Musa erótica

Bogotá, dos veces ardiente

Soledad González cuenta su historia sin velos ni tapujos, con la lengua de la vida y a partir de la cotidianidad de una ciudad climáticamente temperamental. Es la protagonista de Hot hot Bogotá, la primera novela de la colombiana Alejandra López, una aventura de licor, droga y sexo, de fiesta dura hasta el amanecer de la inconciencia.

"Las fiestas de clase alta a las que asistía, con coca en bandeja y porros de marihuana, se acaban. Ahora se mira al espejo, evalúa el costo que pagó por ser independiente."Archivo particular

Sola, como la llaman las amigas, lleva siete años viviendo con un antropólogo, al que considera “un desgraciado eyaculador precoz”. Esa insatisfacción termina arrastrándola a los brazos de un inglés, esposo de una amiga suya. Es un conquistador empedernido que aprovecha su dinero y sus encantos para gozar de las mujeres que desea.

El relato de un encuentro íntimo entre los amantes basta para sumergirnos en la magia de un erotismo delirante. Imaginemos la pareja en una terraza, bajo la lluvia y bajo la embriaguez del vino, desbordada en besos, caricias y lamidos.

“Y mi corazón y mis cinco sentidos palpitan entre mis piernas. Siento un hormigueo en el vientre, en el centro de la matriz, abajo del ombligo, en ese lugar de donde proviene todo el ser femenino”.

Y ella bebe la sustancia de él. “Todo su ser masculino está bajando por mi garganta, llegando a mi estómago, alimentando mis fluidos, llenando mi cuerpo, mi torrente sanguíneo, mi vida y mi alma…”.

La infidelidad se vuelve desdicha con un embarazo. Ella le despacha la verdad a su compañero y él la abandona. Sorpresivamente se entera de que el inglés se ha separado de su mujer y ha salido del país sin decirle una sola palabra.

Sometida a la angustia del abandono, vuelve a la casa de sus padres. Las fiestas de clase alta a las que asistía, con coca en bandeja y porros de marihuana, se acaban. Ahora se mira al espejo, evalúa el costo que pagó por ser independiente.

Ha oído que a las amantes les dicen putas y se pregunta “¿Cuál es la línea divisoria entre ser o no se puta? ¿Qué es lo que hace a unas santas y a otras putas? (…) Puta, sola y embarazada, ¿para qué más?”.

Cuando decide volver al grupo de amigas y dar la cara con su embarazo de seis meses, la cita termina siendo un arsenal de confesiones. “Al final de la noche, no queda una sola dama en esa mesa que no haya sido infiel, que no haya tenido un romance con un casado, con un soltero o con un muchachito de universidad”. La conclusión a la que llegaron les terminó gustando: “todas somos un poco putas y un poco santas”.

Con Hot hot Bogotá, Alejandra López elabora un retrato despiadado de la vida cotidiana, de sus podredumbres, pero también de sus bendiciones. La obra, premiada con sobradas razones, es una suma de lo que somos: humanos, simplemente humanos.

 

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