Bendito sea el tótem

Con técnicas mixtas sobre diversos materiales, el artista colombiano explora con ironía la religión y el sexo, y logra combinarlos con trazos simples.

‘San Jorge y el dragón’, compuesto con técnicas mixtas, es una de las obras que se encuentra en ‘Tótem y tabú’. / Fotos: Cortesía - Casa Cano

Desde el 20 de febrero, el artista colombiano Rafael Vanegas expone Tótem y tabú en Casa Cano, un espacio abierto desde el año pasado a diversas propuestas artísticas. En esta serie, Vanegas reúne parte de su trabajo dedicado al sexo y la religión para encontrar significados que van más allá del mero escándalo.

Rafael Vanegas realizó estudios en historia del arte en la Escuela del Louvre, en París, y en esa ciudad también estudió ciencias audiovisuales y técnicas de fotografía en los años setenta. Desde entonces ha expuesto de manera individual y colectiva en París, Roma, Bogotá y Grecia, a donde llevó parte de esta muestra.

Son obras que exploran el erotismo y lo sagrado, y en ocasiones buscan combinar ambos estratos de la experiencia humana. No sólo combinarlos, sino convertirlos en uno solo: el falo es el objeto de adoración, el dios que lo cura y procrea todo, y también el origen del placer sensual, pecado capital. En algunas obras, como en Parriba y pabajo, el sexo y el sacrificio —la gran representación de la religión católica— forman un solo conjunto: hacia arriba se ve a un mártir con la cara en señal de dolor y hacia abajo una mujer en una posición parecida, pero que muestra más placer que dolor. Juega en dos extremos, entonces, que en últimas son dos caras de un mismo hecho; aunque su técnica no sea tan variada —los dibujos son de trazos simples, largos, en ocasiones infantiles—, Vanegas encuentra un nicho en esos conceptos tan comunes.

No es, como suele suceder, una incitación al escándalo. La obra invita a pensar en ambos hechos —la copulación, por ejemplo, y la adoración— como sistemas de una misma forma: el placer y la búsqueda de una pretendida redención. Por eso la exposición se titula Tótem y tabú: por un lado, el falo —que aparece representado en varias ocasiones de modo difuso y en otras, de forma explícita— es el aparato cuyo atributo es reproducir y originar nuevos seres, y es cercano en su forma a los tótems comunes; por otro, es también el objeto más escondido y cubierto del ser humano, representa la prohibición en ciertas sociedades y el pecado en otras. “El tema de esta muestra es el placer, lo prohibido —dice Vanegas en un reporte de Casa Cano—, lo que la religión le dice a uno que no se puede hacer, que generalmente terminan siendo cosas muy buenas”.

Esa representación es visible en la serie de pinturas sobre aluminio tituladas Tótem —del 1 al 5— y también en Anuntias, que tiene mucho del irlandés Francis Bacon: las caras deformadas, el gesto revuelto y la unión de dos personajes esenciales en estos aspectos, una mujer desnuda —al parecer una prostituta— y un clérigo dispuesto a bendecir. ¿Bendecir qué, bajo cuáles términos? Esa conexión con Bacon también existe en Inocencio X —creada sobre papel de arroz—, basada en la versión del mismo cuadro de ese artista. Bacon lo había hecho a partir de la representación de Velásquez: Vanegas hace una interpretación de la interpretación. La cara de su Inocencio parece llena de indiferencia, de frialdad. La misma frialdad que domina después de un altivo acto de placer: una conjugación de soledad y placer.

Esa mixtura persiste en cuadros como Cruz y Radiografía del comienzo. En la primera, una cruz tiene en su interior imágenes de un mártir, coronadas en cada extremo por una imagen amorfa, algo femenina. La cruz está rodeada por una exclamación sencilla traducida a tres idiomas, “¡Sí!”, un grito de placer que rodea al dolor, que incluso podría compadecerse de él, mostrarlo más amable. Radiografía del comienzo es, quizá, una de las obras más explícitas: está allí el tótem recto —podría ser uno común, como el de cualquier tribu, o de nuevo un falo—, rodeado por líneas de cabezas abombadas sobre un fondo oscuro. Vanegas señala que el origen de la vida es, al mismo tiempo, el comienzo de todo pecado y toda virtud.

El psicoanalista italiano Mario Ciminale, cercano al trabajo de Vanegas, dijo a Casa Cano: “Vanegas parece haber acogido escrupulosamente la tarea iniciada por el aforismo nietzschiano ‘el cristianismo dio de beber veneno al eros griego, quien no murió pero degeneró y se volvió vicio’”. Y el vicio fue el placer: en estas obras se expone de un modo algo irónico; sin embargo, su objeto es eliminar cierta aura sagrada que rodea el sexo, un objeto en el que ya otros artistas —como Henry Miller en literatura— han hallado respuestas. El placer, expresa Tótem y tabú, es una forma compartida por el sexo y la religión: encontrar la bendición divina condensa tanta sensualidad como encontrar otro cuerpo.

 

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* Casa Cano está en la carrera 7ª Nº 69-45, abierto de lunes a viernes de 10 a.m. a 5 p.m. y los sábados de 10 a.m. a 1 p.m.

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