En busca de Banksy en Colombia

A través de Twitter, el Festival Internacional de Teatro convocó a los internautas para que pidan al grafitero que "invada" la ciudad con sus obras.

Banksy No Ball Games. /Artescritorio
Banksy No Ball Games. /Artescritorio

"Los malos artistas imitan, los grandes artistas roban", dijo Picasso. En una de las obras de Banksy, el aforismo aparece cincelado sobre una roca pero con una variación. Donde va la firma de Picasso hay una serie rayones y, debajo de ella, la firma que hace honor al aforismo: Banksy. El artista, al parecer inglés, ha buscado ese tipo de paradojas en su trabajo. Así se ve también en el busto pixelado del sacerdote —que critica la pederastia de la Iglesia Católica— y en la pintura que muestra un fondo natural pleno de belleza, de sol, y sobre él un aviso que reza: "Disculpe. El estilo de vida que usted ordenó está agotado".

Y se puede hablar de su obra por el simple hecho de que Banksy, en comparación con muchos otros artistas, es en realidad sólo conocido por ella. El anonimato en que ha fundado su imagen, desde que se inició como grafitero en 1990, ha alimentado su mito y, de paso, le ha dado valor a su obra. De modo que la campaña del Festival Internacional de Teatro, a través de Twitter, para que venga a pintar a Colombia, podría resultar curiosa: el artista que pinta en las paredes ajenas, cuya única arma es el esténcil, y que por momentos estorba al establecimiento, es ahora buscado por él.

Pinte aquí, por favor

Un mes atrás, el muro de un local londinense apareció en una subasta y fue ofertado en US $5000.000; sin embargo, la historia del valor económico de la obra de Banksy viene de más atrás. Luego de que perfeccionara su técnica para hacerse más eficaz —la policía lo persiguió en varias ocasiones—, Banksy junto a colectivos de grafiteros organizó una serie de exhibiciones entre 2002 y 2003.

Una de ellas, titulada Turf War, fue montada en un almacén; la piel de varios animales fue pintada. Y luego vino una etapa cada vez más cercana a una visión política que rechazaba el capitalismo y la guerra. De ella hacen parte las intervenciones a obras de Claude Monet y Edward Hooper, que también fueron exhibidas en Londres en 2005.

Y así, poco a poco, el trabajo de Banksy fue saliendo de los círculos artísticos clandestinos. Entonces principió lo que el corresponsal de CNN en Inglaterra bautizó ‘efecto Banksy’: la compra, por precios astronómicos, de su obra. La primera que adquirió un trabajo suyo en 2006 fue la cantante Christina Aguilera, que por casi US$37.800 tuvo en sus manos un original de la Reina Victoria lésbica que Banksy había esbozado poco antes. Luego, un lote de pinturas, basadas en las creaciones de Andy Warhol sobre Marylin Monroe, pero con el rostro de la modelo Kate Moss, fueron subastadas en Sotheby’s por US$76.000. El artista anticapitalista se había convertido, de pronto, en el objeto más preciado y buscado del capitalismo.

Más ventas, más grafitis

Una tras otra, sus obras fueron vendiéndose como un objeto extraño, revolucionario, iridiscente frente al arte más común. Así, los récords de venta de aquellas dos primeras obras fueron superados. En 2007, y como cumpliendo el efecto a su nombre, la obra Bombing Middle England obtuvo un precio de US$145.000 en Sotheby’s; ese mismo día, dos de sus trabajos sumaron US $253.000; al día siguiente, tres obras más fueron cedidas en total por US$304.000.

Fue por ese tiempo también en que Banksy pintó en el metro de Londres intervino un fotograma de la película Pulp Fiction de Quentin Taratino. Los personajes interpretados por Samuel Jackson y John Travolta, que en el filme están al servicio del matón Marcus Wallace, en esta ocasión tenían dos bananas en sus manos en vez de dos armas. El metro de Londres dijo que la obra creaba “una atmósfera general de negligencia y decadencia social que promovía el crimen”. La respuesta de Banksy fue simple: borró las bananas y puso armas. Sin embargo, los vestidos de los personajes los reemplazó por bananas.

De modo que la obra de Banksy, pese al forcejeo económico, seguía teniendo algo esencial: la ruptura con el orden establecido, la crítica desde la forma y el contenido. No obstante, su obra alcanzó otro precio récord; el 27 de abril de 2007 el trabajo Space Girl and Bird llegó a los US $576.000. Banksy ganó el galardón al mejor artista de los Greatest Britons; no lo reclamó, al parecer por mantener su anonimato. Y sucedieron varias cosas por entonces, que dieron aún más precio a su obra: uno de sus trabajos —The Dreunker— fue robado y Banksy publicó un manifestó a nombre de un ficticio coronel llamado Mervin Willett Gonin.

Un año después abrió su primera exhibición oficial en Nueva York. De la calle al museo, Banksy se había convertido en uno de los artistas con mayor reputación; también por ello, su obra fue centro de críticas, en su mayoría poco eficaces. Las autoridades de Wensminster, por ejemplo, alegaron que Banksy no tenía “más derecho de hacer un grafiti que un niño”. Por esa razón, borraron en 2009 una de sus obras argumentando que “si permitimos esto entonces tendríamos que decir que cualquier niño con un esténcil produce arte”.

A pesar de ello —de que también una de sus obras fue destruida en Australia—, el trabajo de Banksy continuaba vendiéndose a granel, como el de cualquier pintor clásico. Hizo exhibiciones en Londres y en Bristol y en 2010 exhibió su primer producto cinematográfico, Exit Through the Gift Shop, que fue nominado al Óscar. En 2012, su rata paracaidista fue destruida, por accidente, por unos obreros. Y así se llega, pues, a febrero de 2013, cuando un muro desapareció de una tienda en Londres y una firma intentó subastarlo. La oferta comenzaba en US$500.000. ¿Qué pensaría Banksy de ello?

Quizá lo mismo que escribió en su página web en 2007, sobre un fondo de personas observando una pintura: “No puedo creer que ustedes, idiotas, en serio compren esta mierda”.