Bogotá rinde homenaje a uno de los gestores de la Orquesta Filarmónica con el premio Vida y obra

La Alcaldía Mayor de Bogotá y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte seleccionaron al violinista destacado, director y gestor cultural Mario Alejandro Posada Torres para el premio “Vida y obra”, el cual forma parte del Programa Distrital de Estímulos 2017.

El maestro Posada, nacido en Bogotá en 1933, fue elegido por un jurado conformado por Jorge Alfonso Triana, el arquitecto y curador José Ignacio Roca y la periodista Marianne Ponsford.Cortesía

El maestro Posada, nacido en Bogotá en 1933, fue elegido por un jurado conformado por Jorge Alfonso Triana, el arquitecto y curador José Ignacio Roca y la periodista Marianne Ponsford. El reconocimiento, que se entregará oficialmente el 25 de octubre, incluye un premio de $50.000.000 y la publicación de un libro sobre su vida.

Con una existencia dedicada al arte y a la difusión de la cultura, Alejandro Posada ha recibido premios y reconocimientos tanto en el país como en el exterior y en su larga trayectoria se ha destacado por haber participado en la creación de orquestas, incluyendo la Filarmónica de Bogotá (OFB).

El nacimiento de la Filarmónica

Su objetivo era claro: “Democratizar la música culta”. Mario Alejandro Posada Torres fue uno de los músicos que dio origen, hace 50 años, a la Orquesta Filarmónica de Bogotá. En desacuerdo con lo que consideraban una vocación demasiado elitista de la, en ese entonces, Orquesta Sinfónica Nacional, Posada y un grupo de intérpretes había intentado, en 1966, crear la Orquesta Filarmónica Colombiana. “Sin embargo no hubo muchos patrocinios”, recuerda Posada, y tuvieron que abandonar el proyecto y muchos, incluso, abandonaron el país, buscando nuevos horizontes en su profesión.

Posada regresó poco tiempo después a Colombia empeñado en conseguir su objetivo, y junto con un grupo de unos 50 artistas, intelectuales y dirigentes políticos, entre los que se encontraban Belisario Betancur, Alfonso López Michelsen y Jorge Zalamea, firmaron un Memorial en nombre de los intelectuales con el fin de impulsar en el Concejo un proyecto de acuerdo que permitiera la creación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo el patrocinio de la Alcaldía. “Finalmente lo logramos y se aprobó el acuerdo”, recuerda el destacado músico. “En ese entonces se decía que la creación de la Filarmónica se había aprobado como un ‘mico’ en un texto que lo que buscaba realmente era la creación del parque Salamanca y yo siempre decía que no sabía nada de micos pero que sí había un ‘mono’ involucrado en el asunto, yo”.

El ‘mono’ Posada llegó a la música por casualidad. Tenía solo 10 años cuando, en una sesión solemne, escuchó por primera vez la interpretación de un violín en vivo. “El músico no era muy bueno y a mí me pareció que el violín tenía un sonido horrendo”. Su hermano mayor, que era el verdadero aficionado por el instrumento, le sugirió que escuchara a algunos de los intérpretes más reconocidos de la época con el fin de que cayera en cuenta de lo erróneo de su apreciación. “Me fascinó”.

Fue tanto lo que insistió el pequeño que su padre terminó, no solo comprándole un violín sino consiguiéndole un maestro particular. El esfuerzo no fue en vano. A los 19 años el joven Posada ganó el concurso de intérpretes de la Radio Nacional, y con él una beca para estudiar en el Conservatorio de la Universidad Nacional. Su destacada labor lo llevó a ser elegido para representar al país en un reputado festival de música clásica que se celebra anualmente en Puerto Rico en homenaje al compositor y director de Orquesta Pablo Casals y, posteriormente, cuando ya era un joven concertino en la Orquesta Sinfónica Nacional, a obtener una beca para estudiar en la Manhattan School of Music.

Por aquel entonces todavía se debatía entre su amor por la música y una incipiente vocación de escritor. “Sin embargo, cuando leí ‘Cien años de soledad’ abandoné cualquier esperanza que tuviera de convertirme en escritor”. Su amor por la literatura se concretaría, años más tarde, en una de sus composiciones más importantes.

Tras poco más de dos años en Nueva York, donde estudió violín, dirección y composición, regresó a Colombia poco antes de que se produjera la escisión en la Sinfónica Nacional y la creación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en la cual, a lo largo de los años, el maestro posada ha tenido múltiples papeles: impulsor, concertino, director asistente, director titular y director invitado, hasta que

Admirador de Beethoven y Bach, Posada ha compuesto más de un centenar de piezas, entre las cuales se destaca un poema sinfónico llamado “Macondo”, que estrenó en 1994. “Estaba muy obsesionado con escribir una obra equivalente al “Bolero” de Ravel, pero en este caso una cumbia sinfónica, que fue el primer nombre que le puse, hasta que decidí hacerle un homenaje a García Márquez”. Hace unos tres años estrenó, también con la Filarmónica de Bogotá, su “Poema sinfónico cumbia número 2, Calamar”, en homenaje a su abuelo paterno.

El maestro Posada fue, además, el creador de la Orquesta Promúsica. Con ella estrenó en Colombia “La vida breve”, de Manuel de Falla, una ópera en dos actos que significó reunir bajo su dirección la orquesta más grande que se hubiese confirmado hasta el momento en Bogotá. Con esta misma orquesta realizó dos giras de conciertos por Europa, con un repertorio exclusivamente Iberoamericana “Nunca una orquesta colombiana de esta categoría había viajado a Europa. Ese es, quizás, mi mayor orgullo”, concluye.