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Bart Freundlich, re-imaginar una historia ya contada

El cineasta retomó el exitoso filme de Susanne Bier, After the Wedding. En esta difícil tarea, le dio la vuelta, y fichó como protagonista, productora y cómplice a la gran estrella de Hollywood, Julianne Moore. El pasado que nos une llega a las carteleras comerciales.

Bart Freundlich, director de “El pasado que nos une”, una recreación de “After the wedding”.Festival de cine de Zurich

Bart Freundlich (Nueva York, 1970) esta vez no lo tuvo fácil. Quien por lo general escribe sus propias historias para luego rodarlas, se enfrentaría a un gran desafío: recontar After the Wedding, la aclamada cinta de la danesa Susanne Bier.

Para ello tomó una decisión radical al cambiar el género de los protagonistas, dándole una dimensión complemente diferente. En El pasado que nos une (como se titula en castellano) Isabel (Michelle Williams) dirige un orfanato en Calcuta, en su búsqueda desesperada de captar financiamiento para su causa, acepta la extraña invitación de Theresa Young (Julianne Moore), una mujer de negocios, al parecer dispuesta a hacer una sustanciosa donación, para un encuentro cara a cara en Nueva York. Tras una reunión formal, Theresa invita a Isabel a la boda de su hija Grace (Abby Quinn), y es allí donde se empiezan a revelar las verdaderas intenciones de Young.

Protagonizada por Julianne Moore, Michelle Williams (Manchester junto al mar, Mi semana con Marilyn) y Billy Crudup (Jackie, En primera plana), el director y guionista Bart Freundlich puntualizaba en el Festival de Zúrich, donde este filme formó parte de la programación oficial, que “todos los secretos salen a la luz, aunque no haya una respuesta real sobre quién tiene razón o quién está equivocado”.

Freundlich, quien con su primer largometraje The Myth of Fingerprints (1997), se convirtió en uno de los representantes del cine independiente de EEUU, se declara un entusiasta del cine escandinavo, en especial del manifiesto Dogma (movimiento vanguardista cinematográfico, 1995- 2005), del cual siente una gran influencia por el hecho de priorizar las historias “y no tener que obsesionarte con hacer que las cosas luzcan hermosas y que encajen en un molde perfecto”, sostenía en Zúrich, “cuando es barato y rápido, tienes mucha más libertad creativa”.

¿Por qué decidió hacer un remake de After the Wedding?

La verdad es que al principio no pensaba que era buena idea. Susanne Bier (que con esta película fue nominada al Oscar por Mejor película de habla no inglesa en 2006) había hecho un trabajo excelente y la película fue un éxito. Uno de los productores, Joel Michaels (Terminator: La salvación, Terminator 3: La rebelión de las máquinas), tenía los derechos y durante 12 años estuvo intentando sacar adelante el proyecto del remake. Que no cristalizara confirmaba que no había necesidad. Sin embargo, cuando propuse que fueran dos mujeres, la trama adquiría otro sentido, era como si en lugar de sólo “rehacer” estuviésemos “re-imaginando” la historia.

El hecho de que sean dos mujeres en los roles protagónicos, a diferencia del original, le confiere además otra dimensión, entran en juego temas como la idealización de la maternidad o cómo se percibe el nexo entre madre e hijo.

Nos dimos cuenta de eso, y aunque al inicio no estaba tan seguro de que pudiese funcionar, continué hasta que me diera de bruces con una pared. En la película original, Mads Mikkelsen no sabía que tenía un hijo, por lo que no le representó mucha dificultad marcharse, pero en nuestro caso el personaje interpretado por Michelle Williams se enfrenta a una decisión muy reflexionada. Como no tenía claro cómo me enfrentaría a eso, me intrigaba. Le dio más vida a la trama plantearnos cómo superaríamos esos diferentes aspectos.

¿Cree que la estigmatización hacia las mujeres que abandonan puede afectar la percepción de la película?

Algunas personas del público me han manifestado su sensibilidad hacia el hecho de que se juzgue con dureza a quienes han dado a sus hijos en adopción. Es un tema muy delicado, de hecho en la película muchos le recriminan al personaje de Michelle el abandono de su hija, sin embargo hay que ponerle perspectiva: tenía 18 años cuando tomó esa decisión. Tal vez fue lo mejor, pero nunca lo vi como una certeza moral; me interesó, pues, la complejidad emocional de esa situación, que no se presentaba en blanco y negro.

