sociales de hoy, las persecuciones políticas desde Venezuela hasta Turquía, las vidas truncadas de los migrantes del mundo, las injusticias cotidianas de la desigualdad y la discriminación”.

César Rodríguez Garavito, abogado director de Dejusticia.