¿Cómo ayudar a que otro muera?

“La última lección”, de Pascale Pouzadoux, es la historia de una mujer de 92 años que decide que quiere morir pronto y cómo sus hijos deben ayudarla en ese proceso.

Madeleine, interpretada por la actriz Marthe Villalonga, y Diane, por Sandrine Bonnaire, protagonistas de “La última lección”. / Cortesía
Madeleine, interpretada por la actriz Marthe Villalonga, y Diane, por Sandrine Bonnaire, protagonistas de “La última lección”. / Cortesía

¿Qué haría usted si su mamá le dice que ya se quiere morir? ¿Qué haría si, además, ella le da la fecha y la hora y le exige que la apoye, que la ayude? ¿Qué haría usted si el ser que más ama en la vida ha decidido que es momento para dejar de existir? No hay enfermedades de por medio. No hay convalecencias. Sólo un deseo: partir con dignidad. De pie.

Esa es la tesis de la nueva película de la directora de cine Pascale Pouzadoux (Francia, 1970). La última lección está basada en el libro homónimo de Noëlle Châtelet. El libro no es una defensa del suicidio, sino la historia de una futura huérfana de 60 años Noëlle Châtelet y su madre Mireille Jospin, que deben aprender a separarse. La posible historia del cómo morir. Una historia individual pero también universal. Hacía 20 años que Agnès, Lionel, Olivier y Noëlle, los cuatro hijos, conocían la decisión de su madre. Pero cuando los reunió para formalizar el gesto (“tengo 92 años; llegó el momento de partir, antes de que se instale el deterioro”), el anuncio “fue una frase guillotina. Dejó caer la fecha en seis palabras de acero, afilado con paciente constancia durante años”, escribe Noëlle Châtelet.

“Desde que leí la historia estuve tratando de conseguir los derechos del libro, pero Noelle se negó a llevarlo a la pantalla, así como se negó con todos los demás realizadores que se le acercaron. Ella acababa de vivir su historia y sentía que era muy pronto para hacer una película. Yo me puse a trabajar en otros proyectos pero no dejaba de pensar en esta historia. Hasta que, perseverando, tuve suerte 10 años más tarde. Creo que se dio en el momento adecuado”, cuenta Pouzadoux.

La película carece de sorpresas durante las dos horas en la que se desarrolla. Las fotografías, los juguetes, los cuadros, y cualquier cantidad de objetos, son la conexión con el pasado. Un pasado que pone a Madeleine, interpretada por la actriz Marthe Villalonga, frente a una existencia vivida con emoción, con libertad y con desenfreno: el activismo y el feminismo de una madre que desde siempre les dejó en claro a sus hijos que ella decidiría cuándo y cómo morir.

Diane, por Sandrine Bonnaire, es una hija que luego de intentar convencer a su mamá para que se quedara a su lado, elige hacer de los últimos días de su progenitora los más felices, los más tranquilos. Cómo aprender a vivir sin el amor de su madre, esa es la cuestión de Diane.

En esa trama se construye una comedia que recrea los momentos usuales de una familia de estrato medio en Francia. Escenas de una vida común: cenas obligatorias entre la familia, peleas entre hermanos, rebeldía de los más jóvenes. Sin embargo, no es una historia que añada mucho al panorama de relatos que abordan la muerte. Algunos momentos son más que inverosímiles y eso, más que ofender al espectador, deja entrever la carencia de argumento y de herramientas para que la historia se sostenga sin necesidad de artilugios pobres.

Es una trama simple, sencilla de entender.

“Realmente hice esta película para que un día las personas mayores puedan ser libres si quieren tomar la decisión de evitar el sufrimiento. También Noëlle Châtelet simpatiza con esta causa, se hizo cargo de la antorcha de su madre, que era militante y creó ADMD, la Asociación de Derecho de Morir Dignamente”.

Las actuaciones de las protagonistas son sinceras y limpias. No hay tropiezos en la relación, lo que ayuda a que el ritmo de la cinta se mantenga durante casi todo el tiempo.

Uno de los personajes más interesantes es el de Pierre, por Antoine Duléry, el hijo mayor que nunca cedió ante las demandas de su madre. Quien dejó que ella muriera con el vacío de nunca haber convencido a su hijo de que su decisión no estaba pensada para hacerle daño. El personaje más real, pero al que menos trascendencia se le da en todo el relato, apenas aproximaciones y peleas inconclusas que dejan el sinsabor de que hubiera podido aportar más a la historia.

“El libro es en realidad un diálogo poético entre dos mujeres que muy rápidamente llegan a un acuerdo, no encontramos situaciones cinematográficas. Si hubiera filmado tal cual, habría hecho un documental, sobre objetivos filmados intercambiados entre una madre y la hija que la acompañó a la muerte... Pero yo quería hacer una película de ficción, con objetivos, conflictos, puntos de vista que se oponen. Yo escribí sola de manera débil. Pero luego, el escritor Laurent Bartillat intervino. Me ayudó a escribir las escenas, los diálogos”.

En general, la película es una defensa de elegir cómo vivir y cómo morir. Una plegaria a la autonomía.

 

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