También se trata de cómo evaluamos el pasado, de asumir o no el consabido “hice lo mejor que pude”.

He escuchado a gente decir: “hice lo mejor que pude, y sin embargo no fue lo más acertado”; precisamente en ese sentido espero que la gente pueda identificarse con la historia. Sin embargo, no deja de ser complejo, tiene muchas capas, y en una película la dificultad es aún mayor porque puedes explicar y mostrar tan solo una parte, por lo que el hecho del abandono o de dar en adopción a un hijo se convierte en el aspecto que define la historia, pero nos hacen más humanos todos los factores que influyen en una decisión como esa. En el cine me interesan las contradicciones y las complejidades, tal como en este caso, también el perdonarnos a nosotros mismos y cómo seguimos hacia delante cargando incluso con nuestras culpas.

No es la primera vez que trabaja con Julianne Moore (también productora de este filme). ¿Cómo se desarrolla el trabajo en conjunto?

A raíz del cambio de personajes masculinos a femeninos, mi esposa (Julianne Moore) se interesó, y fue el primer proyecto que desarrollamos juntos desde el principio. Tras leer el guion estuvo absolutamente segura de que quería interpretar a Theresa. Julianne suele guiarse por el guion, le puedes contar una historia o le hablas de un personaje, pero por muy atractivo que le parezca, siempre te va a pedir leer el guion antes de tomar una decisión. La entiendo perfectamente, porque puedes tener una idea genial pero un guion horrible, o una idea aburridísima pero terminas escribiendo un guion hermoso (se ríe).

Hablamos mucho sentados en el comedor de casa, no solamente de su personaje, sino también de los roles de Michelle y Billy; esto fue muy ventajoso ya que cuando haces una película independiente, nunca cuentas con el tiempo suficiente para tener conversaciones profundas. Creo que si no hubiera tenido a Julianne como compañera, no me habría sentido tan cómodo dirigiendo esta película tan centrada en mujeres.

En El pasado que nos une, Moore tiene escenas muy significativas.

Le atraen mucho los momentos muy pequeños pero significativos, y en esta oportunidad le interesaba darle mucha autenticidad a su personaje. Una de las cosas que me encantaba de la historia era la crisis existencial de su personaje, quien ama su vida y no está dispuesta a dejarla ir. Julianne le dio mucha verdad a su interpretación, nunca había visto algo parecido, aunque a veces fue doloroso verlo.

Sin grandes nombres como Julianne Moore y Michelle Williams hubiera sido imposible producir este filme. ¿Qué tiene que pasar para que cambien los obsoletos modelos de la industria?

Los nombres conocidos permiten encontrar financiamiento, son una cierta garantía para poder vender la película. Desde mi posición de director, se me olvida que para quienes aportan el dinero esto es sólo un negocio; a esos hombres de negocio les encanta el glamour del cine, pero para ellos no deja de ser un juego de cifras, por lo que el riesgo está calculado. Creo que con las plataformas de streaming se está viendo un cambio porque no se calculan las ganancias de la misma manera. Todo el mundo quiere subirse al auto de lo políticamente correcto para demostrar lo progresistas que son; es algo positivo y de eso hay que sacar ventaja, de hecho hay muchas oportunidades. Los cambios son radicales porque los consumidores lo piden, por ende existe mucha presión. Los cambios en la industria van más allá del género, ya que ahora se tienen más en cuenta las diferencias de origen o color de piel, un buen ejemplo es Moonlight, que no es nada comercial, y sin embargo fue un gran éxito.

Tomando en cuenta que usted optara por el cambio a protagonistas femeninas, ¿cree que últimamente las mujeres ocupan otro lugar en la industria cinematográfica?

Definitivamente creo que todos nos beneficiamos cuando nos cuestionamos el status quo de la industria del cine. Cuando sencillamente cambié los nombres de hombres a nombres de mujeres, de inmediato tuve clara la necesidad de la tridimensionalidad de esos roles; te das cuenta de que son personas que tienen vidas plenas, que no se definen por su profesión o su trabajo, ni por su familia. Al constatar que me había sorprendido tomar conciencia de ese hecho, asumí que era una especie de llamada de atención, incluso para alguien como yo que tiene una disposición absoluta y deseo de explorar todo tipo de historias acerca de cuán infrarrepresentadas han estado las mujeres en roles complejos. En ese sentido, creo que existen muchas más historias que aún no se han contado.

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Janina Pérez

Cultura

Bart Freundlich, re-imaginar una historia ya contada

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