La casa de los artistas

Desde hace una década, la Casa Cano es un lugar de encuentro casual para artistas de todo género. Ahora lanza su espacio de manera oficial con los jóvenes creadores en la mira.

‘Mar rojo 1’, de Gustavo Vejarano, una de las obras que estarán en la exposición inaugural. / Reproducciones: Cortesía Casa Cano

En principio la casa era un espacio familiar en el que de tanto en tanto, en momentos singulares, Fernando Cano Busquets —fotógrafo, exdirector de El Espectador— corría los muebles, arrastraba el comedor y los cuadros y los guardaba todos en el garaje para abrirle espacio a una muestra de fotografía o quizá a un concierto de piano y voz. Había oído a su hija María Isabel, por entonces estudiante de Arte de la Universidad de los Andes, decir que los espacios para artistas jóvenes eran reducidos; sus amigos soportaban su afirmación y decían, también, que los espacios disponibles eran de difícil acceso.

Por ese tiempo, habiendo adquirido una casa en Quinta Camacho, de estilo inglés, añeja, Cano ideó un proyecto que parecía algo rudimentario: abrir las puertas de su casa a aquellos que quisieran mostrar su trabajo. Los ensayos iniciales ocurrieron con los amigos de su hija: en una ocasión presentaron una serie de trabajos artísticos de la universidad; en otra, realizaron un ciclo de conferencias. Allí estaba la casa, allí estaba el espacio. Y mientras más artistas llegaban y mientras mayor era la frecuencia de sus visitas, la casa fue dejando de ser casa y devino en espacio de arte.

La metamorfosis, sin embargo, fue lenta. Cano adquirió aquella casa hace diez años; desde entonces, de manera intermitente, ha servido como sitio cultural. Sucedidas las exposiciones y conferencias y convencido de que el espacio era necesario, comentó la idea a su hermano Camilo y su primo Ricardo. Los tres decidieron, pues, crear una sociedad sin ánimo de lucro, oficializar lo que ya era voz entre los conocidos: que a la casa se la había engullido el arte.

—Empezamos a hablar de lo bien que se ven la casa y el espacio —dice Cano—, y aprovechando ese renacimiento cultural que ha tenido Bogotá, pensamos lanzarnos al charco.

De modo que los tres Cano pidieron a un comité especializado que comenzara a recibir portafolios de artistas jóvenes y consagrados para inaugurar la galería. Este miércoles, cuando se abran sus puertas, estarán allí las obras de Gustavo Vejarano en la muestra Océanos y bosques tropicales, con la curaduría de María Elvira Ardila. Es una exposición de pinturas y esculturas en materiales combinados, hierro pavonado, oxidado; sin embargo, la Casa Cano no será un espacio limitado a las muestras de arte plástico y ése es, quizá, uno de sus valores adicionales. Es por ello que su nombre es breve: prescindieron de la galería para prescindir de los límites. Allí, cuenta Cano, será posible ver distintas manifestaciones del arte: desde fotografía hasta performances.

—Nosotros somos novatos en este mundo, pero algo conocemos —dice—. Queremos no sólo cumplir nuestras posiciones con gente consagrada, sino dedicar nuestro espacio a nuevas manifestaciones. Por ejemplo, hemos hecho colectivas de artistas jóvenes. Entonces es una combinación de lo consagrado y de lo que hay que empezar a ver.

La Casa Cano nace, como ha sido dicho, gracias a la iniciativa personal de tres personas a las que les gusta el arte. Sin embargo, su iniciativa está precedida por fuerzas que parecen inocentes: en los últimos años, el movimiento de galerías y artistas ha crecido de una manera muy distinta en comparación con décadas anteriores. Además del interés de las entidades culturales por mantener becas y residencias para artistas jóvenes en el exterior, dos hechos han preparado el camino para que la comercialización de arte en Colombia crezca: la entrada de la casa de subastas Christie’s (y la participación de obras de artistas colombianos en las subastas internacionales) y el crecimiento pausado de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo). En un plano independiente, la Feria de Arte Contemporáneo de Odeón y una serie de iniciativas individuales han permitido que el arte plástico, desde Fernando Botero y Luis Caballero hasta Nadín Ospina y Mateo López, tenga un espacio para ser visto, criticado y ampliado.

En ese entorno, pues, nace la Casa Cano: en una explosión constante de nuevos artistas, cuyo movimiento está ligado a la apertura de programas académicos en todos los niveles (maestrías y doctorados), que aumentan el nivel de críticos y artistas. El cambio no es inmediato, aunque se encuentran rastros de él: Casa Cano es uno de ellos.

—No es que no haya (espacios para artistas) —dice Cano—, es que las facilidades para acceder a esos sitios son muy limitadas. Hay unos costos para quienes no tienen dinero ni son conocidos, para poder acceder a ellos. Hay muchos espacios, pero lo que preocupa un poco es la parte comercial, la parte de negocio. Aquí también queremos mantener ese lugar para las manifestaciones y queremos subvencionar a artistas. Y afortunadamente el arte, el movimiento cultural que hay en Bogotá, es augurante. No sé, a ver si volvemos a llamarnos la Atenas Sudamericana y no la ‘tenaz’ sudamericana.

Parte de ese esfuerzo incluye recursos digitales: la Galería casa Cano, en su página web (www.casacano.co), planeará exposiciones virtuales de cuanto no sea posible mostrar dentro de la casa misma, dividida en un salón grande para las exposiciones principales, dos salas internas y un salón adicional en el jardín. La Casa Cano, en unión con empresas privadas y públicas, buscará patrocinar a artistas en las labores iniciales de exposición y curaduría.

¿Servirá un nuevo espacio entre tantos que ya existen en Bogotá? Lo mismo sucedía en París cuando los salones tradicionales les cerraron las puertas a artistas “irrespetuosos” y “poco trascendentales” como Henri Rousseau o Henri Matisse. Otros espacios, quizá menos populares, les abrieron sus muros. No fue en vano.

La Casa Cano, en la carrera 7A Nº 69­45, será inaugurada el miércoles 23 de octubre desde las 10 a. m. hasta las 5 p. m.

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