A bordo de la tradición periodística y literaria

En la redacción de El Espectador es difícil no saber quiénes eran estos tres alegres compadres: Guillermo Cano Isaza, Eduardo Zalamea Borda y Gabriel García Márquez.

La reedición de la novela en versión de eLibros.
La reedición de la novela en versión de eLibros.

En los años 40 del siglo pasado, por ellos pasaban todos los textos que hicieron de este diario una marca de referencia periodística y literaria. Fue Zalamea el que se presentó en la sede de la BBC de Londres sacando pecho: “Vengo del mejor periódico del mundo, porque se hace en una rotativa prestada, es escrito por menores de 30 años, todos brillantes, sale siempre a una hora exacta y con altísima calidad”.

Quien patentó la anécdota fue José Salgar, el jefe de redacción de los tres. En 2013, semanas antes de la muerte del ‘Mono’ Salgar, uno de los recuerdos que más lo emocionó fue esa época de sana competencia por ver cuál era mejor mecanógrafo y, sobre todo, “el que mejor le torcía el cuello al cisne”. Y el primero en dar ejemplo de cómo fundir periodismo y literatura en una misma propuesta estética era ‘Ulises’, el seudónimo que Zalamea adoptó para evocar la monumental ficción de James Joyce donde las dos disciplinas se baten en franca lid a través de Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus, a través de un “método mítico” que fue la principal razón por la que escribió la novela que motiva este homenaje.

La edición que tengo de ‘Cuatro años a bordo de mí mismo. Diario de los cinco sentidos’ incluye el prólogo de García Márquez “El vicio insaciable y corruptor de ‘Ulises’”, a cuyas palabras me atengo: “Con la mano en el corazón, contéstese usted mismo: ¿Quién fue Eduardo Zalamea Borda? No se preocupe: tampoco lo sabe la inmensa mayoría de los colombianos. Sin embargo, una novela insólita escrita a los veinte años, y más de treinta de periodismo ejercido con una maestría práctica y un rigor ético ejemplar, deberían ser suficientes para recordarlo como uno de los escritores colombianos más inteligentes y serviciales de este siglo”. Como lo admite en ‘Vivir para contarla’, sin tal influencia, la del visionario que le publicó aquí el primer cuento, Gabo no habría sido el mismo y tampoco este diario si Zalamea no hubiera trabajado como editorialista, columnista, director del suplemento literario ‘Fin de Semana’ y subdirector general. Parodiando a nuestro ‘Ulises’, a eso llamo haber vivido.

* Editor dominical de El Espectador. Texto para el prólogo de la reedición de “ Cuatro años a bordo de mí mismo “, publicada por eLibros Editorial.