¡Cali es danza, para que vea!

El evento reunió a 700 artistas de nueve países y amplió el valor estético de la ciudad.

Si cuando se habla de Cali lo primero que se viene a la cabeza es la caña y, acaso, la imagen de gente bailando, en esta última semana la danza como espectáculo no sólo se tomó la ciudad sino que lo hizo con la complicidad de algunos de los mejores grupos del mundo para señalar el nacimiento de un certamen que, no por coincidencia, llega en un momento preciso en la historia de lo que todos deseamos que sea un nuevo país. En Cali el baile es un factor de inclusión y no es accidental que la Bienal Internacional de Danza se realice en la ciudad; así lo han puesto de presente las multitudes heterogéneas, sin distinción de clases, que a lo largo del evento han colmado los diversos escenarios de que dispone la ciudad.

La Primera Bienal Internacional de Danza de Cali no sólo arrancó con pie derecho sino que ha sorprendido aún a sus organizadores por la convocatoria, por el nivel de entusiasmo que ha despertado entre los más diversos públicos y por la enjundia que, para una primera edición, ha manifiestado lo que hasta hace unas semanas no dejaba de ser un proyecto, hermoso desde luego, pero al mismo tiempo arriesgado. Por supuesto que el hecho de que la organización estuviera a cargo de Proartes, con la experiencia de haber realizado por más de veinte años el festival de las artes de la ciudad, no dejaba de ser un seguro al cual se sumó la decidida participación del Estado a través del Ministerio de Cultura y de la Alcaldía, así como la de varios patrocinadores privados que permitieron la selección de unos invitados que, ya en la práctica, han ido dejando, como se suele decir, una vara muy alta para futuras ediciones.

Para comenzar, la brillantez de una de las compañías de danzas folclóricas más famosas de América convocó a cerca de 4.000 personas en el Centro de Eventos Valle del Pacífico. El auditorio heterogéneo, que incluía numerosos invitados de los barrios marginales, vibró ante el colorido del Ballet Folclórico de México en una inauguración para recordar. De igual manera, la calidad de la compañía Tangokinesis, de Argentina, bajo la dirección de la gran coreógrafa Ana María Stekelman, puso de presente por qué fue la elegida por Carlos Saura para su película Tango, candidata al Óscar, y por qué se la considera, en su género, uno de los grupos más importantes del mundo.

Acaso uno de los momentos de mayor fuerza de todo el encuentro fue la presentación de la compañía fundada por el legendario José Limón, uno de los nombres señeros de la danza contemporánea, que revivió para este festival una coreografía, la de la Misa brevis in tempore belli, de Zoltan Kodaly, que dejó boquiabierto al Teatro Municipal por su conmovedora expresividad, tan coherente con el tema de las conversaciones de paz, y que junto con la delicada Pavana del moro, con música del barroco inglés Henry Purcell, demostraron la naturaleza de un grupo que es de culto por su disciplina y formación.

Entre las numerosas presentaciones hay que mencionar, en uno de esos amaneceres llenos de sugerencias del Valle del Cauca, en el atrio de la iglesia de San Antonio, la de un espectáculo concebido por el coreógrafo israelita Sharon Friedman, quien con cerca de 80 bailarines locales y un grupo de cuerdas —violonchelos, contrabajos y violines— le regaló a numerosos madrugadores, tanto de la colonial colina del centro de Cali como de otros sectores de la ciudad, una emocionante metáfora, a través de una singular concreción corporal, de lo que puede significar la sumatoria de voluntades en la conquista de un propósito.

La oferta ha sido extensa y sugestiva: el grupo canadiense La Otra Orilla planteó una deconstrucción de la estética del cante y la danza flamenca para extraer sus elementos y reconstruirlos desde un prisma expresionista, mientras que el Teatro Chino de Danza Tao realizó una impresionante exhibición de las posibilidades de la corporalidad tanto desde lo individual como de lo colectivo. A su turno, la compañía Danza Abierta de Cuba propuso una mirada sobre el paralelismo de la escena y la tras escena, y la compañía de danza contemporánea del reconocido teatro San Martín de Buenos Aires abordó la más flagrante contemporaneidad musical y estética de una producción de clase mundial.

Desde luego, es de subrayar la presencia de las más señaladas compañías colombianas, entre ellas el Colegio del Cuerpo de Cartagena, el grupo L’Explose de Bogotá, Corpuslab de Medellín, Los niños del Joropo de Villavicencio y el Grupo Cultural Wayuu de La Guajira, con producciones propias o en el desarrollo de becas de creación otorgadas por la bienal. A propósito de esto, hay que destacar la extraordinaria puesta, en el desarrollo de una de esas becas, del grupo caleño Delirio, en su deslumbrante y singular Carpa, de un espectáculo sobre la historia de la salsa en el cual, con un sabor a cabaret de inusitada brillantez, se hace patente la tradición dancística de un ritmo y un modo que, por derecho propio, hace parte de la identidad.

En síntesis, el asunto va en serio, y así como a Bogotá se la identifica con el Festival de Teatro, a Barranquilla con el Carnaval y a Cartagena con tres o cuatro eventos de largo aliento, muy pronto al pensar en Cali, morena, soleada y entrañable, ha de surgir la imagen de una fiesta de renombre internacional que es ya otro motivo, junto con la Feria y con la singular atmósfera de una de las regiones más bellas del país, para venir a la capital de este “Valle sin igual” y disfrutar de unos espectáculos que sólo podrán verse en este entorno lleno de árboles, alamedas y de una amabilidad a toda prueba.

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