En busca del diablo, más allá del tiempo

En la religión cristiana, que es monoteísta en teología pero dualista en ética por la disputa entre el bien y el mal, se requiere de una figura como el demonio.

Lilit, según el pintor John Collier. / Tomada del libro ‘Tratado de demonología’.

El demonio acecha desde tiempos inmemorables y los seres humanos le temen o exaltan según sus creencias. En el cristianismo es un ángel caído que se sublevó contra Dios y se conoce como Satán. En el Islam es Iblis, y es un ser de naturaleza intermedia entre angélica y humana. En la mitología griega, el enemigo de los dioses fue Prometeo, pero al mismo tiempo fue benefactor de la humanidad porque les entregó el fuego a los hombres.

Con una sólida investigación que prueba su interés por el estudio de los tiempos antiguos, el filólogo español José F. Durán Velasco decidió explorar el origen y significados del diablo a través de la historia, y el resultado es su Tratado de demonología, en el que el único protagonista es ese ambiguo personaje de las diversas religiones o las ideologías laicas, que se pasea por diversas culturas promoviendo aquelarres o liberando a los hombres.

Su primer acercamiento al diablo provino de su educación cristiana, pero sus estudios sobre el Islam lo llevaron a indagar en las diversas fuentes del Oriente Medio, para constatar que desde Mesopotamia hasta los yazidíes, pasando por Egipto, Grecia, las religiones iranias, el judaísmo, el cristianismo o el propio Islam, en todas las cosmovisiones está presente el demonio, pero no siempre se asocia al mal, también hay quienes lo adoran.

El propio Durán Velasco lo afirma: “En una religión como la cristiana, monoteísta en teología pero dualista en ética por aquello del bien y el mal, se necesita una figura como el demonio. Pero en el mundo islámico se asocia más con una fuerza rebelde creativa y revolucionaria. Los adoradores surgen o de quienes lo interpretan como figura libertadora o porque se identifican con la maldad y lo buscan para conseguir sus mercedes”.

Una obra bien documentada para mentes libres, en la que el autor recuerda al héroe sumerio Gilgamesh; explica la lucha cósmica entre el bien y el mal del dualismo iranio entre Ahura Mazda y Angra Mainyu; plantea las derivaciones del maniqueísmo y su gestor de origen parto Mani; o describe a la tentadora Lilit del judaísmo, primera esposa de Adán, hecha de barro y representada como una mujer desnuda, madre de los demonios.

En los gustos del autor están Lilit libertaria, el Prometeo castigado por Zeus, y Malak Tawus, el mejor de los ángeles del universo de los yazidíes, que prefirió la condenación eterna antes que postrarse ante Adán. Pero en su Tratado de demonología circulan los pueblos inmundos de Gog y Magog, la serpiente del Génesis bíblico, los brujos y magos, toda la escatología surgida en Oriente Medio y recobrada en el presente.

Autor de otros libros, como El Islam frente a otras religiones, Las hijas de Ares o El diccionario de las tres religiones, la obra de José F. Durán Velasco llega a Colombia apoyada por la editorial andaluza Almuzara y el reto de asomarse a una manifestación que ha incursionado en todas las culturas desde los comienzos de la humanidad, pero que no deja de sorprender cuando retorna como el travieso diablo de ahora y de siempre.

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