Bogotá: un museo a cielo abierto, y la obra de Oswaldo Maciá

Maciá fue el primer ganador de una convocatoria para construir, en la rotonda de la 19 con tercera, la primera escultura contemporánea de arte sonoro en el espacio público. El artista se prepara ahora para la producción de la obra, y en uno de los cinco días que estuvo en Bogotá, El Espectador habló con él.

Oswaldo Maciá. / Cortesía.

La Secretaría de Cultura, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) e Idartes se unieron para revitalizar el centro de Bogotá y la calle 26, el nuevo eje de la memoria, la paz y la reconciliación de la ciudad. En 2013 El IDPC publicó un catálogo titulado, precisamente, Museo a cielo abierto que recoge las casi 639 esculturas, monumentos y obras de arte en el espacio público bajo la custodia del IDPC. De allí surgió la idea no sólo de mantener, sino de añadir obras que hagan de Bogotá un museo al aire libre más contemporáneo. A través de alianzas público-privadas para el mantenimiento de esa colección y la integración de nuevas obras en el espacio público, con el programa Adopta un monumento, se espera convertir el eje de la calle 26 en una galería de la ciudad. Junto a esa meta surgió el primer Concurso Internacional Museo a cielo abierto para seleccionar una nueva obra de arte que fuese instalada en la glorieta de la carrera tercera con calle 19 (barrio Las Aguas). El tema era absolutamente libre, pero la obra ganadora debía proponer una visión más expandida del arte en el espacio público, que fuera más allá del monumento tradicional, estático, que adorna el espacio pero no se relaciona con el paseante. Se escogieron cinco jurados para el concurso, los tres primeros de talla internacional: Lucrezia Cippitelli (curadora e investigadora italiana), Cuauhtémoc Medina (curador, crítico de arte e investigador mexicano), Ana Patricia Jaramillo (arquitecta colombiana, miembro del grupo Utopía), Fernando Cortés (urbanista colombiano) y Natalia Guarnizo (subdirectora de prácticas artísticas y patrimonio de la Secretaría de Cultura). Ese jurado estudió 72 propuestas; 15 de ellas eran internacionales, y hubo cuatro finalistas. La propuesta ganadora, anunciada como tal en abril, fue Escenario en construcción de Oswaldo Maciá.

¿Pero por qué interesa acaso construir obras de arte en el espacio público de una ciudad? Algunos urbanistas, arquitectos y artistas hablan del “tiempo de lo público” y “el espacio de lo público”, que le hace contrapeso al encierro en el trabajo, el colegio, la universidad y otros lugares hacia donde vamos todos los días. De repente, con obras de arte exteriores, el espacio público propone otra relación, propone un detenerse, un pasar fijándose en lo que hay alrededor. Las obras generan así otras maneras de vivir el tiempo y el espacio urbano.

En palabras del artista el espacio urbano es también un espacio para el arte porque “el acceso o la visita de los peatones a museos, galerías, y obras de arte es realmente escaso, y para el artista el espacio exterior es un sitio interesante para interactuar con un público. La palabra audiencia viene de ‘audio’ (‘oír’, ‘escuchar’, ‘hacer caso’, ‘ser llamado’, ‘pasar por’). No es gratuito que invite a la audiencia a que escuchen. Por tanto se puede usar el espacio público como lugar para interactuar con la audiencia, para que puedan apreciar una obra de arte en dos o tres minutos, camino a la oficina, a coger el autobús. Esos minutos son como un paréntesis en ese camino, en la rutina. La palabra ‘entretenimiento’ tal vez hace referencia a un ‘entre tiempos’. Ese entretenimiento se puede volver de repente en algo mucho más profundo, en un momento de reflexión. En el arte esas fracciones son importantes, por eso las obras en el espacio público también lo son”.

En palabras del jurado, “la propuesta de Maciá implica principalmente la realización de una pieza sonora que se ofrecerá a los transeúntes como momento de experiencia sensorial (…). Los espectadores involuntarios se involucrarán, cada hora, con la experiencia de escuchar una pieza sonora recopilada por el artista. La obra es propuesta como un momento poético en medio de los ruidos del tráfico diario, y como una experiencia del contexto urbano más allá de su pura función de espacio de tránsito entre áreas diferentes de la ciudad. Esta estrategia de intervención es una forma de activación del espacio anónimo urbano (…). El jurado está convencido de que esta obra abre posibilidades para replantear la noción de arte público en las ciudades del sur global y pondrá a Bogotá en el horizonte de la discusión sobre este campo en el arte contemporáneo a escala internacional”.

