Biblioteca guajira

Vílmer Curvelo Redondo, el gestor del proyecto, decidió organizar la biblioteca del pueblo para que allí queden consignadas la historia del lugar y de sus habitantes.

Los estantes de la biblioteca de Palomino han comenzado a llenarse con enciclopedias y obras clásicas. / Manuela Saldarriaga

El río San Salvador y el río Palomino crecen en el norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, tierra de indígenas koguis y arhuacos. La Troncal del Caribe es la línea divisoria entre esta población que se asienta en la parte rural y húmeda del corregimiento de Palomino, que hace parte del primer municipio del departamento de La Guajira, y entre la que comparte lo arenoso de la costa, donde desembocan ambos ríos y donde es posible acampar a veinte pasos contados del mar.

Hace 67 años, en 1948, ya siendo una región de nativos, Eusebia Lucila Peralta y Carlos Manuel Redondo López llegaron, habitaron y construyeron un primer ranchito cerca al litoral. Invitaron a familiares, a amigos, y lo que era entonces un caserío se convirtió en un lugar de moradores con casas de asfalto, una unidad de salud, una institución educativa (la primera y única), una estación de Policía y una casa de la cultura que funciona desde hace cuatro años.

Desde 2006, y por cerca de seis años más, este punto equidistante entre Santa Marta y Riohacha vivió una oleada de violencia que ahuyentó a algunos de sus pobladores. Sin embargo, es posible que haya más “brujería” en la forma en la que fueron repartidas sus tierras, inasequibles para los oriundos o para sus padres aun cuando se desvalorizaron, y ahora, por supuesto, muchísimo más, cuando es un paso obligado para viajeros con grandes mochilas.

Vílmer Curvelo Redondo, nieto de Eusebia Lucila y Carlos Manuel, tiene, por ejemplo, un negocio en la orilla del río Palomino, al que muchos turistas que se quedan en hostales repartidos por la costa (diez o quince) van a comprarle algo de beber o comer y darse un baño. Muy pocos, o tal vez la minoría de estos hospedajes, son de guajiros. Algo semejante a las fincas camino a la Sierra: propiedad privada.

Esto lo motivó a elaborar un libro en el que esté consignada la historia, la de su familia, de cómo se organizó y creó en realidad esta pequeña villa en la costa Caribe: Palomino. Desea hacerlo mancomunadamente con habitantes que estén interesados y dejar un relato más amable y más cercano, aunque contrario al cierto: partición de predios en manos de armados con punza o poder.

Este libro estaría en un anaquel de la que será la primera biblioteca pública de Palomino, de la cual es gestor, y que tendrá el nombre de su abuela materna: Eusebia Lucila Peralta. Ya cuenta, gracias a donaciones (más de 21 cajas), con material literario y enciclopedias de ciencias básicas que ahora reposan sobre tablas de madera y sobre el suelo.

Será inaugurada en los próximos días y estará al lado de la Casa de la Cultura, en un espacio donde se desarrolla el programa “De cero a siempre” del Ministerio de Educación. No obstante, hasta ahora esta iniciativa no recibe ningún tipo de apoyo estatal, es más, para que esto suceda tiene que funcionar primero a puertas abiertas. Así que el propósito de Curvelo es reunir un equipo base e incluir a quienes de manera voluntaria quieran atender y ofrecer talleres de comprensión de lectura y escritura para niños y jóvenes.

Husmeando entre los libros que recibieron observé que tienen, además de grandes tomos que reúnen “la historia del hombre” o atlas universales, enciclopedias con temas de ciencias naturales, matemáticas, sociales, filosofía, así como cuentos infantiles y otros que no lo son tanto, de grandes autores: Flaubert, Nietszche, Platón, Dante Alighieri, Shakespeare, en fin...

Valga decir que no basta y que todas las donaciones de cualquier parte, de grandes bibliotecas públicas o domésticas, serán bien recibidas. Pienso que este podría ser igualmente un lugar en el que indígenas adolescentes aprendan a leer español y, por qué no, quienes deseen aprendan también su lengua amerindia. A lo mejor suceda, aunque el panorama no es alentador: varios duermen ebrios, y no de letras, sobre la troncal.

 

 

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*Contacto de Vílmer Curvelo: [email protected]