"Bajo el cielo sucio", una novela ciudadana

Nunca me convenció del todo, como categoría de análisis, la oposición entre literatura rural y urbana. Esta oposición contiene un esquema útil pero insuficiente.

José Nodier Solórzano, autor de la novela "Bajo el cielo sucio", presentada recientemente. Cortesía

Tanto más, cuanto dicha clasificación se apoya esencialmente en las locaciones físicas donde ocurren las historias narradas. Si estos arraigos definieran el género, tendríamos que hablar de novela marítima, espacial, de selva, de río.

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He pensado que para definir la literatura que tiene por locación la ciudad, si es que de esto se trata, es teóricamente más útil y preciso hablar de literatura ciudadana más que urbana. Porque la ciudadanía es una categoría mental y no una locación física, igual que lo rural. Pero este no es el momento para mayores desarrollos. ¿Dónde clasificar “El corazón de las tinieblas?”

La lectura de “Bajo el cielo sucio” me ha llevado a pensar de nuevo en este asunto. El mundo mental que aparece de fondo en esta historia,  más parecida a una memoria personal que a una ficción, es francamente ciudadano. El narrador, que habla en primera persona, padece sufrimientos y tentaciones que dibujan profundidades de la condición humana contemporánea. Se enamora de una adolescente, Albania, en términos directos, sin ambages y hasta crudos. Y sale en su búsqueda cuando ésta escapa de su casa, desesperada persecución que ocurre entre las ruinas de una ciudad devastada por un terremoto que ciertamente ocurrió. La ciudad es Armenia.

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No parece, en consecuencia, que en la concepción de este texto hubiera existido por parte de su autor propósito ficcional. Aunque es cierto que en ocasiones la escritura alcanza perfiles de un lenguaje elaborado con intención literaria y poética, que es otra cosa.

Me intriga la manera como José Nodier, cuando se refiere a cierto pasado campesino reciente de sus mayores, no teme dar detalles de sabiduría acerca de ciertos modos y prácticas del campo, para que el lector quede notificado de que conoce bien estos asuntos por haberlos vivido. Pero estos alardes esporádicos de sabiduría campesina no hacen de “Bajo el cielo sucio” un texto “rural” o de costumbres. Aparecen en el texto más bien como residuos memoriosos de un mundo pasado que coexiste con el modo ciudadano, en medio de las ruinas que ha dejado un terremoto.

Finalizo diciendo que la historia del adulto enamorado de una adolescente, aquí confesada, pone en evidencia la prohibida confusión ambivalente que los  hombres experimentan ante la presencia perturbadora de una mujer que todavía no lo es. Porque toda adolescente es y no es al mismo tiempo una mujer. Este ser y no ser todavía una mujer es precisamente el mundo ambivalente de las adolescentes. José Nodier Solórzano tiene el valor de poner en evidencia esta hermosa confusión humana. Estupendo columnista de opinión, valiente y muy bien puesto, en este país cuyo “mesías” político a veces se derrumba y a veces resucita.

 

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