La obra: Escenario en construcción

“El escenario es donde las cosas suceden, y ‘en construcción’ apela a que Bogotá está en un proceso, Colombia y el continente también lo están, y una obra de arte siempre está en proceso: nunca es un resultado definitivo porque está, por ejemplo, siempre en diálogo con un espectador. Las formas, los cubos y conos que serán la pieza, son aquellas que normalmente se les dan a los niños para que desarrollen sus habilidades motrices y cognitivas. Con eso se juega y se aprende a ordenar y clasificar las cosas”, dice Maciá. Los cubos que formarán la pieza funcionarán como la estructura de soporte y como escenario en el que los objetos flotan. Alrededor habrá conos, “las formas escogidas para diseñar artefactos llamadores (bocinas, megáfonos)”. Dentro de esos conos estarán los sistemas de sonido que producirán la obra de arte. “Me interesa trabajar con la vida acústica de un lugar. Para esta obra escogí el lenguaje de los animales (que en la arrogancia del ser creemos entender), específicamente el de las aves (cantos de alerta, alarmas, llamados territoriales, momentos de emigración, cortejo, todas esas complejidades de su lenguaje que están más allá de nuestro entendimiento), ya que Colombia es el país con más variedad de aves en el mundo. Cuenta con más de 1900 especies. Por eso decidí trabajar con ello, con lo que mejor tenemos”. Para crear la pieza trabaja con la fundación Proaves y el Instituto Humboldt, que están siendo los facilitadores de todo el archivo sonoro.

Como escultor sonoro a Maciá le interesan los volúmenes de sonido, y con esos volúmenes construye piezas que, en este caso, sonarán al final de cada hora. Pasarán 59 minutos, y en el último minuto, en un fade in, se escucharán composiciones sonoras hechas con cantos de aves; así, de 7 de la mañana a 8 de la noche. La obra se convertirá, para los estudiantes y todos los ciudadanos que pasan, en un reloj que propone, al mismo tiempo, un ejercicio de escucha. Estamos acostumbrados a crear información, a decir, pero a escuchar, poco. Me interesa resaltar la diferencia entre oír y escuchar”.

El artista: Oswaldo Maciá

Oswaldo Maciá (Cartagena, 1960) vive en Londres hace 20 años. Comenzó sus estudios con una licenciatura en la Escuela Superior de Bellas Artes de Cartagena. En La Escuela Llotja (España) estudió pintura mural. En London Guildhall University obtuvo una licenciatura en Escultura, y en el Goldsmith’s College de la Universidad de Londres hizo una Maestría en Artes.

A la pregunta sobre porqué se fue de su país para hacer su carrera por fuera respondió lo siguiente: “A El Greco le decían El Greco porque venía de Grecia, pero se le relaciona al Renacimiento español y vivió en Toledo. En ese entonces todos los artistas emigraban, y se conocían bajo un nombre relacionado con el sitio de dónde venían. O sea que la emigración siempre ha sido connatural al mundo del arte. En el siglo XVIII, por ejemplo, le llegó una carta de protesta al rey de Inglaterra por la emigración de pintores holandeses que trabajaban para la corona y dejaban sin trabajo a los artistas locales. Los artistas siempre nos hemos movido como los pescadores que van a donde está el cardumen: Nueva York, Londres, y pare de contar. Y en Inglaterra sí se sabe que el arte es una industria, y una industria que pesa, y que se sabe multinacional. Si mi obra está en Tate Britain, veinte mil espectadores la ven semanalmente. Así de simple. En términos prácticos e investigativos, además, la Biblioteca Nacional en Londres tiene todo un material al cual no hubiera accedido acá nunca. Pero por otro lado, a mí me interesan los discursos personales-universales y universales-personales, no crear obras que sean localistas, porque las localistas se quedan como un chiste de barrio que sólo los del barrio entienden. Por eso me interesa trabajar con olores, con sonidos, con discursos democráticos que todos pueden comprender, e ir a varios países con obras que reflejen esos discursos, y que tengan así valencia universal”.

Aunque no se habla recurrentemente de él en Colombia, Maciá es un artista reconocido internacionalmente, y ha expuesto en este mundo y el otro, en espacios como Alison Jacques Gallery (Inglaterra, 2011), Schloss Marquardt Potsdam (Alemania, 2011), Espaivisor (España, 2011), Haunch of Venison (Inglaterra, 2010), White Box (EE.UU., 2009), Fri-Art (Suiza, 2007), Marian Goodman Gallery (Francia, 2007), Museum of Contemporary Art (Australia, 2007), South London Gallery (Inglaterra, 2007), 51st Venice Biennial (Italia, 2005), Daros LatinAmerica Collection (Suiza, 2005), Tate Liverpool (Inglaterra, 2004), Bienal de Shangai (China, 2004), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España, 2003).

