Carta para mi amigo Stephen King

Oscar Seidel le escribe a Stephen King, escritor estadounidense reconocido por sus novelas de terror. Relato de un lector que le agradece al escritor por sus buenas maneras de escribir.

Foto: Agencia EFE

Hola Stephen, ¿cómo estás?

Aunque solo llevamos un mes de habernos conocido a través de tu libro On writing (Mientras escribo), ya te considero mi amigo por la empatía lograda. El motivo de esta misiva es para felicitarte por la gran producción literaria sobre novelas de terror, suspenso, y ficción que has logrado escribir, y las cuales no conocía. Si no es por un taller al que asisto sobre como aprender a escribir cuentos, relatos, y poesía llamado Palabra Mayor, habrías pasado inadvertido para mí, al igual que el transeúnte desconocido con el cual me cruzo todos los días en la calle.

¡Qué admirable la tenacidad de tu madre Nellie Ruth, es un ejemplo para algunas mujeres de mi país, quienes se ponen a llorar cuando los maridos irresponsables las dejan abandonada con sus críos, a quienes tienen que rebuscar el sustento para sobrevivir! Qué fortaleza la tuya y la de tu hermano Dave para estudiar en la escuela con toda la penuria encima, y ver como hoy son dos grandes profesionales: Dave es un gran hombre de negocios, y tu un exmaestro graduado en la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Maine, y desde hace tiempo convertido en un gran escritor.

Quedé impresionado con el  libro Mientras escribo porque a través de el pude conocer tu biografía y obra literaria, y entender a fondo la famosa novela de ficción Carrie. Por algo ganaste el Premio Nacional del Libro en USA en el 2003. Muy bueno el suspenso sobre las dos chicas maltratadas en la escuela, una de ella educada por una madre demasiado religiosa, y cuya historia se basó en un cuento invertido de La Cenicienta. De igual manera me enteré que has escritos treinta novelas del género de ficción, entre las que se destacan  Happy Stamps en la que relatas sobre un tal Roger, que había ido a la cárcel por falsificar dinero, y cuando sale de la prisión termina en la humillación de falsificar estampillas. Otras famosas novelas que escribiste fueron Rabia, La larga marcha, El fugitivo, Apocalipsis, Nuestra ciudad y Corazones en la Atlántida.

Pero el motivo de mi carta no es para hacer apología de tus novelas, sino para agradecer por el catálogo de las buenas maneras de escribir que plasmaste en el libro Mientras escribo. ¿Cómo es eso que escribir una historia es contársela uno mismo? ¡Qué enseñanzas nos das a los incipientes escritores al sugerirnos que dejemos de creer que solo se escribe de una manera espontánea,y en un estado de arrebato que es un pecado desaprovechar!

Tu mismo lo dices: “Nadie escribe por obedecimiento de un estado divino”, y nos das el mejor consejo a los que nos iniciamos en el fantástico oficio de escribir: "La experiencia inicial del autor sobre el personaje o personajes puede ser errónea como la del lector". Estoy siguiendo tu ejemplo de que "a veces hay que seguir aunque no haya ganas. A veces se tiene la sensación de estar acumulando mierda. Al final sale algo bueno".

Quiero reconocer el aporte que haces a los que empezamos a escribir, cuando manifiestas que en la redacción debemos dejar de usar los adverbios terminados en-mente (recomendación que también hizo Gabriel García Márquez), dado que el uso de dichos adverbios son para escritores tímidos que tienen miedo de no transmitir el argumento o imagen que tienen en la cabeza, y se expresan de manera pasiva.

Bueno Stephen tengo que terminar esta misiva, sin dejar de expresar mi satisfacción por enterarme que has dejado el alcohol, el cigarrillo y las drogas. ¡Qué bárbaro que eras! ¿Cómo ingerías todas las noches una canasta de cerveza Miller Lite, fumabas un paquete de cigarrillos Pall Malls, te metías dos pases de cocaína, y si se te acababa el alcohol ibas al baño a tomarte una botella de enjuague bucal Listerine?. Ya sé que tu respuesta a ese comportamiento es la de que los escritores somos sensibles, y necesitamos de ciertos estímulos mayores para inspirarnos, porque a veces presentamos dificultades emocionales o imaginativas. Ahora si encuentro explicación al suspenso de tu novela Resplandor que trata de un escritor y exprofesor alcohólico, y me he puesto a estudiar con detenimiento tu novela Misery en la que relatas el estado anímico del escritor que cae prisionero de una enfermera psicópata que lo tortura.

¡Goodbye míster King. Hasta que nos volvamos a encontrar en tu próximo libro! 

   

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