Canela

… Is there anybody in there? Just nod if you can hear me. Is there anyone home?... Lamentablemente, todas las historias que son reales no tienen un final feliz, un amor que se convierte en leyenda, un punto en el cual tu vida se convierte en una serie de sucesos donde te embriaga la felicidad y el éxtasis de sentirte vivo.

Un príncipe heroico que batalla día y noche por la mujer que ama, una princesa que mira a la luna con lágrimas en sus mejillas, sabiendo que muy pronto todo va a estar bien, que todo su dolor habrá valido la pena, una canción que sella un beso como si se tratase de un pacto de amor inquebrantable, un recuerdo que no se consume por el tiempo, un atardecer que fue testigo de la pasión desbordada de la piel y la saliva de dos amantes destinados a encontrase, ni mucho menos un patético “y fueron felices por siempre”. Esta es una de ellas, es la historia de mi vida. Así que no esperen que estas palabras que voy a narrar les deje una moraleja, un suspiro que les recordará a alguien, una foto firmada con un “te amaré por siempre”, tampoco una sonrisa en el rostro; o bueno, quizás sí, todo depende de la perspectiva que tengan frente a las estupideces que hacen parte de nuestra monotonía, y me refiero a aquellas que tanto odiamos y amamos, pero que al fin y al cabo hacen parte de nuestra idiosincrasia humana, e incluso animal: el amor, la vida, y por qué no, siendo la más importante e imponente, la muerte.

Mi nombre es Canela. Mis besos saben a canela. La vida entera es un clavo. Un clavo atravesado en mi corazón. Un clavo de canela. Color canela son mis ojos, dos esferitas que me sirven para distorsionar la realidad, para imaginarme los mejores paisajes jamás fotografiados, para llorar cuando la soledad es la única que está junto a mí cuando necesito hablar con alguien, para ver a las parejas que se toman de la mano mientras atraviesan la calle que está al frente de mi decrépita casa, para añorar el poder cumplir todos los sueños que de niña me propuse, para mirarme al espejo desnuda y sentir que no soy un fantasma, que aún soy de carne y hueso, para mirar al cielo y maldecir a Dios para luego suplicar su ayuda.

Soy una mujer sencilla… bueno tal vez no, no creo que esta sea una ocasión para aparentar lo que no soy. Ya estoy harta de mentir. No me gusta conformarme con las cosas simples y triviales que transcurren a lo largo de la vida. Me gusta alucinar con la poesía y suspirar cada vez que me siento al lado de mi ventana a ver el amanecer mientras los recuerdos de mi pasado llegan a mí en una secuencia desordenada, lo que me hace dudar de si se trata de mí, o si tan sólo es alguien más que vive mi vida, convirtiéndome en un recipiente que fue elaborado en Taiwán por niños explotados.

Solía caminar bajo la lluvia para sentir esas goticas frías como diminutos besos por todo mi cuerpo. Disfrutaba saltar de charco en charco y ver cómo mi pelo se mecía como si estuviera danzando conmigo, al tiempo que el viento helaba mis mejillas. Me encantaba fumar y creer que el humo ascendía al cielo y se convertía en nubes con las formas más sorprendentes e inimaginables. Bebía en exceso y sin remordimiento para entonces sentir que yo era un barquito estropeado que navegaba por una ciudad destruida y abandonada. Disfrutaba subir al máximo el volumen de la música y cantar las canciones que me recordaban, de una u otra forma, a cada persona que fue un pincelazo más en mí, una marca más en este cuerpo que es un lienzo de tela rota y desteñida. Siempre tenía en mi bolsillo una tiza y escribía frases de amor en las esquinas para aquellos que cargan la tristeza sobre sus ojos pudieran sonreír o simplemente recordar al ver tan pintorescos y artesanales mensajes.

No se imaginan lo feliz que era cuando hacía cada una de estas tonterías. Pero cuando tienes cáncer y estás a punto de morir, debes cuidar cada cosa que haces en tu vida, desde el qué comes hasta el cómo lo comes… y ojalá estuviera diciendo esto con doble sentido.

Alguna vez amé. Sí, amé. Amé intensamente, de eso no cabe la menor duda. Nadie puede refutarlo. Pero estaba más sola cuando estaba con él, que cuando tenía la certeza de estar absolutamente sin nadie a mi alrededor.

¿Alguno se ha puesto a pensar qué es el amor o para qué putas sirve? Pues bien, creo que es una pregunta interesante y destructiva. Todos afirman que aman, han amado o darían todo por amar, pero nadie sabe con exactitud y precisión qué significa o qué implica tan común palabra que ha sido prostituida al límite por esta sociedad consumista, una sociedad que ha eyaculado y luego fecundado en nuestra mente pensamientos y comportamientos pre-apocalípticos.

No traten de llegar a una respuesta, y si lo hacen, no pretendan engañarse a sí mismos fingiendo que aquella respuesta es una verdad absoluta. Un día alguien me dijo que en esta vida no se podía desperdiciar el tiempo pensando, únicamente, disfrutando. Así que amen, arriesguen todo por esa persona que los hace sentir vivos. Besen como si fuera el último beso. Díganle a esa persona especial todo lo que significa en su vida. Luego odien, arrepiéntanse por haber dado tanto y haber recibido tan poco. Lloren y laméntense por haber permitido que alguien haya destruido todo, y en especial a ustedes, en tan sólo un instante. Pero recuerden, de esto se trata, es un ciclo constante de alegrías y decepciones que nos abrazan para después escupirnos, ¡directo en la cara, en tu pálida y melancólica cara!

Hoy creo que ya estoy muerta. No respiro el aroma de mamá haciendo un chocolate con pan, no escucho los gritos de papá frente a la TV, no percibo los ronroneos de Lana ni sus saltos alrededor de mi habitación, no puedo fijar mi vista en el afiche de Janis Joplin que yace en mi pared. Sólo lo veo a él, su rostro que se desdibuja lentamente en la niebla. He intentado levantarme, pero no lo consigo. De todas formas, el día está muy frío, así que prefiero quedarme otro ratico en mis cobijas. Lamento no haber llamado antes a ese imbécil y decirle lo mucho que lo amaba, lo mucho que lo extrañaba, lo mucho que lo necesitaba. Quizá le hubiera dicho que lo perdonaba, que todo iba a estar bien, que compráramos tequila y fuéramos al parque, a los columpios donde lo conocí, con la única condición de que no me dejará marchitar en la oscuridad y la soledad de esta prisión. Me hubiera gustado pasar más tiempo con todos… me hubiera gustado tener más tiempo…o por lo menos, no malgastarlo.

Lo malo de morirse es que es para toda la vida, de resto no es algo tan trágico como nos lo hacen ver. Lo que sí detesto es tener que despedirme de todos, eso es lo peor, odio las despedidas. Ahora puedo afirmar con seguridad que al fin me di cuenta que lo único que en el fondo queremos lograr, es intentar escapar de nuestra propia realidad, que las mentiras son los cimientos más sólidos de nuestra vida, porque al enfrentarla, nos damos cuenta que no hay nada que valga la pena, nada por lo cual permanecer, ni mucho menos regresar.

..The child is grown, The dream is gone. I have become comfortably numb.

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