Su obra reflexiona sobre el papel de los sentidos al captar la información del mundo exterior: cuestiona la manera tradicional de pensar en cómo los seres humanos aprehendemos el mundo, y los prejuicios predominantes ante la dupla conocimiento/percepción, razón/emoción. “El conocimiento se forma con la suma de los sentidos, no sólo con el texto, la palabra”. Su interés está en cómo un estímulo externo que no se capte a través de la vista pueda, aun así, traducirse en imagen.

“El olor feo no existe”, dice. “No hay buenos y malos olores. Que nos agraden y desagraden es una cuestión cultural, y a veces incluso personal”. Se declara un estudioso del lenguaje olfativo, y afirma que las combinaciones olfativas que puede hacer el cerebro son millones, y esas combinaciones se relacionan con recuerdos y emociones. “Si en español el abecedario se compone de 27 letras, imagínate cuántas combinaciones salen de los más de trescientos receptores olfativos que tenemos. Son tantas que ni siquiera tienen nombre. Todo se va al hipocampo, que ahora es más pequeño porque culturalmente el olor se ha vuelto cada vez más irrelevante. Ese espacio se ha llenado de emoción. Por eso el olor está ligado directamente a la emoción. La parte emocional del cerebro está localizada muy cerca de la parte que traduce la información relacionada con los olores”. El arte de Maciá pretende así entrar y golpear la emoción primero, no la razón; entrar directo a propiciar la relación de un olor con un recuerdo o con una idea que se evoca con el olor, antes incluso de hacer procesar la información, y de cargarla de significado y de conceptos. “Aunque varios científicos trabajan en ello, para mí esos son los agujeros negros del cerebro: el encuentro entre olfato y emoción”.

Maciá trabaja hace más de 25 años en obras acústicas (en la línea del sound art) y obras olfativas porque le interesa “llegar a la parte de la percepción que involucra otros sentidos. No todo el arte tiene que ser visual. El conocimiento se forma con la suma de los sentidos, no con el uso de uno solo”. Con su obra, Maciá quiere entrar, además, en una zona donde el lenguaje que usamos diariamente no puede entrar. Los sonidos y los olores son terrenos inexpresables con el lenguaje de las palabras. “Sobre lenguaje olfativo”, dice, “sólo podemos hablar en términos de metonimias, apropiándonos de otras palabras, haciendo giros, porque no existe el vocabulario para hablar de un olor. Eso me interesa muchísimo, porque hace de la obra algo mucho más democrático. No tengo que adoctrinar a nadie para que la perciba y trate de entender algo. Yo presento la obra, y un otro, con base a sus conocimientos y experiencias, puede reestructurar para sí la información. Para mí, en el siglo XXI, una obra tiene que tener ese elemento de la invitación al diálogo. Ahora no es una respuesta lo que debe producir una obra de arte, sino una pregunta abierta”.

En una de sus obras que mezclan lo olfativo y auditivo, Calumny, Maciá utilizó perfumes para reinterpretar una pintura de la antigua Grecia hecha por Apeles. Cinco composiciones olfativas emanan de cinco péndulos en movimiento que personifican a los personajes alegóricos de la antigua obra, entre ellos la Calumnia. “Ese es un ejemplo de cómo se pueden leer obras de arte tradicionales (pinturas, por ejemplo), en clave olfativa”.

Ahora mismo se inaugura en la Tate Britain una exposición de Maciá titulada Something Going On Above My Head en la que suenan 2000 sonidos de aves a través de 16 canales de sonido. La pieza, que se ha presentado en más de doce ciudades del mundo (entre ellas Londres, Venecia, Puerto Príncipe y Madrid) y que Maciá viene componiendo hace más de cinco años, cuenta con 500 sonidos de América, 500 sonidos de África, 500 de Europa y 500 de Asia. “Por años de experiencia aprendí que trabajar con audio siempre lleva al ejercicio de escuchar con atención” (en inglés, deep listening).

La semana pasada estuvo en Colombia durante cinco días para empezar a trabajar en la pieza de la 19 con tercera, que es parecida a Something Going On Above My Head en el concepto, pero estará construida con sonidos de aves recopilados en Colombia. “Hay que terminar muchas cosas. Ahora necesito entrar en producción, recoger todos los sonidos, hablar con los ingenieros de sonido para que programen ciertas cosas”. El sábado, que partía de vuelta a Londres, Maciá debía ya llevar consigo todo el material sonoro para empezar a crear y a componer. Eliana Salazar, la productora, coordina todos los frentes de la producción, a través de la Escuela Taller de Bogotá y con el patrocinio de la Empresa Transportadora de Gas T.G.I. La obra se inaugurará entre finales de septiembre y principios de octubre de este año.

 

Para explorar el portafolio web de Oswaldo Maciá vaya a: http://oswaldomacia.com/index.html
 

 

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