En busca de una verdad inconclusa

Este miércoles será presentado el libro 'Camino minado' de la periodista Maureén Maya Sierra sobre el asesinato de Manuel Cepeda Vargas.

El martes 9 de agosto de 1994 fue asesinado en Bogotá el último congresista de la Unión Patriótica, Manuel Cepeda Vargas. La justicia demostró que los sargentos del Ejército Hernando Medina Camacho y Justo Gil Zúñiga Labrador participaron en el homicidio y fueron condenados. Pero la familia del senador sabía que no eran los únicos responsables. Por eso llevó el caso hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que aceptó sus argumentos. Hoy el caso sigue abierto y el Estado está obligado a desentrañar toda la verdad.

Los pormenores de esta historia, en la que el paramilitarismo y algunos agentes del Estado cruzaron sus intereses para segar la vida del senador Manuel Cepeda Vargas, son la materia prima del libro Camino minado de la periodista Maureén Maya Sierra, quien no sólo sintetiza todo lo que sucedió para que se impusiera una justicia a medias en el esclarecimiento de este crimen, sino la lucha de su hijo, el hoy representante a la Cámara, Iván Cepeda, por demostrar que era necesaria una sentencia internacional contra el Estado colombiano.

Un libro bien narrado que a su vez constituye un documentado trabajo periodístico sobre el entorno político y judicial del asesinato. Las denuncias de Cepeda por el exterminio de la Unión Patriótica; el día del crimen en el que, como presintiendo su muerte, “ tres veces se despidió amorosamente de su hijo y tres veces descendió las escaleras del viejo edificio en que vivía, como buscando inconscientemente un pretexto para no salir”, y hasta la historia del arma con la que se cometió el crimen, que paradójicamente sirvió también para que la hija del asesino se matara accidentalmente días después.

Un riguroso relato hecho a la manera de la periodista bogotana Maureén Maya, quien a sus escasos 38 años ya ostenta un respetable recorrido como escritora en lo que considera su misión de vida: la lucha por la justicia social y los derechos humanos. En 2006 ya había publicado, junto al exsenador y actual candidato a la Alcaldía de Bogotá, Gustavo Petro, el voluminoso libro Prohibido olvidar, sobre los hechos del holocausto del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. Y en 2008 lanzó su obra La oligarca rebelde, con la historia de María Mercedes Araújo de Cuéllar.

Pero no fue una convicción forjada de la noche a la mañana. Desde su hogar paterno, cuando debatía de política con su padre Jairo Maya, quien por muchos años fue magistrado del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Maureén tuvo la vocación de escribir sobre temas críticos. Ya en la universidad, junto a su profesor, el también escritor Arturo Alape, encontró el ejemplo que necesitaba para persistir en el oficio. El otro paradigma personal fue Eduardo Umaña Mendoza, para quien trabajó como voluntaria en sus investigaciones.

Con estos antecedentes, desde su tesis de grado, en 2004, dejó entrever su interés primordial. La tituló La toma de los medios en el Palacio de Justicia, para demostrar cómo la gran prensa se dejó silenciar mientras el templo de la justicia era escenario de una guerra a muerte entre el Ejército y el M-19. Sobre este mismo tema, meses después, obtuvo el Premio Memoria de la Universidad de Antioquia con un ensayo en el que demostró que este episodio de la historia contemporánea de Colombia produjo una fractura nacional.

Y como a Maureén Maya no sólo le interesa ser escritora sino activista de sus causas, fue una de las personas que más insistió para que cobrara forma el proceso penal por los desaparecidos en el Palacio de Justicia, al punto de organizar marchas, presentar una acción popular para que fuera retirada una placa en el Palacio Liévano que omite verdades determinantes en este episodio y hasta impulsar grupos de víctimas para que iniciaran acciones contra el Estado. Como era de esperarse fue amenazada y tuvo que refugiarse seis meses en Perú.

Pero regresó a persistir en su trabajo periodístico. Ayudó a Iván Cepeda a documentar su libro A las puertas del Ubérrimo y luego fue soporte mediático para su elección al Congreso en 2010. De hecho, entró a integrar su unidad legislativa. Pero pronto se percató de que ese no era su espacio y regresó a lo suyo: impulsar mesas de víctimas, escribir sobre derechos humanos, apoyar el trabajo de Viva la Ciudadanía o insistir en historias como la de Manuel Cepeda Vargas, a la que le faltaba una secuencia humana que diera a conocer cómo y por qué lo asesinaron con la conexión del Estado y del paramilitarismo.

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