Carta abierta

“Un formato itinerante y totalmente gratuito” ofrece este festival de documentales, según sus organizadores. Desde el 26 de agosto hasta el 21 de septiembre.

Gael García Bernal y Diego Luna son los creadores y fundadores del festival de documentales Ambulante, que este año llega a Colombia: pasará por Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena. / Cortesía

Llegamos a la novena edición de Ambulante de volada. Muchas cosas sucedieron mientras el tiempo pasaba. Ambulante ha sido testigo de estos cambios. Si los documentales se convierten en testamentos para la posteridad, Ambulante es un organismo vivo que por definición seguirá atestiguando la alquimia entre un documental y el espectador. Y es ahí que de forma incontrolable se descubre, se comparte y se transforma.

El festival ha sido precursor y punto de encuentro para debatir qué es un documental. Ha visto pasar todo tipo de directores que abogan por una u otra definición. No hay mayor peligro para la creación artística que la autodefinición. Es así como ciertos documentales intentan borrar esta frontera para convertirse en películas sin definición previa, que están a la par de cualquier obra de ficción.

El último gran director de ficciones y documentales, Werner Herzog, menciona que “los hechos, por sí mismos, no constituyen la verdad”. Los documentales retratan las pesadillas y sueños de los protagonistas de ciertos hechos, pero se trata de un espectro en el cual los hechos no pueden describir lo que verdaderamente sucede.

En esta edición tenemos el privilegio de compartir un documental clave para esta discusión: El acto de matar, de Joshua Oppenheimer, que documenta un experimento esencial para la justicia y la reconciliación en Indonesia. El experimento es la película misma, que expone irremediablemente la violencia manipuladora del cine. Los protagonistas son torturadores y asesinos (se llaman a sí mismos “gángsteres”) que caminan libres por las calles de Indonesia y que son filmados mientras recrean y describen los asesinatos que perpetraron bajo el auspicio del Estado, de 1965 a 1966, año de una persecución feroz en contra de los comunistas —o cualquiera que les pareciera sospechoso— por parte del régimen de Suharto. Uno de ellos llegó a matar a mil personas por sí solo.

La película abarca todos los temas del primer estrato de la denuncia: impunidad, terrorismo, represión y la destrucción de la memoria. “La historia la escriben los ganadores, y nosotros ganamos”, dice uno de los protagonistas. Pero también la película navega por aguas más profundas y ambiguas. Retrata lo que le sigue a la impunidad; los personajes bailan en un esfuerzo inútil por querer exorcizar las pesadillas que los acompañan todas las noches. Víctimas de un frenesí —por imaginarse actores de cine— ven con sus propios ojos lo que hicieron en el pasado.

En medio de un tono carnavalesco (inexorable elemento del teatro), los torturadores impunes se dan cuenta de que pueden quedar expuestos. Paran un segundo, se callan y comienzan a observar. ¿Son ellos los que empiezan a ver lo que los rodea con una nueva perspectiva? ¿O somos nosotros quienes los vemos de manera distinta, por fin expuestos, quizá por primera vez enfrentándose a la justicia? No digo más, pues este documental merece ser visto sin expectativas. Es un trabajo de cine impresionante y fundamental. Además, los paralelismos con la situación que vivimos en México son terroríficos.

Ahora habrá que darle hilo al papalote y dejar que Ambulante galope por todas las ciudades.

Agradecemos mucho a las instituciones culturales de los estados por toda su ayuda para organizar este festival. También es importante mencionar a Cinépolis, que ha sido un compañero desde el principio de este andar ambulante.

Gracias a todas las instituciones que nos ayudan, pero, sobre todo, gracias a los voluntarios que hacen este festival posible en cada parte del país.

Compañeros Ambulantes: gracias por todo su trabajo. Ya podemos decir que valió la pena. Me imagino que ante la mirada implacable de la posteridad, podemos decir que algún día todo esto servirá de mucho para crear un entorno de justicia, paz, alegría y creatividad. De verdad lo creo.

Un abrazo y que siga el Ambulante.

 

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