Batman ataca de nuevo

La última película de la saga toma elementos prestados de ‘Historia de dos ciudades’, la clásica novela de Charles Dickens, para narrar un drama lleno de caos y anarquía.

Christopher Nolan tiene una visión particular de la vida. Sus trabajos suelen tener poca luz, sus narradores a veces son poco confiables, casi siempre sus historias orbitan alrededor del caos y la incertidumbre. Sus películas tienen el hábito de convertirse en éxitos: Memento, El origen y las dos entregas actuales de la saga de Batman, Batman inicia y El caballero de la noche.

Si no está roto, ¿para qué arreglarlo? El caballero de la noche asciende narra la historia de una sociedad al borde del abismo de la guerra civil, una fábula oscura en cuyas sombras habita un mal que nunca descansa, la cara más abyecta de un poder que consume la voluntad de los hombres, entregados al crimen en una sociedad abiertamente desigual, en la que la injusticia es el estándar.

El mal llega en esta entrega de la mano de Bane, un villano también enmascarado, una alegoría de una fuerza aparentemente indomable, sin rostro, casi anónima, aunque seductora y poderosa.

Tom Hardy es el actor encargado de darle vida a una maldad que, sin contar con una cara (pues tiene una máscara similar a un bozal para perro), habita en la mirada, en el lenguaje corporal de aquel que tiene un buen plan para incendiar el mundo.

En la superficie de esta batalla por el control de la sociedad circula la música de Hans Zimmer, cuyo tema característico para la saga es una especie de obertura plena de violines y vientos que, aunque sobria, está escrita en la clave de un relato épico en el que se apuesta todo.

Las composiciones de Zimmer durante la saga incluyen sutiles toques electrónicos que aceleran mecánicamente el ritmo de una música que acompaña la lucha de un par de hombres contra el apocalipsis. Cuando la orquesta no está cabalgando a toda marcha, Zimmer introduce segmentos de cuerdas llenos de tensión, un violín hecho de nervios que ambienta la pregunta “¿sabes por qué tengo estas cicatrices?”.

Ciudad Gótica lleva al menos 20 años consumiéndose en el cine, desde aquella primera entrega de Tim Burton en la que Jack Nicholson le puso maquillaje a la cara de maniático que había perfeccionado en El resplandor. El teatro de batalla, la ciudad misma, era más un escenario de cómic en donde el bien y el mal se enfrentaban disfrazados para preservar la tranquilidad de los ciudadanos.

Después de las dos cintas de Burton (en la segunda de ellas, Danny DeVito interpretó impecablemente a un Pingüino mitad engendro, mitad humano), Batman quedó en manos del director Joel Schumacher, quien reclutó inicialmente a Val Kilmer para el papel principal.

El resto del elenco de Batman eternamente lo compusieron Jim Carrey (El Acertijo), Nicole Kidman, Chris O’Donnell (Robin) y Tommy Lee Jones (quien hizo la primera interpretación de Dos Caras). Sin ser una película de Burton, esta adaptación aún está anclada en el ambiente del cómic. Las amenazas que se ciernen sobre Ciudad Gótica están claramente en el mundo de la ficción y los diálogos tienen un tono deliberadamente grandilocuente por momentos.

Luego vino Batman y Robin que, aunque con un reparto ejemplar, es considerada por muchos la aparición más pobre del superhéroe: demasiados personajes, poco fondo en cada uno de ellos. Un dream team para no brillar.

Las adaptaciones de Nolan hicieron de Ciudad Gótica un lugar plausible, el escenario moderno para poner a rodar un relato que, bajo cierta lectura, presenta una visión acerca del precio de la seguridad y la injusticia social en manos de lo que, polémicas aparte, es un agente paramilitar.

La incertidumbre y la zozobra son elementos palpables en el Batman de Nolan. Sus cintas están recubiertas de una angustia aceitosa en la que se diluye la ideología del villano de turno. El más notable de ellos hasta el momento, El Guasón del difunto Heath Ledger, aboga durante dos horas y media por la anarquía, oscilando entre la demencia y la epifanía de una verdad absoluta. Lo acertado de sus argumentos, al menos en parte, es un elemento de diagnóstico acerca del estado mental de una sociedad en la cual se ha engendrado lo mejor y lo peor de la experiencia humana.

La crisis económica, la gripa del capitalismo, es el tema de fondo sobre el cual Batman interpreta una cuidadosa coreografía llena de dilemas morales, puños y patadas. El director, junto con su hermano (Jonathan, quien también participó en la escritura del guión), tomó Historia de dos ciudades, la clásica novela de Charles Dickens, como punto de referencia para ambientar la cinta, según le contó recientemente a la revista Wired.

La última entrega de Batman ofrece un amplio menú de sombras, tanto en la imagen como en el discurso. Caos, por supuesto. Además de una ración de política económica. En el tráiler Anne Hathaway (que oficia como una versión extraoficial de Gatúbela) le pregunta al millonario Bruce Wayne: “¿Qué lo hizo pensar que podíamos seguir viviendo así (...) cuando han dejado tan poco para el resto de nosotros?”.

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